La economía ambiental y su aplicación

Edi D. López S.
Ante la constante serie de noticias sobre la conflictividad que conlleva el aprovechamiento de los recursos naturales en Guatemala y en el mundo, especialmente Latinoamérica cabe analizar o empezar hacerlo sobre los argumentos a favor y en contra, de las posturas que se encuentra en los actores involucrados; es decir empresarios/estado por una parte y comunidades, líderes locales por otra.
Se parte de la evidencia que, el Estado o por lo menos una parte del mismo (Ejecutivo en especial) y Empresarios conforman un sector –sin ser exactamente lo mismo- enfrentado a las comunidades y sus representaciones organizadas. Una primera aproximación, a la unidad Estado/Empresario en la explotación, aprovechamiento de los recursos naturales, especialmente agua y minerales, sucede por el hecho que los partidos políticos que logran llegar al poder, están supeditados a los intereses empresariales, en Guatemala como ha quedado en evidencia con el trabajo de la Comisión Internacional contra la Impunidad, CICIG el pecado original del sistema de partidos políticos, es precisamente el financiamiento que los empresarios brindan a los partidos políticos y sus figuras prominentes, con lo cual se garantizan el tráfico de influencias, la devolución de favores; de esa cuenta son innumerables los casos donde los funcionarios públicos en lugar de velar por el interés nacional, actúan como empleados de las grandes empresas nacionales y extranjeras, interesadas en la explotación de los recursos naturales. Esta situación explica por ejemplo que, el ecocidio en el río La Pasión sucedido en 2015 haya quedado en total impunidad, no obstante todas las evidencias y estudios realizados, el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales, no cumple con su función; otro de los tantos casos es la flagrante y grave contaminación denunciada por los comunitarios del lago Izabal en Livingston, la inacción y complicidad de las autoridades del ejecutivo es incuestionable.

Ante esta problemática, se cuestiona a la academia su postura…y aquí es donde cabe reflexionar las posibles limitaciones o falta de argumentos, de propuesta por parte de la Universidad, especialmente la llamada a hacerlo, la San Carlos. Todo parece indicar entre otras causas que, en las esferas académicas, predomina la teoría económica que parte de los principios de la Economía Clásica, la llamada Economía Ambiental; que entre otros aspectos se asume como una especialidad de la Economía, haciendo omisión de las demás ciencias que, obviamente tienen interrelación con la realidad, como la Política, Geología, Antropología, Física entre otras. Es decir la Economía Ambiental en su planteamiento teórico, si bien puede considerar algunos aportes de otras ciencias, lo hace en forma aislada, ha construido toda una teoría y desarrollado modelos que, justifican, dan cierto “raciocinio” a la explotación de los recursos naturales.
Y es que uno de los principios, en los que se fundamenta la Economía Ambiental, es la escasez…por ello si un recurso como el oro, plata, magnesio, minerales raros, agua, madera, son escasos, la “racionalidad económica” indica que se debe explotarlos, -por su precio alto- generar riqueza económica, aunque el beneficio mayor sea para unos cuantos; esto último no conforma parte del planteamiento, de la teoría de la Economía Ambiental; es decir no se aborda la realidad económica, política, social en el que se enmarca determinada propuesta de inversión, como la tenencia de la tierra, los derechos de propiedad, nivel de pobreza de la población circundante, la cosmovisión de los pueblos indígenas etc. lo que en la práctica significa potencializar los conflictos sociales; como se ha visto en nuestro país con el caso de las hidroeléctricas y mineras de oro, plata, zinc, entre otros.

Entre los instrumentos que esta especialización de la Economía ha creado, están los famosos Estudios de Impacto Ambiental, donde se utilizan determinados modelos, que al hacer abstracción de la realidad mucho más compleja, obvia las diferentes interrelaciones entre las diversas expresiones de vida que, por ejemplo hay en el entorno de una montaña, bosque, rio; las modalidades de evaluación han demostrado tener limitaciones metodológicas, especialmente porque se enfocan básicamente en el costo/beneficio de los inversores. A esta situación hay que agregar la capacidad instalada que se tiene, especialmente en el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, a quien corresponde por parte del gobierno central, velar por la normativa; en su oportunidad un ministro indicó a la prensa en relación a supervisar las actividades de la mina Marlín en San Marcos, que el Ministerio no tenía las capacidades técnica para hacerlo.
De acuerdo a la normativa, las empresas interesadas en los proyectos, tienen que realizar sus estudios de impacto ambiental, o sea son juez y parte; un experto en su oportunidad al analizar el estudio presentado por la empresa Montana, con el que el gobierno autorizó el funcionamiento de la mina Marlín, indicó que, no había visto en su vida un estudio de tan baja calidad técnica. Resultado de la actividad de esta mina, de acuerdo a medios de prensa es que en 11 años de funcionamiento, los ingresos fueron de 32,000,000 millones, y para el estado Guatemala, 705.29 millones de quetzales; con el agregado que dicha información es la brindada por la empresa minera… seguramente es más, entonces la pregunta ¿es beneficioso para el país? Los espejitos de empleo, inversión, sostenibilidad, se han ido rompiendo.

La Economía Ecológica, entre otros aspectos señala que la evaluación ambiental debe ser multicriterio, es decir con el aporte de varias disciplinas, aplicando principios como el de precaución, que postula que no se deben llevar a cabo acciones de las que no se tienen claras las consecuencias, como generar residuos radiactivos que seguirán emitiendo durante miles de años o liberar transgénicos sin saber que, consecuencias tendrán para el entorno.

Otro de los principios es de cerrar los ciclos de materia. En la naturaleza no existe el concepto de residuo, los deshechos de unos seres vivos se convierten siempre en el alimento de otros, de manera que los procesos productivos no deben ser concebido como lineales, sino que cierran en ciclos; adecuar las sociedades y sus actividades a la capacidad del planeta para asimilar los contaminantes y residuos de forma sostenida en el tiempo. Otros de los principios son centrar la producción y el consumo en lo local, potenciar una alta diversidad e interconexión biológica; actuar desde lo colectivo.