La tasa de beneficio en EE UU en 2017

Michael Roberts

Ya están disponibles los datos oficiales que permiten actualizar el cálculo de la tasa de beneficio de EE UU en 2017, aplicando los criterios de Marx, así que he puesto al día las series temporales correspondientes. Si alguien desea replicar mis resultados, le remito de nuevo al excelente manual compilado por Anders Axelsson, de Suecia. Existen muchas maneras de medir la tasa de beneficio (véase http://pinguet.free.fr/basu2012.pdf). Al igual que el año pasado, he actualizado la medición utilizada por Andrew Kliman en su libro The failure of capitalist production.

Kliman calcula la tasa de beneficio de EE UU únicamente sobre la base de los beneficios de las empresas y utiliza como denominador el coste histórico de los activos fijos netos. Considera que este método es el que más se acerca a la fórmula de Marx, a saber, que la tasa de beneficio ha de basarse en el capital avanzado ya adquirido (de ahí el coste histórico) y no en el coste actual de sustitución de este capital. Marx plantea la teoría del valor temporalmente; así, el precio del denominador en la fórmula de la tasa de beneficio corresponde a t1 y no debe cambiarse al precio en t2. Esto último sería simultaneísmo, que lleva a distorsionar la teoría del valor de Marx. Esto me parece correcto. El debate sobre esta cuestión de la medición prosigue y figura en el apéndice a mi libro, The Long Depression, sobre la medición de la tasa de beneficio.

¿Cuáles son entonces los resultados de la versión de Kliman de la tasa de beneficio basada en el sector empresarial de EE UU?

En 2017 se produjo un descenso de la tasa de beneficio del 24,4 % en 2016 al 23,9% en 2017. En efecto, la tasa de beneficio de EE UU, calculada de este modo, viene cayendo ahora durante tres años consecutivos desde el pico post-crash de 2014. Esto indica que la recuperación de la rentabilidad desde el bajón de la Gran Recesión de 2009 ha llegado a su fin. La medición de Kliman confirma la ley de Marx en la medida en que ha habido un declive secular de la tasa de beneficio de EE UU desde 1946 (un 25 %) y desde 1965 (un 30 %). Pero lo que también es interesante es que, en la medición de Kliman, la tasa de beneficio del sector empresarial de EE UU aumentó desde el punto más bajo de 2001 y que la Gran Recesión de 2009 no supuso una caída por debajo de aquel punto más bajo. Por tanto, la década de 2000 parece contradecir la idea de una caída “persistente” de la tasa de beneficio de EE UU. Trataré de explicar esto más adelante. Sin embargo, también es cierto que la tasa de beneficio de EE UU no ha vuelto al nivel de 2006, el pico registrado en el periodo neoliberal según la medición de Kliman. En efecto, en 2017 era un 17 % más baja que en 2006.

Los lectores y lectoras de mi blog y otros artículos saben que prefiero medir la tasa de beneficio según los criterios de Marx, calculando la plusvalía total de una economía en comparación con el capital productivo total empleado; es lo que más se acerca a la fórmula original de Marx: s/c+v. De este modo, tengo una medida de la plusvalía del conjunto de la economía, basada en la renta nacional total (menos la amortización); del capital constante sobre la base de los activos fijos netos; y del capital variable en función de la compensación de los trabajadores; una tasa de beneficio general, si se prefiere.

La mayoría de mediciones marxistas excluyen cualquier valor del capital variable sobre la base de que no se trata de unas existencias de capital invertido, sino un flujo de capital circulante que no puede medirse con los datos disponibles. No estoy de acuerdo con que esto sea una restricción, y G. Carchedi y yo tenemos un trabajo no publicado sobre esta cuestión. Sin embargo, dado que el valor del capital constante es de cinco a ocho veces mayor que el del capital variable (en función de si se aplica el coste histórico o el coste actual), la inclusión de un cálculo del capital variable en el denominador no altera la tendencia de la tasa de beneficio. El mismo resultado se aplica asimismo a las existencias (de productos no acabados e intermedios). Podrían y deberían sumarse como capital circulante al denominador de la tasa de beneficio, pero yo no lo he hecho porque los resultados apenas variarían.

Con mi medición “del conjunto de la economía 9”, la tasa de beneficio de EE UU desde 1945 evoluciona de acuerdo con el siguiente gráfico. Con respecto a 2017, mis resultados muestran un ligero aumento sobre 2016. Sin embargo, la tasa de beneficio de 2017 sigue estando entre un 6 % y un 10 % por debajo del pico de 2006 y es inferior al pico de 2014 (del mismo modo que en la medición de Kliman).

