EEUU vs China; lo más duro está por venir

Pepe Escobar
Asia Times
Traducción por La Cosa Aquella y SOTT.net en español.

La respuesta de la administración de Trump al surgimiento de China ha sido ponerle todo tipo de obstáculos en el camino, pero los aranceles no traerán de vuelta los empleos de manufactura.

Un barco descarga contenedores de transporte en el puerto terminal de Long Beach, California, el 10 de mayo, mientras que la batalla comercial entre EE.UU. y China terminó el viernes sin acuerdo, pero no hubo rompimiento de negociaciones.
Empecemos por el “largo” siglo XVI que, al igual que el XXI, también experimentó un proceso turbulento de mercantilización. En ese momento, los jesuitas y la Contrarreforma intentaban recuperarse en Asia, pero dentro de un contexto donde la rivalidad entre las superpotencias ibéricas de la época, España y Portugal, aún persistía.

La Reforma se unió por primera vez a la talasocracia comercial holandesa -un imperio marítimo, bajo el cual el comercio era primordial- sobre la base de la estricta propaganda del dogma religioso. El reino marítimo de Gran Bretaña todavía estaba esperando su momento. La aparición del protestantismo se desarrolló paralelamente a la aparición del neoconfucianismo en el este de Asia.

Si avanzamos rápidamente a nuestros tiempos turbulentos, la mercantilización -renombrada como globalización- parece estar en crisis. Pero no en el Reino Medio, que ahora está invirtiendo en la globalización 2.0 en medio de la creciente rivalidad con la otra superpotencia, los Estados Unidos.

La talasocracia estadounidense está siendo sustituida por la Venganza de la Tierra Madre, en la forma de la asociación estratégica entre Rusia y China, para quienes la integración comercial de Eurasia, según lo expresado por la Nueva Ruta de la Seda, o Iniciativa del Cinturón y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés), es primordial por encima del dogma “Hacer a EE.UU. grandioso nuevamente” (MAGA, por sus siglas en inglés).

Mientras tanto, el resurgimiento del populismo de la derecha en Occidente refleja el resurgimiento del neoconfucianismo pragmático en toda Asia.

La BRI -el principal vehículo para la integración de Eurasia- nunca habría salido a la luz sin las cuatro décadas de desarrollo económico vertiginoso de China.

Mis lectores geopolíticos más agudos e informados, como el maravillosamente enigmático Larchmonter, están sincronizados con mis conversaciones en curso -durante años ya- y con los mejores analistas en Rusia, China, Irán, Turquía y Pakistán: después del difuso “pivote hacia Asia” de la administración Obama, la respuesta de la administración de Trump a la emergencia de China ha sido ponerle todo tipo de obstáculos en el camino.

A eso se debe la histeria actual sobre los aranceles, la ofensiva comercial, la demonización de la BRI, el “Hecho in China 2025” y el dominio del 5G de Huawei, y todo tipo de tácticas disruptivas de la Guerra Híbrida, como reclamar repetidamente la “libertad de navegación” en el Mar de China Meridional para el uso progresivo de armas en Taiwán.

Todo esto debidamente alimentado por críticas feroces incesantes en los medios de comunicación, como en calificar a Huawei como “sospechosa” o “permanentemente indigna de confianza”.

Desde el punto de vista de la hiperpotencia, sólo puede haber un posible final: una economía china amputada, permanentemente paralizada y, preferiblemente, adolorida; con una demografía desfavorable para empezar.

¿Dónde están nuestros trabajos?

Hagamos una pausa al gran ruido y las pocas nueces para alcanzar la precisión necesaria. Incluso si la administración Trump aplica aranceles del 25% a todas las exportaciones chinas a los EE.UU., el FMI ha proyectado que esto recortaría sólo un escaso margen (0.55%) del PIB de China. Y es poco probable que Estados Unidos obtenga ganancias, porque los aranceles adicionales no traerán empleos de manufactura al país, algo que Steve Jobs le dijo a Barack Obama hace eones.

