Las (in)justicias

Maciek Wisniewski
De no estar sacrificándose para su país, el presidente Y estaría ganando millones en el sector privado

Imagínense a dos mandatarios. El mandatario X acusado de recibir supuestamente de una empresa a cambio de contratos gubernamentales un lujoso departamento amueblado al gusto de su (fallecida ya) esposa –que al final no es tan lujoso, tan amueblado, ni, desde luego, tan suyo – fue condenado a 12 años de cárcel por corrupción en una verdadera “Bliztkrieg jurídica” (también hay otras palabras para hablar de esta cochinada) y ya lleva casi cuatro meses tras las rejas.

¿Las pruebas? Inexistentes. Bastaron las palabras. Unas (¡Yo se lo di!) de un empresario corrupto, que a cambio gozó –por supuesto– de una generosa reducción de su propia sentencia (bit.ly/2qVq2sI). Y otra –¡Culpable!– de la boca de un juez justiciero que, si alguien se tomara en serio el significado de la justicia, debería cambiar inmediatamente su toga por el uniforme carcelario.

Por otro lado está el mandatario Y, quien desde hace años está siendo investigado –junto con su esposa– por fraude al Estado y prácticas incompatibles con la función pública, o sea –cortesía del traductor de Google– la más descarada y desvergonzada corrupción común y corriente. Desde hace años la policía está a punto de concluir sus investigaciones. Desde hace años el fiscal general está a punto de formular la acusación oficial. ¿Y…? Nada.

El papeleo –los casos, las pruebas, los testimonios (igual a cambio de uno que otro arreglo, pero al menos varios y en consonancia uno con el otro), las fotos, las grabaciones, etc.–, dividido en varias carpetas, crece con cada día que el susodicho sigue al timón. Sus nombres son adecuadamente voluminosos:

Carpeta 1000: trata de los obsequios –puros (más caros) para él, champán rosa (más caro) para ella, más joyas y otras cosas– que la pareja real exige desde hace años de varios millonarios en su entorno a cambio de influencias. ¿Su valor? Más de un cuarto de millón de dólares.

Carpeta 2000: trata de la oferta de corrupción que el mandatario Y le extendió al jefe del segundo diario de su país: una cobertura favorable para él y para su –detestada generalmente– esposa, a cambio de la reducción del tamaño y tiraje del periódico más grande (fundado de hecho por otro millonario amigo con el solo propósito de glorificar a dicho mandatario).

Carpeta 3000: la más pesada, pero igual la menos avanzada, sobre las mordidas que repartía el astillero alemán en la venta de sus submarinos y otras vinculados con las concesiones de las plataformas gasíferas: mucho dinero se fue a muchos bolsillos de la gente cercana a Y (¿y los de su traje cómo quedaron?).

Carpeta 4000: finalmente sobre los afanes de asegurarse –otra vez– cobertura amigable de un portal de noticias a cambio de reformas gubernamentales favorables a su dueño, magnate de telecomunicaciones.

Hasta aquí los hechos. Y hasta aquí la imaginación. ¿O alguien sí es capaz de imaginarse lo que se desataría si el mandatario X hubiera cometido la pequeña –siquiera– fracción de lo que Y ya tiene en sus expedientes? Pero luego no hacía falta que hiciera nada.

O solo una cosa: ser el candidato más popular en la mira de las elecciones presidenciales de octubre, en las que –en caso de presentarse– al parecer quedaría relegido con una holgada ventaja. Y si alguien se queda con un sabor de injusticia en la boca siempre se le puede decir –¡bienvenidas las interpretaciones de la dictadura global mediática!– que fue un mal necesario: una cárcel preventiva ante el advenimiento del autoritarismo. Ok…

El mandatario Y fue relegido como primer ministro –y sigue (una curiosidad…) gozando de una gran popularidad a pesar de ser un corrupto…– ya tres veces. ¿Algún problema? Para nada. En este caso es estabilidad, conocimiento, experiencia. Experiencia. Eso sí. Después de su primer mandato (en 2000) la policía confiscó de la residencia oficial 700 regalos demasiado costosos para ser aceptados para empezar (150 desaparecieron), declinando luego acusarlo. Igual él ya sabía después que no hay que dejarlos pasar.

Según su esposa, cuyo propio proceso por la defraudación de fondos públicos acaba –por supuesto– de posponerse, de no estar sacrificándose para su país, Y estaría ganando millones en el sector privado (así que algo se merece). Según su abogado, es una persona honesta, sólo tiene debilidad por la gente rica (sic).

El mandatario X –mala suerte– tenía más debilidad por la gente pobre, razón precisamente de la arremetida del fascismo en su contra (bit.ly/2mH48qs). El fascismo del que Y es el paladín en su país (bit.ly/2v0T8ry). De verdad. Por misteriosos caminos se mueve la dialéctica.

El mandatario X es por supuesto Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) y el Y Benjamín Bibi Netanyahu (Israel). En tiempos de la supuesta desaparición de la diferencia derecha-izquierda su caso tiene un beneficio adicional. ¿O alguien todavía insiste de que la Temis es ciega, los lados de su balanza no importan y sus platos (derecho-izquierdo) no están amañados?

La Jornada

Texto completo en: https://www.lahaine.org/las-in-justicias