Condiciones malditas

Mario Roberto Morales

Freud dejó dicho que “El humor es la manifestación más elevada de los mecanismos de adaptación del individuo”. Soberbia síntesis de los complicados recursos por medio de los cuales convertimos desesperadamente el dolor en placer para acoplarnos a las situaciones más desesperantes, evitando así sucumbir a la decepción, la angustia, la desesperanza, la miseria y el hambre. Es lo que ocurre con el humor chapín. El cual es negro como el azabache o, mejor, como la tinta del lustrador de zapatos que siempre se pone literalmente a nuestros pies con toda su miseria económica y toda su disminuida dignidad laboral. Disminuida, sí. Porque no me digan que todo trabajo dignifica. Pensemos en barredores, vigilantes nocturnos o vendedores de diarios, por un lado, y, por otro, en operadores políticos de la derecha militando en la izquierda, en “orejas” de la policía o el ejército, en sicarios o en políticos corruptos (valga la redundancia), y díganme si todo trabajo dignifica.

A propósito, ¿cómo lidiamos con el fracaso histórico de un país consumido por el monopolismo oligárquico y la violencia de Estado, sobre todo después de haber sido el faro del continente en su camino hacia una modernidad que fue truncada por intereses locales y foráneos que necesitaban del sometimiento y no de la democratización del trabajo social? Con humor. Y del más negro. De esto fue ejemplo digno el viejo No Nos Tientes y la antigua Huelga de Dolores. Ya no lo son. Ahora eso es humor fallido. O sea, ridículo. Y el humor fallido contribuye a la desesperanza y a la profundización del fracaso, pues no es sino la expresión de la muerte de la creatividad y del reino de la ignorancia con su concomitante ausencia de sensibilidad, criticidad y agudeza intelectual.

En estos dorados tiempos de manipulación de masas por medios electrónicos intercomunicados, tanto el humor efectivo como el fallido se expresan por medio de “memes”. Unos rebosan inteligencia y creatividad y otros ignorancia y estulticia. Estos son los más, dado el estado lamentable de la educación de las masas, tan conveniente para su manipulación mediática.

¿Cómo no lidiar humorísticamente con la estupidez de las eleccioncitas locales, si son ejemplo de que cuando uno cree que no se puede caer más bajo el piso cede? ¿Cómo no hacerlo si la derecha compite contra la derecha en un risible simulacro de democracia en el que ciertos caraduras fingen ser oposición “de izquierda” y dicen “luchar” contra la corrupción y la maldad de los malosos?

Dirán que perdí el humor. Quizás. Pero es que no en vano el formidable actor británico Peter Ustinov dijo que “Lo cómico es simplemente una forma divertida de ser serios”. Lo cual empata bien con lo que asentó el viejo Freud: que el humor sirve para enfrentar condiciones malditas.

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