Literatura erótica: un eufemismo

Cristina Puerta

“… Él la empotró contra una pared y la desnudó a tirones, como si importase qué colonia llevara o que estrenara ropa interior. Él solo quería follársela, otra vez sobre la pequeña alfombra de lo que hacía las veces de salón (…)

– ¿Echabas de menos mi polla? ­–le dijo él al tiempo que empujaba entre sus piernas”

Habrá quién se haya escandalizado al leer el fragmento anterior. Habrá a quién le haya gustado la rudeza del diálogo y sienta curiosidad. Si la censura ha venido inmediatamente a tu mente, tranquilízate. La función del fragmento anterior no es escandalizar, ni resultar vulgar u obsceno, aunque hayamos crecido en un sistema que así nos lo ha inculcado. La influencia de la religión ha estigmatizado el sexo y ha perpetuado su tabú. Hoy en día, el sexo sigue siendo tabú en nuestra sociedad, y por tanto, vulgar y obsceno.

No malinterpretéis: en las calles, entre amigos y amigas, se habla de sexo. Hablar de sexo ha dejado de ser tabú. Pero el sexo, sigue siéndolo.

Y la literatura erótica, también.

El fragmento que encabeza este artículo ha sido extraído del libro En los zapatos de Valeria, de la escritora Elisabet Benavent, y es uno de los últimos éxitos del panorama literario erótico comercial español. Es un ejemplo del lenguaje narrativo que se puede leer en las novelas pertenecientes a este género literario.

Literatura que siempre ha existido. Siempre ha sido escrita, publicada y leída. Literatura en la que se desdibujan los límites de una narración puramente romántica –y carente de escenas sexuales–, o puramente pornográfica. Es decir, lo que se llama literatura erótica en la actualidad, es un punto intermedio entre ambos géneros, cuya trama desarrolla una relación romántica. Sin embargo, esta definición no abarca la compleja amplitud de este concepto.

Hablar de literatura erótica explícita es una contradicción en sí misma, en cuanto el erotismo pretende evocar sin llegar a nombrar. La cuestión parece ser evitar la palabra pornografía.

La denominada “literatura erótica” no está exenta de controversias. ¿Qué es la literatura erótica? ¿Y en qué se diferencia de la literatura pornográfica? ¿Existe la literatura pornográfica? ¿Quiénes son sus lectores y lectoras?

En la obra Gran diccionario erótico de voces de España e Hispanoamérica de Antonio Tello se señala que la diferencia entre erotismo y pornografía es la presentación de los actos. En el erotismo se evoca lo sexual o se presenta de una forma velada, mientras que en la pornografía se hace una exhibición explícita de los actos sexuales. Una segunda acepción de erotismo alude a este como un acto puro, inteligente y propio del ser humano, mientras la pornografía es degradada a un punto negativo y animal, en el que queda descarnada de ese valor superior y racional del que si está dotado el erotismo. Una última línea señala la diferencia entre ambas en el uso que hace el receptor: un uso público del acto sexual evidenciaría un producto pornográfico, mientras que un uso privado sería reducido al erotismo.

Es apreciable entonces la ausencia de un acuerdo entre las diferentes líneas de pensamiento. Para la Real Academia Española (RAE) erotismo es:

a) amor o placer sexuales,

b) carácter de lo que excita el amor sexual, y

c) exaltación del amor físico en el arte.

En cambio, pornografía es:

a) presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación sexual, y

b) espectáculo, texto o producto audiovisual que utiliza la pornografía.

La dicotomía entre los conceptos de literatura erótica y literatura pornográfica no parecen converger en un mismo punto ni llegar a ser sinónimos en un futuro próximo. De hecho, algunos hablan de literatura erótica explícita, que viene a ser una contradicción en sí misma, en cuanto el erotismo pretende evocar sin llegar a nombrar. La cuestión parece ser evitar la palabra pornografía.

Literatura erótica es un concepto más evocador y seductor para vender los libros ante el público, evitar la censura social por el uso de la palabra pornografía y abarcar al grupo lector más amplio.

