Congreso: #DepuraciónYa

Miguel Ángel Sandoval

Los últimos días han sido de una escuela política insospechada. No por lo dicho o por la forma en que se ha dicho. Es por el significado de la torpeza política de muchas de las intervenciones de los diputados, por la frescura con la que defienden lo indefendible, por la forma en que pretenden justificar su naturaleza corrupta y encima de todo, ilegitima. Son las declaraciones del principito Arzu, que en verdad sacan las lagrimas por lo risible, o las del diputado Hernández que lamenta que se pierda la “gobernabilidad”, o de Galdamez despotricando, o de Conde justificando cualquier cosa En verdad un circo de humor involuntario.

Hoy día ya no sabemos quiénes son tránsfugas, quienes son representantes de algo que no sea su bolsillo y sus intereses. Si vemos el mapa de los diputados electos en 2015, vemos que había 45 del partido Líder, que ahora ya no existe, pero los diputados siguen en el congreso, (unos cuantos con proceso de antejuicio y otros en Mariscal) o con otras siglas o “independientes”. Igual el PP que a pesar de la debacle de su gobierno, logro 18 diputaciones que ahora quien sabe dónde andan, pero se sienten legítimos, expresión de la democracia, guardianes de la constitución. Puajjj

La tapa al pomo se la puso el FCN que con 11 diputados llegó a unos 35 o más, que ahora no se sabe de dónde vinieron ni hacia donde se van. Andan perdidos en el hemiciclo, como cucarachas fumigadas. Pero el tema es que entre unos y otros son la mayoría de votos cuando se votan leyes cargadas de ignominia o simples reformas retardatarias. En pocas palabras, los tránsfugas son, hoy por hoy, mayoría legislativa, nos guste o no, lo sepamos o no, lo aprobemos o no. Duros tiempos políticos. Eso es lo que le da nombre a la crisis política que vivimos en el país, no hace falta por tanto, detenerse en lo que dejan de hacer o lo que hacen: son desde el origen, espurios, ilegítimos, expresión acabada del odioso transfuguismo político. Son la vergüenza nacional.

En medio de este cuadro, hay la idea que los diputados son finalmente la clase política del país; en verdad rechazo esa idea. En otro contexto podría ser legítima, pero la realidad nuestra no permite pensar en esos términos. Creo que son la antítesis de la clase política, pues son una buena mayoría de rufianes, transas, buenos-para-nada. Y si bien han sido correa de transmisión de los empresarios, en la actualidad también estos se encuentran señalados, y parece que a la defensiva, sin querer ser parte de ese bazar seudopolitico que representan los actuale diputados que conforman la mayoría.

La mayoría tiene el pecado original de ser de partidos políticos que ya no existe, que fueron cancelados por el cúmulo de actividades ilegales. O sea que no tienen ninguna legitimidad pues la mayoría del voto se dio en las elecciones pasadas y en las otras, a los símbolos partidarios que se vendieron como jabón, producto del financiamiento ilícito, o a los votos comprados, que son miles. No al carisma o al liderazgo de perfectos desconocidos, como son la mayoría de diputados tránsfugas que no representan a nadie.

Lo grave de todo esto es que en el congreso se respalda este tipo de cosas con la idea que son la clase política y que por lo tanto es necesario defenderla de los empresarios… o de los narcos, o de quien sea pero en las actuales circunstancias, esto no es un argumento que pueda tomarse en serio. No son la clase política, no merecen que se gaste tiempo en argumentar a su favor. Son la expresión de una crisis terminal de lo que fue la clase política, en donde quedan acaso, un par de sobrevivientes. La depuración esta a la orden del día, en una tarea que debemos impulsar ahora saneando al máximo el congreso, y culminar con nuestro voto en las próximas elecciones eligiendo a otros, que no tengan en su vida el pecado original del transfuguismo, ni la transa como cartas de presentación.

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