Lo que sucederá es que las cadenas de suministro globales serán redirigidas a economías que ofrecen ventajas comparativas en relación con China, como Vietnam, Indonesia, Bangladesh, Camboya y Laos. Y esta redirección ya está ocurriendo de todos modos, incluyendo a empresas chinas.

La BRI representa una inversión geopolítica y financiera masiva por parte de China, así como sus socios; más de 130 Estados y territorios han firmado la iniciativa. Pekín está utilizando su inmenso capital para hacer su propia transición hacia una economía basada en el consumidor mientras avanza en el desarrollo de la infraestructura paneuroasiática necesaria, con todos esos puertos, trenes de alta velocidad, fibra óptica y redes eléctricas que se expanden a la mayoría de las latitudes del Sur Global.

El resultado final, hasta 2049 -el intervalo de tiempo de la BRI- será el advenimiento de un mercado integrado de no menos de 4.500 millones de personas, pero que en ese momento tendrán acceso a una cadena de suministro china de exportaciones de alta tecnología, así como a bienes de consumo más prosaicos.

Cualquiera que haya seguido los detalles del milagro chino lanzado por el Pequeño Timonel Deng Xiaoping en 1978 sabe que Pekín esencialmente está exportando el mecanismo que llevó a los 800 millones de ciudadanos de China a convertirse, de forma inmediata, en miembros de una clase media mundial.

Independientemente de cuánto la administración de Trump pueda apostar por la “máxima presión” para restringir o incluso bloquear el acceso de China a sectores completos del mercado estadounidense, lo que realmente importa es que el avance de la BRI podrá generar múltiples mercados adicionales en los Estados Unidos durante las próximas dos décadas.

No operamos con el modelo en el que “todos ganan”

No hay ilusiones en el Zhongnanhai, así como no hay ilusiones en Teherán o en el Kremlin. Estos tres actores principales de la integración euroasiática han estudiado exhaustivamente cómo Washington, en la década de 1990, devastó la economía rusa posterior a la URSS (hasta que Putin diseñó una recuperación) y cómo Washington ha estado intentando destruir por completo a Irán durante cuatro décadas.

Pekín, al igual que Moscú y Teherán, saben todo lo que hay que saber sobre la Guerra Híbrida, que es un concepto de la inteligencia estadounidense. Saben que el objetivo estratégico último de la Guerra Híbrida, independientemente de las tácticas, es el caos social y el cambio de régimen.

El caso de Brasil -un miembro del BRICS, al igual que China y Rusia- fue aún más sofisticado: una Guerra Híbrida creada inicialmente por el espionaje de la NSA se convirtió en una guerra jurídica y un cambio de régimen a través de las urnas. Pero terminó con la misión cumplida: Brasil se ha reducido al bajo estatus de una neocolonia estadounidense.

Recordemos a un antiguo marinero, el legendario almirante musulmán chino Zheng He, quien durante tres décadas, desde 1405 hasta 1433, lideró siete expediciones a través de los mares hasta Arabia y África oriental, llegando a Champa, Borneo, Java, Malacca, Sumatra, Ceilán, Calicut, Hormuz, Aden, Jeddah, Mogadiscio, Mombasa, y trajo toneladas de productos para el comercio (seda, porcelana, plata, algodón, herramientas de hierro, utensilios de cuero).

Esa fue la Ruta de la Seda Marítima original, haciendo progresar paralelamente al Emperador Yong Le mientras establecía una Pax Sinica en Asia, sin necesidad de colonias y proselitismo religioso. Pero entonces la dinastía Ming se retiró, y China volvió a su vocación agrícola de mirarse a sí misma.

No volverán a cometer el mismo error. Incluso sabiendo que la hegemonía actual no opera con el modelo en el que “todos ganan”. Prepárese para lo verdaderamente duro que está por venir.

Fuente: https://es.sott.net