Control de finanzas partidarias o el desacaro de los camisas blancas

Miguel Angen Sandoval

Un show mediático o un escandalete a la carta es lo ocurrido el 16 de agosto en el TSE. A ese lugar se presentaron turbas en camisa blanca, de una agrupación Guatemala inmor(t)al y de la fundaterror. Todo para protestar por el acuerdo de colaboración entre el TSE y la Cicig. El acuerdo lo que busca es sencillo:

1.- regulación sobre las finanzas partidarias, sobre todo en campaña
2.- supervisión sobre la duración de las campañas políticas
3.- Controles cruzados sobre el uso de medios de comunicación
4.- Vigilancia para que no haya plata ilícita.
5.- rigor con los techos de campañas
6.- exigencia de penas severas ante violaciones a estas restricciones.
7.- rechazo al transfuguismo por antiético
8.- y un largo etcétera.

Es obvio que todo se debe a la forma en que durante años los partidos se comportaron en nuestro país, donde llegaron a convertirse en micro empresas electorales, salvo alguna excepción. Y ahora, un grupo de gente sin principios y sin estatura política, pretenden que todo siga como siempre: esto es, con impunidad, con clientelismo, con pautas pagadas bajo la mesa, con partidos-empresas, con asambleas de cartón, con empresas beneficiarias de los resultados del financiamiento electoral.

Para ello gritan contra la batida contra la corrupción y atacan a la Cicig y su comisionado al MP y la nueva fiscal, que aunque no guste, se encuentran sólidamente avalados por la ONU y los EEUU mas las diversas expresiones de la comunidad internacional. Y cada vez que gritan por la soberanía solo provocan risas y mas risas. Mis gordos.

En suma, se oponen a la transparencia, a la ética en la política. A la democracia de verdad, a las elecciones democráticas. Creo que no merecen ser tomados en serio. Son la resaca de la resaca, son la expresión de los desagües de la vieja política. Son la vergüenza nacional.

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