La MMT, Minsky, Marx y el fetichismo del dinero

Michael Roberts

Recientemente, el ex vicegobernador del Banco de Japón, Kikuo Iwata argumentó que Japón debería aumentar el gasto público y financiar desde el Banco central el aumento de la deuda del sector público. Este ex gobernador parece haber adoptado la teoría monetaria moderna (MMT), o al menos una versión keynesiana del aumento del gasto público mediante el déficit como una respuesta ‘radical’ (¿o desesperada?) ante la incapacidad sistemática de la economía japonesa de crecer con una tasa que se acerque a la anterior a la crisis global.

Los datos más recientes sobre la economía japonesa son deprimentes. El mejor indice de la actividad industrial, el PMI del Nikkei manufacturero, cayó hasta el 48,5 en febrero de 2019, la tasa más baja desde junio de 2016, mientras la producción y los nuevos pedidos disminuyeron a un ritmo más rápido. Mientras tanto, la confianza empresarial se debilitó por noveno mes consecutivo. En el T4 de 2018, la producción nacional de Japón se estancó. Ha habido un crecimiento nulo en relación con el final de 2017. Lo que hay que comparar con un crecimiento medio anual del 2% desde la década de 1980.

Iwata fue originalmente el arquitecto del programa de compra masiva de bonos del Banco de Japón conocido como “flexibilización cuantitativa y cualitativa” (QQE). Su objetivo era impulsar la economía a través de una inyección masiva de oferta monetaria. Pero aunque el gobierno japonés incurrió continuamente en déficits presupuestarios anuales, no consiguió reactivar el crecimiento del PIB nominal o de los ingresos reales de los hogares.

El PIB per capita de Japón ha ido en aumento, pero porque la población disminuye y la mano de obra también. El ingreso personal disponible no ha aumentado más rápidamente que la economía en su conjunto durante muchos años: un punto porcentual menos que el promedio de crecimiento del PNB a finales de 1980. Japón pueden tener ‘pleno empleo’, pero el porcentaje de la mano de obra empleada temporal o parcialmente ha pasado del 19% en 1996 al 34,5% en 2009, y también ha aumentado el número de japoneses que viven en la pobreza. Según la OCDE, el porcentaje de personas que viven en pobreza relativa (definida como un ingreso inferior al 50% de la mediana) en Japón suponía el 12% de la población total a mediados de la década de 1980, pero el 15,3% en la década del 2000.

La respuesta de Iwata al ‘estancamiento secular’ de Japón es continuar con los déficits y el gasto públicos, pero esta vez financiado con la mera impresión de dinero, no la emisión de bonos. “Las políticas fiscales y monetarias tienen que trabajar al unísono, de manera que se gaste más dinero en medidas fiscales y el total de dinero volcado en la economía aumente como resultado”. Es la única opción de política que queda, porque “la política actual del Banco de Japón no tiene mecanismos para aumentar las expectativas de inflación. Necesitamos un mecanismo que inyecte dinero en la economía de forma directa y permanente”. Las compras de bonos del Banco de Japón no funcionan, porque los bancos acaparan el dinero en depósitos y reservas y no lo prestan. Hay que dejarlos de lado, dice Iwata.

Esta propuesta se asemeja a la idea del “dinero helicóptero” – una política de financiación directa del banco central del gasto público mediante la suscripción de bonos. La solución de Iwata al bajo crecimiento y unos ingresos reales débiles es una variante más de la idea de que hay que estimular la demanda para relanzar una economía capitalista, en este caso mediante la mera impresión de más dinero.

Otra variante actual es la creación de una economía sin dinero en efectivo. Porque la gente sigue acaparando su dinero en efectivo (bajo el colchón) y no gasta, mientras que a las pequeñas empresas se les paga en efectivo y esconden sus ganancias acaparándolas. Así que los bancos centrales y los gobiernos, en el mundo de las monedas cripto-digitales, ahora se les ha ocurrido abolir o aminorar los pagos en efectivo mediante transacciones digitales.

