No hay vuelta atrás

Por Mario Rodríguez.

Pongamos las cosas en orden, los acontecimientos de la semana son tantos, que es necesario tomar un respiro para analizar la complejidad que estos hechos tienen; observar parcialmente la coyuntura puede generar más confusión.
Partamos de algo concreto, no hubo un quiebre institucional sino político, el cual nos lleva a concluir que esta, es una crisis sistémica que pone en riesgo todo, pero no al sistema. Comencemos explicando este punto.

La situación actual representa el episodio “casi” final del fracaso del modelo oligárquico – neoliberal – contrainsurgente que se instauró posterior a la firma de la paz. Por un lado el Estado era desmantelado como dicta el dogma neoliberal, por otro lado, se creaba una funcionalidad corrupta a nivel estatal que provoca la zozobra en que nos encontramos. Esta cooptación criminal del Estado y su destrucción fue posible con la participación de las élites empresariales, militares y políticas de este país.

El accionar de la CICIG con Iván Velásquez ha puesto al descubierto ese entramado sobre la cual las mafias se aprovecharon del Estado para su beneficio particular. Ha tocado las estructuras criminales más evidentes y por eso el muro de la impunidad se ha ido derrumbando poco a poco. La ofensiva que encabeza Jimmy Morales contra Iván Velásquez, es el inicio de la cruzada para desmantelar la lucha contra la corrupción, retomar el control de las instituciones fundamentales y regresar al viejo esquema de cooptación institucional que tan bien funcionó, hasta la llegada de Velásquez a la CICIG.

El caso contra Jimmy Morales es el corolario del sistema de financiamiento electoral ilícito, una práctica común que normalizó la corrupción, como dijo el propio mandatario. Ante esa amenaza, los corruptos, esas fuerzas que configuraron las redes criminales que en la práctica son el sostén del presidente Morales, ahora accionan en todos los frentes sin importar más nada, pues se resisten a perder esos espacios, para continuar con sus negocios al amparo de la impunidad. Eso explica la reacción de muchos agentes sociopolíticos que han tomado partido, no por Jimmy, ni a favor de Iván, sino más bien, en función de sus propios intereses.

El accionar de la CICIG y el MP tampoco hará que el sistema cambie, tal y como lo quieren algunos sectores. El accionar jurídico, solo puede garantizar el fin de la impunidad y la corrupción. En todo caso no será el fin de los corruptos.

Esta lucha tampoco representa un peligro para el cambio del modelo económico productivo. A pesar que ese entramado corrupto enquistado en el Estado, es funcional para ciertos sectores empresariales, el modelo económico no está siendo cuestionado. Más bien, hay una parte minoritaria del empresariado que tímidamente se ha distanciado de esos métodos corruptos, lo que provoca una pequeña división con la cúpula aglutinada en el CACIF que se encuentra entre el dilema de condenar la corrupción, apoyando a Jimmy Morales y buscándole salidas negociadas a la crisis, como ahora lo hace, pero sin fijar una postura clara y contundente sobre la continuidad de Iván Velásquez. La lucha contra la pobreza no moviliza a nadie y la lucha contra la corrupción nos enfrenta como sociedad ante los corruptos.

Pero todas estas relaciones legales si han trastocado la estructura de privilegios, mecanismos y formas en que se sustentan los beneficios económicos que “derrama” el neoliberalismo corrupto para sus élites. Por ejemplo, cuando hablamos de la credibilidad del país, afectada por la ineptitud de un presidente, nos referimos a la calificación que otorgan las agencias de riesgo en materia económica y política. Desde el año 2015 la inversión extranjera directa viene en picada. El propio Banco de Guatemala, por medio de sus directivos, alarma sobre la continuidad de la crisis y su impacto en la economía.

El ingreso de divisas al país se sostiene por esos seres despreciados en su patria, que sustentan buena parte nuestra economía a través de las remesas. Estados Unidos lo sabe, lo vive, lo resiente, y no puede darse el lujo que un experimento tan vital para sus intereses como la CICIG termine en una disputa jurídica constitucional, pues sentaría un mal precedente para otras instancias similares que se quieren implementar en los países del triángulo norte, área de importancia geoestratégica para su seguridad nacional.

Por eso, el llamado regaño de la vice canciller a los cooperantes es claro, “no nos dejen solos, la CICIG sigue”. Las implicaciones son dramáticas en un país que vive en gran medida de la cooperación, pues los impuestos no dan para mucho más. El Plan para la Prosperidad, el principal programa de ayuda económica de Estados Unidos se quedaría sin interlocutor válido e impactaría directamente en su brazo ejecutor: Fundesa, el ente social de los empresarios. El propio Fukuyama dice que somos un país podrido, apestoso. En otras palabras, en el ámbito internacional este gobierno queda como cómplice de corruptos, limitando así la posibilidad detener una sociedad adecuada.