Habría que ahondar en si evitar esta alusión al concepto viene del marketing de la industria editorial, o bien, del uso connotativo y negativo que se hace de la pornografía. Literatura erótica es un concepto más evocador y seductor para vender los libros ante el público, evitar la censura social por el uso de la palabra pornografía y abarcar al grupo lector más amplio; tanto quienes buscan esconder sus gustos lectores como quienes no tienen ningún reparo. Así, la denominación de literatura erótica se convierte en un eufemismo, en un anacronismo que se mantiene para enmascarar lo sexual.

Por otro lado, aplicando las definiciones que acepta la RAE a la literatura, se entiende que en el género erótico la acción principal se desarrolla en torno a una relación amorosa, con la inclusión de escenas sexuales descriptivas. Mientras que, la literatura pornográfica sería una narración en la que la relación entre sus personajes es meramente sexual y carente de amor.

No existe entonces, un marco de común acuerdo sobre las aplicaciones de ambos conceptos en la literatura. Aún así, cabe preguntarse si hay espacio en el mercado editorial para ambos conceptos, o si la literatura erótica como acepción, va a enmarcar cualquier obra, sin importar si es Lolita de Vladimir Nabokov; Las edades de Lulú, de Almudena Grandes; o 50 sombras de Grey, de E.L. James.

Las historias eróticas comerciales han sido edulcoradas para acabar siendo una versión adulta de las películas de Disney.

Pero más allá del enmascaramiento entre los nombres, también se debe atender a la homogeneización en el contenido de estas obras literarias. La realidad del mercado literario es descorazonadora. Los estantes de las librerías están copados por historias que se enmarcan dentro de la denominada literatura erótica cisheteronormativa, sin dejar espacio a historias no normativas, abiertas a la exploración de las mujeres sin complejos ni prejuicios. Estas historias eróticas comerciales han sido edulcoradas para acabar siendo una versión adulta de las películas de Disney. Solo porque la novela erótica haya pasado del ámbito privado al ámbito público, no debemos congratularnos pensando en que hemos dado un paso en la liberación sexual de las mujeres. Este paso no hace sino acrecentar la falsa ilusión de que la sexualidad femenina está más aceptada.

Las novelas eróticas siguen cortadas por el mismo patrón. Historias que, claramente, tiene como objetivo a la mujer lectora (heterosexual y cisgénero), y que se encorsetan en la misma trama: mujer conoce a hombre, se conocen, surge un problema, se resuelve y se acaban casando y teniendo hijos.

¿Dónde queda el espacio para las novelas eróticas que se salen del molde creado y perpetuado en la novela erótica? ¿Dónde quedan las novelas basadas en relaciones sexuales sin que sean asociadas a una trama amorosa? ¿Dónde queda la mujer que investiga y busca su propio placer a través de la masturbación? Es decir, novelas eróticas dónde la trama sexual se distancia de las relaciones amorosas y del coito, para mostrarnos las ricas y variadas posibilidades que tienen las mujeres en realidad. Obras en donde no se crea una falsa idea de ampliación del imaginario de fantasía de la mujer, y que en la literatura erótica estándar no aparecen.

Algunas de las novelas eróticas actuales apenas arañan la superficie de la riqueza de tal imaginario. Novelas como 50 sombras de Grey no abren el camino hacia un nuevo tipo de relato, y hacen creer que estamos ante un escenario más feminista e igualitario, cuando es solo una falsa sensación. Las novelas siguen centradas en el coito como premisa central y la satisfacción final de la mujer creando una falsa sensación de literatura erótica “feminista”.

¿Dónde quedan las novelas basadas en relaciones sexuales sin que sean asociadas a una trama amorosa? ¿Dónde queda la mujer que investiga y busca su propio placer a través de la masturbación?

Los personajes masculinos siguen siendo autoritarios, alentando relaciones tóxicas en donde la vida de la mujer gira en torno a lo que hace su pareja. Muestran una vida lejos de ser real. Cabe preguntar entonces: ¿somos capaces de ver estos libros como lo que son, es decir, ficción y no realidad? Porque es allí donde se genera el problema entre lo real y lo ficticio, y la idea de que lo ficticio es lo que realmente las mujeres quieren. Y no es así.