La última versión es del FMI. Después de haber probado la flexibilización cuantitativa, como en Japón y en otros lugares, y luego las ‘tasas de interés negativas’ (es decir, pagar por pedir dinero prestado) para impulsar las economías, la idea ahora es restar importancia al dinero en efectivo. La cosa funciona así: “En un mundo sin dinero en efectivo, no habría ningún límite inferior para las tasas de interés. Un banco central podría reducir su tasa política, del 2 por ciento a menos 4 por ciento para contrarrestar una recesión severa. El recorte de las tasas de interés se transferiría a los depósitos bancarios, los préstamos y los bonos. Sin dinero en efectivo, los depositantes tendrían que pagar la tasa de interés negativa para mantener su dinero en el banco, haciendo el consumo y la inversión más atractivos. Lo que alentaría los préstamos, impulsaría la demanda y estimularía la economía. Una opción para romper el límite inferior cero de la tasa política sería eliminar el dinero en efectivo”. ¿Cómo? Haciendo que el dinero en efectivo fuese tan costoso como los depósitos bancarios con tasas de interés negativas, de manera que fueran posibles tasas de interés muy negativas, preservando al mismo tiempo el papel del dinero en efectivo.

La propuesta es que el banco central divida la base monetaria en dos monedas distintas: dinero en efectivo y dinero electrónico (e-dinero). El e-dinero sería emitido sólo por vía electrónica y pagaría la tasa política de interés, y el dinero en efectivo tendría una tasa de cambio con el dinero electrónico, la tasa de conversión. Las tiendas comenzarían a anunciar los precios en dinero electrónico y dinero en efectivo por separado, al igual que en algunas tiendas de frontera en pequeñas economías abiertas ya anuncian los precios tanto en la divisa local como en monedas extranjeras. El dinero en efectivo perdería valor, tanto en términos de bienes como de dinero electrónico, y no habría ningún beneficio para acumular dinero en efectivo fuera de los depósitos bancarios. “Este sistema de doble moneda local permitiría al banco central poner en práctica una tasa de interés tan negativa como fuera necesario para contrarrestar una recesión, sin provocar ninguna sustitución a gran escala en dinero en efectivo”.

Esta idea del FMI se contrapone con el intento real de algún gobierno de ‘devaluar’ el dinero en efectivo. Hace dos años, el gobierno de la India bajo Modi abolió de la noche a la mañana los billetes de alta denominación. El gobierno afirmó que el objetivo era eliminar las ganancias mal habidas de los indios ricos que ocultaban sus ganancias en efectivo para evitar pagar impuestos. Pero fueron los indios pobres, sobre todo en las áreas rurales, los más afectados por esta ‘desmonetización’. Dos tercios de los trabajadores indios están empleados en pequeñas empresas con menos de diez trabajadores – a la mayoría se les paga de manera ocasional y en rupias en efectivo. La desmonetización buscaba atacar la corrupción y la evasión de impuestos, pero no parece haber tenido un gran efecto. De hecho, una gran cantidad de indios ricos hacen “apaños privados” para obtener nuevos billetes de banco y evitar tener que declarar el dinero en las cuentas bancarias ..

Salir de una recesión o depresión mediante la impresión de dinero o reduciendo el valor de los fondos en efectivo ha sido durante mucho tiempo una idea de origen keynesiano. El propio Keynes estaba muy interesado en las ideas de Silvio Gesell, un comerciante alemán, que fue ministro de Finanzas en el gobierno revolucionario de Baviera en 1919. Gesell estaba convencido de que los problemas causantes de las depresiones capitalistas, como la de finales del siglo XIX, se debieron a la alta tasa de interés de los préstamos. Esto alentaba la acumulación de dinero en efectivo. Si se pudiera detener, el dinero se convertiría en gasto y las depresiones se superaría. Keynes señaló que la obra de Gesell contenía “destellos de perspicacia profunda, pero no pudo llegar al fondo de la cuestión”. A Keynes le resultaba especialmente atractivo el intento de Gesell de establecer “un socialismo anti-marxista, una reacción contra el liberalismo a partir de bases teóricas totalmente diferentes a las de Marx, que se basaban en un repudio en lugar de una aceptación de las hipótesis clásicas, y en un desencadenamiento de la competencia en lugar de su abolición. Creo que el futuro aprenderá más del espíritu de Gesell que del de Marx”. (Teoría General).

