La venganza de los déspotas

Danilo Santos
Politólogo
desantos.salazar@gmail.com

Ya nadie habla de la Comisión Contra la Impunidad en Guatemala y lo que logró en el período del comisionado Iván Velásquez; sin embargo, es ahora cuando aquello de la “cooptación del Estado” es más claro que nunca. No hace falta mucha lucidez para notar el control abusivo y antojadizo que algunos políticos y parte de la élite económica tienen sobre el actual proceso electoral, esto, como indicador del total control de la vida nacional a través de sus operadores políticos que se sienten subordinados o alineados con el plan “patriótico” de salvar a Guatemala de intereses extranjeros y demás perogrulladas. La venganza contra Thelma Aldana está consumada, y es solo una muestra de lo que los déspotas están dispuestos a hacer.

Los silencios y el barullo vienen a ser lo mismo cuando nada se dice de lo que la gente vive y sólo se habla de elecciones perdidas o se calla sobre los propios errores: el ensimismamiento, el peor de los enemigos de los desposeídos, es más perverso y con un efecto más profundo y doloroso que el de los enemigos de la emancipación. Ningún segmento sale ganando más que autosatisfacción de su mezquino ego. Así las cosas, habrá muchos dignos derrotados y muchos, muchísimos indígenas, mujeres y campesinos olvidados y condenados a una nueva época de subalternidad.

La izquierda institucional da vergüenza y la derecha causa enorme repulsión. Va llegando el momento de reinventar aquello por lo que se daba la vida, ahora hay que darla por las mismas razones, pero con otras luchas y herramientas…

La tierra retumba y el verde arde y la sangre se riega por los caminos de los olvidados / la tragedia /una y otra vez / y otra / se cierne sobre la indolencia de nosotros / los desmemoriados / el circo va y viene, / de carpa la patria de los adelantados, / los payasos son los mismos / igual que quienes nos posamos en las incómodas tablas desde donde se aprecian las contorsiones y las proezas de nuestros iguales que arriesgan la vida por el siguiente bocado. / Maldita la comparsa y malditos domadores de un pueblo bestializado. / La esperanza no cabe en urna ajena, / sí el engaño que nos llevará nuevamente a la muerte / como única certeza de nuestra miserable existencia ante los ojos de los que no se unen / y de los que nunca se han separado. / De qué sirve el frágil consuelo de la paz conseguida con mansedumbre / el efímero calor del abrazo nocturno de la prole / el mañana secuestrado / la briaguez de cultos / la promesa de otra vida después de esta barbarie. / Solo le queda a esta primavera / el escarnio del que no se salva nadie.

Independientemente de los resultados electorales, seguiremos naciendo, aunque les demos asco en las manifestaciones, aunque no vayamos a ninguno de tus templos. Nos tatuaremos la palabra dignidad en la cara para asustarlos cuando nos vean cerca de su particular y privado mundo. Naceremos y seremos esa mancha en el paisaje que se resiste a adornar su hipócrita existencia.