La maldición de la riqueza natural de Guatemala

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Edi D. López S.
Varios científicos sociales, especialmente economistas, ecologistas, sociólogos entre otros, han analizado la explotación de los recursos naturales en países de África, Asia, América Latina y al analizar el modelo, las consecuencias, beneficios y costos de explotar los recursos naturales, han concluido que, para los países que tienen esa riqueza natural, se ha convertido en una maldición, hasta ahora Guatemala parece estar en dicha situación.

Para nadie es un secreto, la diversidad biológica de Guatemala, la maravilla que implica contar con una variedad de climas y microclimas en un territorio pequeño, deja asombrado a más de algún científico que viene a estas latitudes. El país de la eterna primavera que, hacía sentir orgullo por este terruño, empero ya no lo es…la grave deforestación ha convertido en la práctica a un recurso renovable como el bosque, en no renovable, con sus nefastos e invaluables efectos dañinos sobre el ecosistema, diversas formas de vida animal y vegetal. Aún en los años 70 del siglo pasado el departamento del Petén, era considerado por la cantidad de bosque, el pulmón de Centroamérica, actualmente queda únicamente el 10% de ese bosque, las maderas preciosas fueron a parar a pisos de lujo de edificios de Europa y Estados Unidos; el problema ha sido esa modalidad extractivista, depredadora, hacer dinero rápido al menor costo posible, en lugar de aprovechar racional y económicamente el recurso forestal, reforestando especies nativas –que a su vez crearía empleo- la práctica llevado a cabo, ha dejado comunidades que viven en condiciones de pobreza y pobreza extrema con suelo pobres que, no producen mayor cosa; a veces se asevera sin más que, la principal causa de la deforestación, es el campesino pobre, por el uso de leña…nada más alejado de la realidad.

La conquista española en Guatemala, además del saqueo y muerte significó el destierro de los indígenas a las parte altas del país, a las montañas, las mejores tierras, quedaron para los españoles y sus descendientes. Pero las necesidades de inversión del gran capital nacional y transnacional, hace que de nuevo las tierras y recursos naturales en donde viven los pueblos guatemaltecos, estén bajo asedio, despojo, en función del lucro que se busca.

Los cantos de sirena, que propagan cual cajas de resonancia medios de prensa, algún “tanque de pensamiento” y los campos pagados de las empresas que están invirtiendo en minería, hidroeléctricas, palma africana, en el sentido que estas inversiones crean empleo, progreso al país y a las comunidades; la realidad demuestra todo lo contrario. Las tierras compradas a las comunidades para la actividad minera, han sido con desconocimiento de la actividad económica a realizar, por consiguiente no se vendió al precio indicado, en beneficio de las grandes empresas. Y los resultados de la actividad minera en Guatemala y otros países está a la vista: grandes utilidades, ganancias para las empresas, regalías que no llegan ni a migajas para el país, lo cual está en ley; comunidades divididas, grave deterioro ambiental inmediato y aún falta lo peor, uso gratuito del agua y contaminación de la misma.

Similar situación con las inversiones en hidroeléctricas, la riqueza hídrica del país, en donde comunidades tienen uno de sus principales medios de vida, están hoy amenazadas por esta modalidad de inversión que, no considera las necesidades de la gente; únicamente velan por las utilidades, ganancias del capital. Casos como el del río Cahabón, ilustra la pugna generada, un recurso natural, con toda su riqueza, del que dependen familias para su consumo familiar, ha sido prácticamente secuestrado. Las comunidades al oponerse a estas actividades económicas, que les trae más daños que beneficios, se encuentran ante un Estado que no vela como dice la Constitución por sus derechos, más bien se suma la criminalización de sus luchas y reivindicaciones. A pesar de la cárcel, asesinatos, como bien lo sabe la gente, la tierra, el agua es vida.

Una luz en este túnel, lo constituye esas reivindicaciones de los pueblos indígenas, sus modalidades de gestión de los recursos naturales; en Petén el poco bosque que se conserva, es gracias a la concesión que tienen comunidades ubicadas en esa región.

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