La principal propuesta política de Gesell para poner fin a las depresiones era imprimir dinero. Según esta propuesta, los billetes de curso legal (aunque tendría que aplicarse también a algunas formas de dinero bancario) sólo conservarían su valor durante el mes de su impresión, al igual que una tarjeta de seguros, con sellos comprados en una oficina de correos. Keynes comentó: “La idea detrás del dinero estampado es sólida. De hecho, es posible que se encuentre la manera de aplicarla en la práctica a escala modesta”. La idea era devaluar el dinero en efectivo y obligar a la gente a gastar y aumentar así la ‘demanda efectiva’, al romper la ‘trampa de liquidez’ de la acumulación de dinero en efectivo.

La idea de Gesell ha sido defendida por muchos poskeynesianos. Pero a diferencia de ellos, aunque Keynes estaba interesado por este ‘truco de circulación’ (para usar la frase de Marx), vio en ella algunos problemas. Uno, que Gesell no se dio cuenta de que la inversión capitalista no sólo estaba gobernada por la tasa de interés de los préstamos, sino también por la tasa de ganancia sobre la inversión (lo que Keynes llamó la ‘eficiencia marginal del capital’). Por lo que “elaboró sólo la mitad de una teoría de la tasa de interés”. Otro, que si se estampaban notas en efectivo, los que deseasen acaparar podrían simplemente mantener el dinero en depósitos bancarios, en oro o en moneda extranjera. Así que estamos en la casilla de partida. Para más información sobre las diferencias fundamentales entre Gesell y Marx sobre el dinero, ver aquí: http://www.unotheory.org/files/2-15-4.pdf

Todas estas teorías monetarias de las crisis – cuyo exponente más general es la llamada financiarización – tienen una cosa en común: ignoran o niegan la ley del valor, es decir, que todas las cosas que necesitamos o usamos en la sociedad son el producto de la fuerza de trabajo humana y de una economía capitalista en la que la producción es con fines de lucro (es decir, para ganar dinero más allá de los costes de producción), no para la satisfacción de necesidades, y por lo tanto el dinero representa el tiempo de trabajo invertido socialmente necesario. Vemos sólo el dinero, no el valor, pero el dinero es sólo la representación del valor en su forma universal, es decir, el trabajo abstracto medido como tiempo de trabajo socialmente necesario. Es un fetichismo pensar que el dinero es algo exterior y separado del valor.

Como dice Marx: “una mercancía en concreto sólo se convierte en dinero porque todas las demás mercancías expresan su valor en él”, pero “parece, por el contrario, que todas las demás mercancías universalmente expresan sus valores en una determinada mercancía, porque es dinero. El movimiento que media este proceso se desvanece en su propio resultado, sin dejar rastro alguno. Sin tener que hacer nada para lograrlo, las mercancías encuentran la forma de su propio valor, en su forma acabada, en el cuerpo de una mercancía existente fuera y junto a ellas …. De ahí la magia del dinero. … El enigma del fetichismo del dinero es, por tanto, meramente el enigma del fetichismo de la mercancía, que se ha hecho visible y ciega los ojos”.

Esto es importante y no un mero truco metafísico. Si Marx tiene razón en su caracterización del dinero, entonces podemos argumentar que la producción capitalista es producción para más dinero (valor y plusvalía), a través de la explotación de la fuerza de trabajo. Eso significa que, a menos que se cree más valor por la fuerza de trabajo, el dinero no puede hacer más dinero. Marx siempre se opuso a “la idea fantástica de que las contradicciones que surgen de la naturaleza de las mercancías, y por lo tanto emergen en su circulación, pueden ser eliminadas aumentando la cantidad del medio de circulación.” (En referencia a la obra del fisiócrata Jean-Daniel Herrenschwand).

