Decepción

Mario Rodriguez

Jimmy Morales resultó ser un fiasco. Es la percepción que surge a diario de las conversaciones cotidianas de la gente en los mercados, en los centros de trabajo y en general en muchos hogares. Su incapacidad para hacer frente a los múltiples problemas que vive el país es manifiesta. Su retorica hueca y sin sentido de la realidad, lo retratan de cuerpo entero. El puesto le quedo grande, es la conclusión generalizada entre gente que gusta hablar de política.

Jimmy Morales despertó simpatías en buena parte del electorado urbano de clase media y capitalizó el descontento de la plaza. Pero ese activo político se fue diluyendo y su apuesta por revivir la vieja política le resto credibilidad y apoyos en la ciudadanía. Sus asesores se han convertido en el poder en la sombra y muchos siguen empecinados en velar por sus propios intereses, más allá de las necesidades por resolver en la sociedad.

Por qué ha sucedió esto. Primero, el proyecto que lo llevo al poder carecía de un plan de gobierno y él nunca tuvo una hoja de hoja de ruta, ni la tiene ahora; su estrategia se baso en aprovechar la coyuntura para ganar la presidencia, pero después de eso, nada. La agenda política es reactiva, limitada por su escaso conocimiento de la realidad social y política del país. Sus intervenciones son poco asertivas y hace aguas cuando los problemas superan sus propias capacidades. Segundo, no tiene un equipo de trabajo idóneo. Su vicepresidente actúa por la libre, saboteando en algunos casos las decisiones tomadas por su jefe. Tercero, mucho de los cuadros medios nombrados a dedo por el mandatario, resultaron ser tan incapaces como él. A la falta de experiencia se suma también la arrogancia que prevalece en el mandatario y sus cercanos.

Pero la situación no está para ensayo y error. Por un lado la pobreza golpea a diario a miles de personas en el país sin que la acción gubernamental modifique dicha tendencia, mientras que por el otro lado, la corrupción continua prevaleciendo en muchos espacios estatales, a pesar de los esfuerzos realizados por la CICIG y el MP. Es decir, los problemas estructurales siguen sin tener solución, frente a un ejecutivo que hace aguas por todos lados.

La conducción del país se encuentra en piloto automático. El vacío de poder generado por la ineptitud en la conducción estatal ha sido aprovechado por diversos sectores que han parcelado el accionar del estado, sin un plan unificado, ni coordinado. Cada quién hace lo que puede. Y muchas veces no hacen nada. Sobre el presidente y el vicepresidente ronda la inestabilidad en su gestión.

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