Entonces, la crisis es más profunda de lo que uno puede pensar. La ineptitud del mandatario solo le pone la guinda al pastel. Estados Unidos lo sabe perfectamente, porque bajo su supervisión, en la lucha contra el comunismo como primer objetivo y después en función de sus intereses, se fue configurando ese Estado. Algunos sectores ven poca contundencia por parte de Estados Unidos contra Jimmy Morales, después de su alocución contra Iván Velásquez y la indecisión sobre las consecuencias que tendría para el país y no contra el mandatario.

Estados Unidos al final también le apuesta a un reacomodo de las fuerzas políticas, incluyendo las corruptas. La reunión de Jimmy Morales con el CACIF, justamente indica esto. Las alianzas del presidente con los corruptos, deja pocos caminos para generar más confianza. El grito desesperado de Jimmy para salvar su pellejo y el de su familia, fue hábilmente manipulado por todo un ejército experimentado en guerra de baja intensidad para frenar la destrucción del Estado corrupto, o por lo menos, reducir los daños entre sus adeptos. El llamado a la guerra de Arzú debe ser interpretado como un golpe sobre la mesa, no en favor de Jimmy, ni en contra de la CICIG, sino a favor de parar la persecución penal para desmantelar el sistema corrupto, en donde él, puede estar siendo investigado. El papel oscuro de una parte de la iglesia católica y evangélica también es sospechoso. Alguien en las redes sociales le llamó un pacto de cúpulas a favor de la corrupción.

Esas élites buscan una salida negociada para la situación que vivimos, que a pesar de ser crítica en ningún momento pone en riesgo la estabilidad política y económica del país. El problema ahora es Jimmy Morales y el rumbo que tomará luego de la resolución de la Corte que claramente expresa que deben resolverse las controversias dentro del convenio suscrito entre las partes. En ese escenario, el mandatario sin saberlo se convirtió en el máximo responsable de la corrupción de aquí en adelante.

Los otros actores ya han activado sus mecanismos para reducir los daños y volver a la normalidad. Incluso la misma fiscal general proponía salidas negociadas. El acuerdo llegará tarde o temprano, con o sin el mandatario. El asunto es saber si habrá o no intransigencia en la lucha por la justicia. La agenda marca las fechas claves en la continuidad de la lucha contra la corrupción: la renovación del Ministerio Público, la Contraloría de Cuentas y la Corte Suprema de Justicia serán las próximas batallas.
Vista así las cosas, esta ofensiva comandada por Jimmy Morales forma parte de un plan más elaborado de las mafias, un plan de largo aliento que destierre por completo a la CICIG del país. Y en este punto, la batalla de las ideas es fundamental para el desenlace que tenga la situación. La opinión pública, en ese sentido, está poco estudiada, bastante manipulada y me temo que pueda ser incierta su reacción.

Pongamos las cosas en claro, las marchas de antes y de ahora no son para hacer la revolución, ni mucho menos para tomar el poder. Defender a la CICIG, incluyendo el accionar de Iván Velásquez y Thelma Aldana, solo representa una postura ética contra de la corrupción. Ni más, ni menos. En esta lucha las formas cuentan, pero el fondo es determinante. Y de aquí en adelante los mecanismos para lograr uno u otro objetivo están claros, es una lucha frontal por la justicia, contra la corrupción y los corruptos, en eso se debe tener claridad.

Toda esa avalancha de acontecimientos empalmará precisamente con el calendario electoral. En cualquier otro espectro del pensamiento político no existe una propuesta viable para derribar el sistema, quizás solo para reformar y crear un sistema más democrático en lo político y construir uno menos corrupto. Pero la crítica a la situación social no se ve en ningún lado. Los esquemas mentales neoliberales siguen presentes en mucho de los actores políticos que más se manifiestan. Y esas estructuras estatales siguen intactas y continuarán así, llegue quien llegue después de Jimmy Morales.

Los oligarcas y militares, todos los fascistas unidos en favor de la corrupción, comprenden eso, pero asustan con el petate del muerto con el miedo la izquierda y los comunistas. Lo que está en juego son sus privilegios corruptos, no el cambio de régimen. Ni siquiera el quiebre constitucional. Apoyar sin reservas a los políticos corruptos significa ni más ni menos que aferrarse al sistema que configuraron. Quieren que todo siga igual. Con sus privilegios y su impunidad.

Los valores en juego, por mucho que Jimmy diga que es normal la corrupción, puede determinar los motivos de la lucha y su desenlace. Aquí no solo se debe cuestionar el accionar corrupto de los operadores políticos, también los empresariales y de paso valorar el daño que la propuesta neoliberal hace a nuestra vida. Lograr desterrar esas ideas, puede significar un cambio importante en la correlación de fuerza por la democracia. La reformulación de esos valores hará un cambio de importancia vital para el país.

En el último episodio de esta crisis ha salido ganando la gente. Eso no significa que todo concluyó y viviremos felices el resto de nuestros días. La batalla por mantener los espacios de poder y los negocios corruptos seguirá, ahora con mayor ahínco y determinación, con la certeza que tienen los corruptos de haber obtenido una ventaja importante. La lucha contra la corrupción debe ser más integral, sin fisuras. Hay mucho en juego para darse por vencido de ambos lados.

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