He incluido las mediciones basadas en los costes históricos (HC) y los costes actuales (CC) a efectos de comparación. Lo que esto muestra es que la medida al coste actual alcanza su punto más bajo a comienzos de la década de 1980, mientras que la medida al coste histórico no lo hace hasta comienzos de la década de 1990. ¿Por qué la diferencia? Bien, Basu (véase arriba) lo ha explicado: es la inflación. Si ésta es elevada, la divergencia entre las variaciones de las medidas al coste histórico y al coste actual será mayor. Cuando la inflación es baja, la diferencia entre las variaciones de las dos medidas es menor. De 1965 a 1982, la tasa de beneficio de EE UU cayó un 21 % si se mide al coste histórico, pero un 36 % al mediarla al coste actual. De 1982 a 1997, la tasa de beneficio de EE UU apenas aumentó un 10 % al medirla al coste histórico, pero un 29 % si se mide al coste actual. No obstante, a lo largo de todo el periodo de posguerra y hasta 2017 ha habido un descenso secular de la tasa de beneficio de EE UU del 28 % con ambos criterios de medición.

Existen otras muchas maneras de calcular la tasa de beneficio. Esto se planteó en un debate importante y muy útil durante un seminario sobre la tasa de beneficio organizado por los profesores Murray Smith y Jonah Butovsky durante mi visita a la Universidad Brock, de Ontario del Sur, Canadá, hace dos semanas. Murray y Jonah han escrito aportaciones al nuevo libro, World in Crisis, editado por Mino Carchedi y yo mismo. En su contribución sostienen que hay que hacer una clara distinción entre los sectores productivos de la economía capitalista, es decir, los que crean nuevo valor, y los sectores improductivos, pero necesarios. Los primeros consistirían en la industria transformadora y pesada, la minería, la agricultura, la construcción y el transporte, y los segundos serían el comercio, las finanzas, el sector inmobiliario y el Estado.

Partiendo del trabajo pionero de Sean Mage en la década de 1960, Smith y Butovsky consideran que estos sectores improductivos socialmente necesarios forman parte de la producción capitalista y por tanto deberían incluirse en el capital constante a efectos de medir la tasa de beneficio. Según su cálculo al coste actual, la tasa de beneficio de EE UU ha aumentado realmente desde 1953. Sin embargo, si se descarta el sector financiero, Smith y Butovsky observan que el pico de 2006 de la tasa de beneficio de EE UU se situó alrededor de un 50 % por debajo de los picos de las décadas de 1950 y 1960, confirmando la ley de Marx. Es más, el fuerte aumento de la rentabilidad registrado con todas las mediciones anteriores “puede considerarse anómalo y se basa en gran medida en ‘beneficios ficticios’ contabilizados en el sector financiero, de seguros e inmobiliario, y tal vez también por parte de muchas empresas que operan en la economía productiva”. Esta es una conclusión similar a la de Peter Jones, quien ha señalado que si se restan los “beneficios ficticios”, la tasa de beneficio del sector empresarial de EE UU ha descendido realmente desde 1997, como puede verse en el siguiente gráfico.

Recientemente, Lefteris Tsoulfidis, de la Universidad de Macedonia, dividió la tasa de beneficio del conjunto de la economía en una tasa general de todos los sectores y una tasa neta de tan solo los sectores productivos. Lefteris ha tenido la amabilidad de enviarme sus datos. El siguiente gráfico muestra la evolución de la tasa de beneficio general y neta de EE UU de 1963 a 2015.

Como muestran otras mediciones, la tasa de beneficio de EE UU se sitúa alrededor de un 30 % por debajo de los niveles de 1960, pero tocó fondo a comienzos de la década de 1980 y después experimentó una modesta recuperación hasta finales de la década de 1990, durante el llamado periodo neoliberal. Es interesante observar que en las mediciones de Tsoulfidis hubo un declive, y no un aumento, de la tasa de beneficio desde 2000 hasta que se produjo la Gran Recesión.

He analizado el sector empresarial no financiero de EE UU (que no es estrictamente lo mismo que la definición marxista del sector “productivo”) utilizando datos de la Reserva Federal. En este caso he calculado la tasa de beneficio partiendo del resultado operativo neto dividido por los activos financieros netos.

Este cálculo de la Reserva Federal muestra cómo la tasa de beneficio estadounidense alcanzó un máximo en 1997, poniendo fin al periodo neoliberal, y desde entonces ese máximo nunca se ha superado, ni siquiera en el periodo de beneficios ficticios impulsados por los créditos que va de 2002 a 2006. En efecto, después de ascender de nuevo después de la Gran Recesión, culminando en 2012, la tasa calculada por la Reserva Federal ha descendido constantemente hasta mediados de 2018. El cálculo de la Reserva Federal es trimestral, de modo que refleja un resultado más actualizado. Con este resultado, la tasa de beneficio de EE UU se sitúa un 32 % por debajo de su pico de la “edad de oro” en 1966, confirmando asimismo la ley de Marx.