Marx reconoce que es precisamente en la categoría del interés en la que el fetichismo del dinero es más fuerte. En el capital a interés el “carácter fetichista del capital y la [concepción] de este fetichismo del capital [son] ahora totales” (CAP III, Penguin, p.516). Pareciera que el dinero puede hacer dinero a través de devengo de intereses sin ‘explotación’ o ‘producción’. Es una “forma sin contenido” (CAP III, p.255). “En D-D’ tenemos la forma sin sentido del capital, [la inversión] y [cosificación] de las relaciones de producción en su más alto grado, la forma que genera intereses, la forma simple del capital, que antecede su propio proceso de reproducción; […] la capacidad del dinero, o de una mercancía, para acrecentar su propio valor independientemente de la reproducción – lo que es una mistificación del capital en su forma más flagrante“ (CAP III, p.256).

Es este fetichismo del dinero el que domina las teorías de los gurús post-keynesianos, como el economista estadounidense de la década de 1980, Hyman Minsky. La obsesión de Minsky con el dinero y las finanzas como la causa de la crisis ha sido brillantemente expuesta en un artículo reciente de Mike Beggs, profesor de economía política en la Universidad de Sydney. Beggs muestra que Minsky fue inicialmente socialista, siguiendo las ideas del ‘socialismo de mercado’ de Oscar Lange. Pero finalmente se retractó de la necesidad de reemplazar el capitalismo con una nueva organización social, para tratar de resolver las contradicciones del capital financiero en el capitalismo.

En la década de 1970, Minsky contrastó su posición con la de Keynes. Keynes había defendido una “socialización general de la inversión”, pero condicionando esta afirmación en el sentido de que “no es la propiedad de los medios de producción lo importante que el Estado asuma”: bastaba con “determinar el monto total de los recursos destinados a aumentar los medios y la tasa básica de recompensa de quienes los poseen”. En la década de 1970, Minsky fue más allá y pidió el control de los ‘centros dirigentes’ de la industria y de esta manera integrar el keynesianismo con el ‘socialismo de mercado’ de Lange y Abba Lerner .

Sin embargo, en la década de 1980, el objetivo de Minsky no era exponer los limites del capitalismo, sino explicar cómo el inestable capitalismo podría ser ‘estabilizado’. Biggs: “Sus propuestas tienen como objetivo, por tanto, resolver el problema de la estabilidad. … .La expansión del consumo colectivo desaparece por completo. Minsky defiende lo que él llama el “gran gobierno”, principalmente como una fuerza de estabilización macroeconómica. El presupuesto federal debería ser al menos del mismo orden de magnitud que la inversión privada, de modo que pueda tomar el relevo cuando ésta retrocede, pero no necesita ser mayor”.

Este enfoque de la política económica no es muy diferente del de los partidarios de la MMT. Minsky incluso propuso una especie de empleo garantizado tipo MMT. El gobierno mantendría una red de empleo garantizado, ofreciendo puestos de trabajo a cualquier persona que de otro modo estaría en paro. Pero con unos salarios lo suficientemente bajos como para contener los salarios en el mercado de trabajo en el extremo inferior. La baja remuneración, lamentablemente, es necesaria, según Minsky, porque “las restricciones sobre los salarios monetarios y los costes laborales son corolarios del compromiso de mantener el pleno empleo”. La disciplina del mercado laboral se mantiene: las personas que trabajan no tienen miedo al paro, pero si a una reducción de su salario hasta el salario mínimo (Beggs).

Por lo tanto, en la década de 1980, Minsky creyó que el objetivo de la política del gobierno era la estabilidad financiera, con el fin de apoyar y sostener la rentabilidad y la inversión privada. “Una vez conseguida una estructura institucional en la que se vean limitadas las explosiones como consecuencia del pleno empleo, incluso cuando las ganancias se estabilizan, el resto puede dejarse a los mecanismos de mercado”. (Minsky).

