La Usac debe controlar su Huelga de dolores

Por César Antonio Estrada Mendizábal. –
Nuevamente vino la cuaresma y con ella la antes contestataria y ahora desnaturalizada Huelga de dolores. Luego de los desmanes cometidos anualmente por encapuchados que actúan como miembros de las maras o de la delincuencia organizada, que extorsionan y acosan para ingresar a la universidad, toman los estacionamientos, amenazan y agreden a estudiantes y profesores como sucedió contra la Escuela de Historia hace unos pocos años; luego de la violencia ejercida por estos cafres contra el legítimo Comité de Huelga de la AEU y de las heridas infligidas a un defensor de derechos humanos el año pasado y de las recientes provocaciones sufridas en la misma sede de la Asociación de Estudiantes Universitarios, después de todo esto, ya no es momento de discutir mucho sobre la pertinencia o no de esta actividad, de si puede ser rescatada o acaso suprimida, sino de ponerle un hasta aquí a todo este sinsentido pues es sencillamente inaceptable que en una universidad –en la Universidad Nacional–, casa de educación, ciencia, cultura, conciencia social y respeto a los demás, ocurran estas barbaridades. A ello se agrega que estos grupos de “huelgueros” encapuchados son parte de quienes se apropiaron del auténtico movimiento estudiantil, nunca rindieron cuenta del dinero que manejaron –incluso la universidad les asignó fondos– y, por fin, recientemente fueron desplazados por el voto del estudiantado.

Este miércoles, en una conferencia de prensa frente a la rectoría, su Secretaria General expresó que la AEU busca la regeneración de la Huelga, que vuelva a tener el sentido que otrora tuvo, y pidió al Consejo Superior Universitario que corte todo vínculo con los espurios comités de huelga a los que obedecen los encapuchados.

Pues bien, el órgano que ejerce el gobierno de la Universidad de San Carlos de Guatemala es el Consejo Superior Universitario presidido por el Rector. Ellos tienen la obligación de poner orden en la Usac, de velar porque sus actividades académicas y administrativas se realicen como se espera según su naturaleza, su posición en la sociedad y su historia. Así, deben actuar pronta y eficazmente dictando las disposiciones que sean necesarias para poner coto a los múltiples y repetidos abusos que cometen estos encapuchados y, más allá de dudosas declaraciones llenas de buenas intenciones o de prohibiciones que impunemente se transgreden, deben poner los medios materiales, de fuerza si es necesario, para librar a la Usac de los daños y del desprestigio que estos vándalos le han causado ya por mucho tiempo. Permanecer pasivos, indiferentes o complacientes es seguir permitiendo que toda esta problemática simplemente se repita.