Rusia y China están conteniendo los intentos de Estados Unidos para reformar el orden mundial

Federico Pieraccini
Strategic Culture Foundation

Afortunadamente el mundo de hoy es muy diferente al de 2003, los decretos de Washington son cada vez menos efectivos en determinar el orden mundial. Pero a pesar de esta nueva y más equilibrada división del poder entre varioas potencias, Washington parece ser más agresivo que nunca, tanto con aliados como con enemigos, independientemente de cuál sea el presidente de EEUU.

China y Rusia están liderando esta histórica transición mientras se cuidan de evitar una guerra directa con EEUU. Para triunfar en este esfuerzo, usan una estrategia híbrida que incluye diplomacia, apoyo militar a sus aliados y garantías económicas a países bajo ataque de Washington.

Los Estados Unidos consideran a todo el planeta su terreno de juego. Su doctrina militar y política está basada en el concepto de hegemonía liberal, como lo explica el científico político John Mearsheimer. Esta actitud imperialista, con el paso del tiempo, ha creado un frente coordinado y semioficial de países que resisten esta hegemonía liberal. Los acontecimientos recientes en Venezuela indican por qué la cooperación entre estos países contra-hegemónicos es esencial para acelerar la transición de una realidad unipolar a otra multipolar, donde el daño que el imperialismo estadounidense podría infringir disminuye.

Moscú y Pekín lideran el mundo al obstaculizar a Washington

Moscú y Beijing, tras una compleja relación durante el periodo de la Guerra Fría, han logrado alcanzar una confluencia de intereses en sus grandes objetivos en los próximos años. El entendimiento al que han llegado gira principalmente en torno a la contención del caos que Washington ha desatado en el mundo.

El principio que guía al aparato de inteligencia-militar estadounidense consiste en que si un país no puede ser controlado (como Irak tras la invasión de 2003)debe que ser destruido el fin de evitar que caiga en el bando chino-ruso. Esto es lo que EEUU ha intentado hacer con Siria y lo que intenta hacer con Venezuela.

Oriente Medio es un área que ha atraído atención mundial por un tiempo, con Washington claramente interesado en apoyar a sus aliados israelíes y sauditas en la región. Israel sigue una política exterior que tiene como objetivo desmantelar los estados iraní y sirio. Arabia Saudita también sigue una estrategia similar contra Irán y Siria, además de alimentar una ruptura dentro del mundo árabe derivada de sus diferencias con Qatar.

Las decisiones en política exterior de Israel y Arabia Saudita han sido apoyadas por Washington durante décadas, por dos razones bien específicas: la influencia del lobby israelí en los EEUU y la necesidad de asegurar que Arabia Saudita y los países de la OPEP vendan petróleo en dólares, preservando así el rol del dólar estadounidense como moneda de reserva global.

Que el dólar estadounidense siga siendo la moneda de reserva global es esencial para que Washington mantenga su papel de superpotencia y es crucial para su estrategia híbrida contra sus rivales geopolíticos. Las sanciones son un buen ejemplo de cómo Washington usa el sistema financiero y económico global, basado en el dólar norteamericano, como un arma contra sus enemigos. En el caso de Oriente Medio, Irán es el blanco principal, con sanciones dirigidas a impedir que la República Islámica comercie bajo el sistema bancario extranjero. Washington ha vetado la capacidad de Siria de obtener contratos para reconstruir el país, y las compañías europeas están amenazadas con que arriesgan sus opciones de trabajar en EEUU si aceptan operar en Siria.

Beijing y Moscú tienen una clara estrategia diplomática, rechazando conjuntamente los incontables movimientos promovidos por EEUU, el Reino Unido y Francia en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenando a Irán y Siria. En el frente militar, Rusia continúa con su presencia en Siria. Los esfuerzos económicos de China, aunque no completamente visibles en Siria e Irán, serán la parte esencial para revivir a esos países destruidos por años de guerra impuesta por Washington y sus aliados.