La evolución de Minsky del socialismo a la estabilidad de la rentabilidad capitalista se produjo porque él y los post-keynesianos niegan y / o ignoran la ley del valor de Marx, al igual que los ‘socialistas de mercado’, como Lange y Lerner. Los post-keynesianos y los partidarios de la MMT niegan que el beneficio proviene de la plusvalía extraída por la explotación en el proceso de producción capitalista y que esta es la fuerza impulsora de la inversión y el empleo. En su lugar, todos caen en el fetichismo del dinero. Con el fetichismo del dinero, el dinero reemplaza al valor, en lugar de representarlo. Todos ellos creen que el dinero es el causante de las crisis y también su solución mediante ¡la creación de valor! Lo que les lleva a ignorar el origen y la función del beneficio, excepto como algo residual de la inversión y el gasto de los consumidores.

Esto en cuanto a la teoría. Pero ¿qué pasa en realidad? La realidad es que la depresión de finales del siglo XIX no terminó porque se inyectase dinero en la economía. Pero acabó, ¿por qué? En mi libro, La Larga Depresión, explico cómo opera la ley de la rentabilidad de Marx y después de varias crisis, la rentabilidad en las principales economías se restauró para permitir una recuperación de la inversión en la década de 1890 (Capítulo 2) seguido por un aumento de la rivalidad internacional en un período de globalización (el imperialismo) que finalmente explotó en una guerra mundial cuando la rentabilidad comenzó a caer de nuevo en la década de 1910.

A los keynesianos (incluyendo los partidarios de la MMT) les gusta decir que la Gran Depresión fue resuelta gracias a la flexibilización monetaria y el gasto fiscal de inspiración keynesiana. Pero la evidencia es otra. En la década de 1930, la flexibilización monetaria (QE etc) falló, como Keynes reconoció en su momento. Los déficits presupuestarios propuestos por el “New Deal” nunca se llegaron a aplicar del todo, pero, aun así, los programas de trabajo garantizado no consiguieron reducir el desempleo o recuperar los ingresos reales hasta el ‘boom’ de la guerra. De nuevo, en mi libro, La Larga Depresión, Capítulo 3, se demuestra que la economía de Estados Unidos sólo se recuperó una vez que la economía de guerra se impuso y el gobierno controló la inversión.

Lo que diferencia a la Larga Depresión desde el año 2009 es que, a diferencia de la Gran Depresión de la década de 1930, ahora hay tasas (oficiales) muy bajas de desempleo en las principales economías. En cambio, los ingresos reales están estancados, mientras que el crecimiento de la productividad y la inversión es muy bajo. Los mercados financieros están en auge, pero los sectores productivos de la economía se arrastran. Y, sin embargo, desde 2009 hemos sido testigos de todo tipo de trucos monetarios: tasas de interés cero o incluso negativas, políticas monetarias no convencionales (QE) y ahora propuestas de ‘dinero helicóptero’, déficits públicos sin limites tipo MMT y economía sin dinero en efectivo (a la Gesell).

Como María Ivanova ha mostrado, subsiste la creencia ciega de que la naturaleza propensa a las crisis de la economía capitalista puede ser gestionada mediante una “política monetaria imaginativa”, es decir, mediante la manipulación de la deuda (pública), el dinero y el crédito. Ivanova argumenta que los méritos de una interpretación marxista de la crisis superan los de Minsky por al menos dos razones. En primer lugar, las causas estructurales de la Gran Recesión no se encuentran en el sector financiero, sino en el sistema de producción globalizado. En segundo lugar, la creencia de que los problemas sociales tienen orígenes monetarios o financieros, y podrían ser resueltos mediante ajustes monetarios y reformas de las instituciones financieras, es fundamentalmente erróneo, porque la misma repetición de las crisis da fe de los límites de las políticas fiscales y monetarias como medio para garantizar una “acumulación equilibrada”.

Ninguno de los esquemas del ‘’fetichismo del dinero” han servido o servirán para reactivar las economías capitalistas. Por el contrario, estas medidas solo han servido para crear burbujas financieras en beneficio de los más ricos. Porque estos “trucos de circulación” no se basan en la realidad de la ley del valor.

Michael Roberts: es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.
Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com/2019/02/26/mmt-minsky-marx-and-the-money-fetish/
Traducción: G. Buster

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