El pensamiento crítico

Por Jairo Alarcon

Los sujetos críticos requieren de las personas, de una formación teórica que les permita tener una visión amplia sobre determinados aspectos de la realidad, que se contrasten con la experiencia. Por lo que leer, aprender y conocer distintas visiones sobre las cosas, sin buscar con ello necesariamente la erudición, es imprescindible.

La lectura es indispensable para el pensamiento crítico, pero la sola lectura no necesariamente conduce al pensamiento crítico.

Conscientes que la verdad no es absoluta, sino que esta se va hilvanando y ampliando de conformidad con el conocimiento que se ejerza sobre la realidad, ya que todo es dialéctico y por lo tanto cambia.

Tener criterio de verdad es fundamental, pues todo objeto de conocimiento pasa a serlo a través de la certeza que se tenga sobre las cosas, por lo que a la realidad se requiere que se le dé más de una mirada, que se le examine y compruebe.

Tener un acervo cultural más amplio, dará mayor criterio sobre las cosas, permitirá tener mayor control y propiedad sobre lo que se diga y con ello, elevar la opinión de carácter incierto al episteme, al conocimiento que excluye los supuestos y adopta como norma general los argumentos.

El escepticismo metódico, con la duda sistemática, será la forma de todo aquel que pretenda pasar de lo incierto a lo certero, de lo aparente, de lo real de la suposición a la verdad.

Aquel que no se instruye para enfrentar su circunstancia, no le queda otra que dejarse llevar por sus impulsos primarios y tomar decisiones a través de motivaciones pasionales y emotivas que muchas veces, por lo improcedente, conducen al error y arrastran a la crisis a los demás. Distinguir cuándo se debe accionar racionalmente, y en qué momento se debe ser emotivo, constituye la clave del éxito de la existencia en sociedad.

Poder distinguir lo esencial de lo accidental, lo sensible de lo inteligible, los juicios de valor de los de razón, lo posible de lo improbable, lo veraz de lo incierto constituye el ejercicio racional que demanda el pensamiento crítico y que permanece ausente con el modelo tradicional educativo que impone interesadamente el sistema.

Así, a través de la educación domesticadora, a muchas personas se les crea esa confusión, más bien no se les otorga las herramientas que les permita hacer tal distinción, por lo que son presa fácil de la alienación que propician los sectores hegemónicos, los cuales apelan a la emotividad de las personas a través de la persuasión y la ignorancia.

Anteponiendo fe a la razón, lo accidental a la esencia, por mucho tiempo se ha sumido a millones de personas en la ignorancia lo cual ha permitido la sumisión silenciosa de estos y el poder lacerante y ofensivo de unos pocos.

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