Y así es como se hace presente este vacío en el mercado editorial –apenas cubierto por novelas como Diario de una ninfómana, de Valeriè Tasso–. ¿Está dicha literatura menos visible a propósito?¿Es accesible a través de espacios físicos como librerías y bibliotecas? Id a la librería o biblioteca más próxima e investigad en la zona de literatura romántica y erótica. ¿Cuántas de las novelas giran en torno a una relación amorosa? ¿Cuántas tienen como protagonista a una mujer y cuántas a un hombre? ¿Hablan las protagonistas femeninas de algo que no sea su relación amorosa? Y entonces, preguntaros si os identificáis con esa protagonista, esa protagonista cuyo único tema de conversación parece ser un hombre. ¿Sería entonces posible abrir un vía hacia una nueva era de la literatura erótica, con diferentes caminos posibles? Un camino para una novela erótica más suave e intelectual, más romántica, y otro, para una novela erótica más enfocada a enaltecer la libido sexual.

No debe olvidarse que, aunque la literatura erótica sea más visible y aceptada que nunca, pocos se atreven a hablar de una de las razones por las que mujeres, en su mayoría, y hombres, en una minoría, acuden a este tipo de productos: el aumento de la libido. A través de los libros, sus lectores y lectoras construyen y amplifican las fantasías que ayudan a despertar la sexualidad. Sin embargo, las fantasías no son sinónimo del deseo sexual. Una mujer puede fantasear con una situación moralmente inaceptable o con actos sexuales impensables para otras personas, pero no desear que se lleven a cabo de forma real. En nuestra imaginación no hay límites ni cortapisas éticas ni morales. Por eso la literatura erótica actúa como un potenciadora de las fantasías, pero en ningún caso refleja el deseo de que sea real.

La literatura erótica actúa como un potenciadora de las fantasías, pero en ningún caso refleja el deseo de que sea real.

Leída tanto por hombres como por mujeres, todos y todas evitan hablar de las razones que llevan a alguien a consumir este producto. Enmascaran la realidad con eufemismo y formalismos como “despertar el apetito sexual”, “ampliar el imaginario sexual”, igual que esconden la pornografía detrás del concepto de “erotismo”. Se agranda el pozo ante la idea de que el sexo sigue siendo tabú si nadie afirma ni reconoce la razón principal por la que una mujer lee literatura erótica. “Erotismo y pornografía son útiles activadores de la libido”, señala Valeriè Tasso en su libro Antimanual de sexo.

Empero, como reflejo ante esta idea de eufemismo, las portadas de los libros de literatura erótica han dejado de ser torsos masculinos para mostrar antifaces y máscaras. Pornografía y erotismo, libido y deseo sexual, torsos masculinos y antifaces… Parece que la literatura erótica es un eufemismo en todos los aspectos: contenido, apariencia y expresión.

Por último, es curioso mencionar que si nos fijamos en la autoría de la literatura erótica heteronormativa y comercial, existe un abismo entre la literatura escrita por hombres y la literatura erótica escrita por mujeres. Empezando por cómo se vende una y otra, siempre ha habido un estigma hacia la literatura erótica escrita por mujeres y tildada como literatura menor; mientras que la literatura erótica escrita por hombres ha entrado dentro del canon de literatura de calidad aún cuando la trama sea, en esencia, la misma.

Virginia Woolf en Una habitación propia escribía: “…naturalmente, los valores de las mujeres difieren con frecuencia de los valores… [de los hombres]. Sin embargo, son los valores masculinos lo que predominan (…) Este libro es importante, da por sentado el crítico, puesto que aborda el tema de la guerra. Este libro es insignificante porque trata sobre los sentimientos de unas mujeres sentadas en la sala de estar”. ¿Acaso la literatura erótica escrita por hombres y mujeres no versa sobre el mismo tema? Entonces, ¿por qué unos son elogiados y otros despreciados?

Queda, por tanto, un largo camino por recorrer, para afirmar que la liberación sexual femenina es una realidad en cuanto existen todavía productos que no reflejan la sexualidad femenina tal y como es; en cuanto se hace necesario una educación sexual no solo a una edad temprana, sino también en el fomento de un pensamiento crítico a todas las generaciones.

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