La estrategia de contención de China y Rusia en Oriente Medio busca defender a Siria e Irán diplomáticamente usando la ley internacional, algo que continuamente pisotean EEUU y sus aliados regionales. La actividad militar de Rusia ha sido crucial conteniendo y venciendo la inhumana agresión lanzada contra Siria, y que también ha trazado una línea roja que Israel no puede cruzar en sus esfuerzos por atacar a Irán. La derrota de EEUU en Siria ha creado un precedente alentador para el resto del mundo. Washington se ha visto obligado a abandonar sus planes originales de deshacerse de Assad.

Siria será recordada en el futuro como el comienzo de la revolución multipolar, por la que EEUU fue contenido, en términos militares convencionales, como resultado de las acciones coordinadas de China y Rusia.

La contribución económica de China cubre necesidades urgentes como el suministro de comida, préstamos gubernamentales y medicinas a países que se encuentran bajo asedio económico de Washington. Mientras el sistema financiero global permanezca anclado al dólar estadounidense, Washington seguirá siendo capaz de causar mucho dolor a los países que se niegan a obedecer sus dictados.

La efectividad de las sanciones económicas varía de un país a otro. La Federación Rusa utiliza las sanciones impuestas por Occidente como un ímpetu para obtener una completa, y casi autónoma, refinanciación de su principal deuda externa, al mismo tiempo que produce en casa lo que antes había importado de afuera. La estrategia a largo plazo de Rusia es la de abrir con China y otros países asiáticos un gran mercado de importaciones y exportaciones, reduciendo así el contacto con los europeos si países como Francia y Alemania continúan su hostilidad con la Federación Rusa.

Gracias a las inversiones chinas, junto a los proyectos planificados como la Iniciativa del Cinturón y la Carretera, la hegemonía del dólar estadounidense está bajo amenaza a medio y largo plazo. Las iniciativas chinas en las áreas de infraestructuras, energía, ferrocarriles, carreteras y tecnológicas en una docena de países, sumadas a la continua necesidad de petróleo, impulsarán el consumo cada vez mayor de petróleo en Asia que actualmente se paga en dólares estadounidenses.

Moscú está en una posición privilegiada, disfrutando de las buenas relaciones con todos los mayores productores de petróleo y gas natural licuado, de Qatar a Arabia Saudita, incluyendo Irán, Venezuela y Nigeria. Las buenas relaciones de Moscú con Riad básicamente buscan la creación de un acuerdo OPEP+ que incluya a Rusia.

Se debe prestar especial atención a la situación de Venezuela, uno de los países más importantes de la OPEP. Riad envió a Caracas en semanas recientes un petrolero con 2 millones de barriles de petróleo, y Mohammed bin Salman ha tomado una posición neutral con respecto a Venezuela, manteniendo un predecible equilibrio entre Washington y Caracas.

Estas iniciativas conjuntas, lideradas por Moscú y Beijing, buscan reducir el uso del dólar estadounidense en países involucrados en la Nueva Ruta de la Seda y que cumplan con el formato OPEP+. Esta diversificación evadiendo el dólar, para cubrir las transacciones financieras entre países involucradas en financiamiento, petróleo y gas natural licuado, verá el progresivo abandono del dólar como resultado de acuerdos que cada vez lo ignoran más como moneda de transacción.

Por el momento, Riad no parece tener intenciones de peder la protección militar de EEUU. Pero los eventos recientes en torno a Khashoggi, y el fracaso al incluir a Aramco [compañía petrolera estatal] en la bolsa de valores de Nueva York o Londres, han minado seriamente la confianza de la familia real saudita en sus aliados estadounidenses. La reunión entre Putin y Bin Salman en el G-20 en Buenos Aires pareció mandar un mensaje claro a Washington y también al futuro del dólar.