La ley de Marx también se confirma por el hecho de que el motor de las variaciones de la rentabilidad en EE UU depende del movimiento relativo de las dos categorías marxianas en el proceso de acumulación: la composición orgánica del capital y la tasa de plusvalía (explotación). Desde 1965 se produjo un aumento secular de la composición orgánica del capital del 21 %, mientras que el principal “factor contrario”, en la ley de Marx, la tasa de plusvalía, descendió más del 4 %. A la inversa, en el periodo neoliberal que va de 1982 a 1997, la tasa de plusvalía aumentó un 16 %, más que la composición orgánica del capital (7 %), de modo que la tasa de beneficio subió un 9,5 %. Desde 1997, la tasa de beneficio ha descendido más del 5 %, pues la composición orgánica del capital ha aumentado más de un 14 %, superando el alza de la tasa de plusvalía (5,4 %).

Uno de los resultados indudables de los datos es que demuestran que cada recesión económica en EE UU ha venido precedida de una caída de la tasa de beneficio y ha dado lugar, después del bajón, a la recuperación de la misma. Esto es lo que cabía esperar cíclicamente a la luz de la ley marxiana de la rentabilidad.

No cabe duda de que un descenso significativo de la tasa de beneficio es un indicador de una depresión inminente de la inversión y de la producción de una economía capitalista. Marx entendía que una tasa de beneficio descendente vendría compensada, durante un tiempo, por una expansión de la inversión de capital, de modo que el volumen de beneficios seguiría creciendo. Sin embargo, este efecto no podía durar y finalmente la caída de la tasa de beneficio causaría una disminución del volumen de beneficio, lo que daría lugar a una “sobreproducción absoluta” de capital y un descenso de la producción. Marx explica todo esto en el volumen 3 del Capital, capítulo 15. Y esto es lo que ocurrió en la Gran Depresión.

¿Cuán es la situación a mediados de 2018? Bien, los beneficios empresariales en EE UU siguen creciendo, aunque los beneficios no financieros se hallan por debajo del nivel de finales de 2014.

En una reciente publicación, G. Carchedi señaló tres indicadores de cuándo ocurren las crisis: cuando la variación de la rentabilidad, del empleo y del valor nuevo (v+s) son todas negativas al mismo tiempo. Cada vez que ha sucedido esto (12 veces desde 1946), ha coincidido con una crisis o caída de la producción en EE UU. Este es el gráfico de Carchedi.

El cálculo que he efectuado de la tasa de beneficio de EE UU hasta 2017 confirma que el primer indicador ya es una realidad. Sin embargo, el “valor nuevo” conoció dos trimestres de declive en 2015 y uno 2017, pero en los dos primeros trimestres de 2018 ha aumentado, y el empleo sigue creciendo. Así, sobre la base de estos tres indicadores (Carchedi), en la economía estadounidense no es inminente una nueva recesión cuando 2018 está entrando en el último trimestre.

En resumen, la ley marxiana de la rentabilidad a largo plazo se ha visto nuevamente confirmada. Me recuerdan que en 2013, Basu y Manolakos llevaron a cabo un análisis econométrico muy sofisticado de la ley de Marx aplicada a la tasa de beneficio de EE UU, teniendo en cuenta todos los factores contrarios, como el abaratamiento del capital constante y el aumento de la tasa de plusvalía. Concluyeron que “no hay pruebas contundentes de una tendencia descendente a largo plazo de la tasa de beneficio general de la economía de EE UU en el periodo que va de 1948 a 2007”. Esto quiere decir que sí había pruebas, pero que no eran decisivas. No obstante, también observaron que el declive de la tasa de beneficio de EE UU era “negativa y estadísticamente significativa”, es decir, que el descenso de la tasa no era aleatoria. Por consiguiente, “hay pruebas estadísticas a favor de la hipótesis de Marx sobre el descenso en el tiempo de la tasa de beneficio general”. Basu y Manolakos admiten que hubo un descenso anual medio del 2 % de la tasa de beneficio de EE UU durante el periodo señalado. En mis cálculos menos elaborados he llegado exactamente al mismo resultado para el periodo que va de 1947 a 2007 sobre la base del coste histórico.

En conclusión, ha habido un declive secular de la rentabilidad en EE UU, con un descenso del 28 % desde 1946 y del 20 % desde 1965; y del 6 al 10 % desde el pico de 2006. Por tanto, la recuperación de la economía estadounidense desde 2009, al final de la Gran Recesión, no ha restablecido la rentabilidad hasta el punto de volver a su nivel anterior. Asimismo, el factor determinante de la caída de la rentabilidad es el aumento secular de la composición orgánica del capital, que ha crecido alrededor de un 20 % desde 1965, mientras que el principal “factor contrario”, la tasa de plusvalía, ha disminuido.

En 2017, la tasa de beneficio estadounidense, con respecto a 2016, descendió según algunos cálculos (un 2 %) y aumentó ligeramente según el mío (un 1 %). Todos los cálculos demuestran que la tasa de beneficio de EE UU en 2017 era del 6 al 10 % inferior al nivel que tenía en 2014.

The US rate of profit in 2017

Traducción: viento sur

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