La fábula del grillo y el mar

Por Jorge Mario Salazar

¿De qué tamaño es la ignorancia que se le restriega a la gente como información? Como las desdichadas opiniones de criminales de la palabra que mienten sin el menor recato con frases como: “Nos convertiremos en otra Venezuela “, para expresar su desacuerdo con las reformas constitucionales al sector justicia. O los que dicen que las reformas propuestas por la comisión técnica fueron “dictadas en inglés y en colombiano” (sic). Y si uno reflexiona en lo que dicen, minuciosamente, en el tono que lo expresan, si desmenuza el contenido de sus supuestos argumentos, se da cuenta que solamente son una sarta de estupideces mal intencionadas que no tienen otro propósito más que intentar detener el tiempo político en los años 50´s.

No es una casualidad que estas personas, vinculadas con los grupos de militares acusados por casos de corrupción y de crímenes de lesa humanidad, con los negocios fáciles que engordaron la bolsa de las familias “honorables” de la oligarquía y de funcionarios que se aguantaron una vergüenza que pasa y el pisto se quedó en casa. Políticos y abogados que han envilecido sus profesiones con tal de recoger las monedas que caen de los sacos de los corruptos y criminales y que hoy ostentan fortunas mal habidas burlándose de la sociedad. No es casualidad que cuenten con los medios de comunicación que monopolizan la información enlatada con la que adormecen y confunden a los consumidores. Medios de comunicación que fueron adquiridos de maneras turbias en alianzas con el crimen organizado y las elites económica, política y militar y sus esbirros. Tales casos de las cadenas de Rabé, los Archila, los Kaltsshmitt, Prensa Libre y los sempiternos capos de los medios escritos.

Para nada es casual que las iglesias evangélicas se pongan a repetir en sus púlpitos las peroratas de los voceros de la infamia dirigidos por el chulo Fratti y su séquito de frambuesas de poco seso y lengua larga. No es casual que Zapeta implore en la tele que no todos los que se oponen a las reformas son criminales, a lo que respondo, eso es lo peor, que no seas criminal y que los defiendas sólo por un esnobismo en el que se pretende polarizar a la población con el miedo que estas reformas nos lleven al infierno socialista en lugar de este paraíso de corrupción.

No voy a presentar argumentos a favor de las reformas. Hemos constatado en la práctica que el sistema de justicia está coludido y que buena parte de esa colusión radica en el consabido proceso, hecha la ley, hecha la trampa. Que como funciona el sistema de justicia, si tenés pisto no te aplica la ley. Que si no tenés pisto te podés quedar preso por siempre. En Guatemala no se trata de que seas culpable o inocente. Eso lo sabemos. Como sabemos que cada elección de las cortes, de Constitucionalidad, de la Suprema, de Apelaciones, del TSE, del MP, de la PDH, corren ríos de dinero (en su mayor parte del crimen organizado) de quienes pagan su impunidad anticipada. No son especulaciones. Lo sabemos. Lo vivimos. El actual Ministerio Público y la Cicig han demostrado la corruptela que prevalece en el sistema de justicia y quiero, deseo, necesito para el futuro de mi país, que todo ese sistema corrompido se transforme y que los corruptos y criminales no vuelvan al control de las cortes y la política.

Porque el sistema de justicia actual No funciona, SI a las reformas.

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