Los esfuerzos militares, económicos y diplomáticos de Moscú y Beijing culminan en el proceso de Astaná. Turquía es uno de los principales países detrás de la agresión contra Siria; pero Moscú y Teherán lo han incorporado al proceso de contención del caos regional generado por EEUU. Gracias a los oportunos acuerdos en Siria conocidos como “zonas de distensión”, Damasco ha avanzado, ciudad por ciudad, en limpiar el país de terroristas financiados por Washington, Riad y Ankara.

Qatar, un garante económico de Turquía, que a cambio ofrece protección militar a Doha, también se está apartando de la alianza israelo-saudita como resultado de los esfuerzos chino-rusos en los campos energético, diplomático y militar. El movimiento de Doha también ha sido por la fratricida guerra diplomático-económica lanzada por Riad, siendo otro ejemplo del efecto contagioso del caos creado por Washington, especialmente con sus aliados Israel y Arabia Saudita.

Washington pierde influencia militar en la región gracias a la presencia de Moscú, y esto lleva a aliados tradiciones estadounidenses como Turquía y Qatar a gravitar hacia un campo esencialmente compuesto por los países que se oponen a Washington.

La derrota militar y diplomática de Washington en la región hará posible, en el largo plazo, cambiar la estructura económica de Oriente Medio. Prevalecerá una realidad multipolar, donde las potencias regionales como Egipto, Turquía, Arabia Saudita e Irán se sentirán obligadas a interactuar económicamente con todo el continente euroasiático como parte de la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda.

El principio básico para Moscú y Beijing es el uso de los recursos militares, económicos y diplomáticos para contener a los Estados Unidos en su incesante impulso de matar, robar y destruir.

De Oriente Medio a Asia

Beijing se ha centrado en Asia el campo diplomático, facilitando las conferencias entre Corea del Norte y Corea del Sur, acelerando el diálogo interno en la península, excluyendo así a actores externos como EEUU (que solo tiene intención de sabotear las conversaciones). El componente militar de Beijing también ha desempeñado un papel importante, aunque nunca ha sido usado directamente como la Federación Rusa lo hizo en Siria. Las opciones de Washington con respecto a la península coreana estaban fuertemente limitadas por el hecho de que, colindante con la República Democrática de Corea, están inmensas fuerzas nucleares y convencionales, es decir, la disuasión ofrecida por Rusia y China. La combinación del poder militar de Corea del Norte, Rusia y China hace de cualquier hipotética invasión y bombardeo de Pyongyang una opción poco práctica para EEUU.

Como en el pasado, el sustento económico extendido a Pyongyang por Moscú y Beijing resultó ser decisivo en limitar los efectos del bloqueo y la guerra financiera total que Washington declaró a Corea del Norte. El hábil trabajo diplomático de Beijing y Moscú con Seúl produjo un efecto similar al de Turquía en Oriente Medio, con Corea del Sur lentamente dejándose llevar hacia el mundo multipolar propuesto por Rusia y China, con importantes implicaciones económicas y perspectivas para la unificación de la península.

Rusia y China, mediante una combinación de jugar de forma inteligente en la diplomacia, en la disuasión militar y ofreciendo a la península coreana la posibilidad de inversión económica a través de la NRS, han frustrado los esfuerzos de Washington de desatar el caos en sus fronteras a través de la península coreana.

EEUU parece perder su hegemonía imperialista, más significativamente en Asia y Oriente Medio, no solo en lo militar sino también diplomática y económicamente.

La situación es diferente en Europa y Venezuela, dos áreas geográficas donde Washington aún disfruta de mayor peso geopolítico que en Asia y Oriente Medio. En ambos casos, la efectividad de la resistencia chino-rusa -en términos militares, económicos y diplomáticos- es más limitada, por diferentes razones. Esta situación, en línea con el principio de “America Primero” y el retorno de la Doctrina Monroe, será el tema del próximo artículo.

Fuente: https://www.strategic-culture.org/news/2019/02/19/russia-china-containing-us-reshape-world-order.html

Traducido para el CEPRID (www.nodo50.org/ceprid) por María Valdés