El sistema hace cómplice a la educación tradicional.

Jairo Alarcón

La educación es uno de los pilares sobre el que descansa todo país civilizado, de ahí que una sociedad que no invierte en educación de calidad, está condenada al fracaso. Existen dos modelos antagónicos que Paulo Freire describió: la llamada educación bancaria, domesticadora que hace a los individuos pasivos; y la educación liberadora o problematizadora en entes activos.

La bancaria consiste en el aprendizaje por contenidos o depósitos. En este modelo, el docente expone su asignatura y exige que el estudiante reproduzca lo expuesto por él, sin cuestionar ni problematizar lo enseñado. La otra, la problematizadora, es crítica, dialogizante, requiere de una actitud dinámica de los estudiantes y obliga a pensar.

En la de contenidos, el estudiante reproduce lo que el docente deposita en su cabeza; en la problematizadora toda enseñanza de este es cuestionada. En países como Guatemala, la educación domesticadora, que acomoda a los estudiantes al sistema, es la que tiene vigencia en la mayoría de planteles. La libertaria, es considerada subversora.

Mientras menos se cuestione lo que el mercado difunde, a través de la publicidad, más consumo alienante se fomentará, en consecuencia al sistema no le interesa que las personas reflexionen, cuestionen, revisen, indaguen, más bien, requiere sujetos dóciles que acepten como válido lo que se les dice.

¿Qué se pretende a través de la educación? ¿Cuál es el modelo más adecuado para el desarrollo integral del individuo? ¿Se espera formar sujetos pasivos para convertirlos en piezas anónimas del sistema? O, ¿quizás se pretenda la consolidación de personas críticas que constituyan factor de cambio para el desarrollo social?

El proceso de enseñanza aprendizaje debe fortalecer los tres factores esenciales de la educación crítica: el poder conocer, el poder hacer y el poder ser. Cada uno de estos se complementan para una formación integral del estudiante, que no solo permita que este pueda hacer labores dentro de la sociedad, sino que a su vez cuestione el por qué las hace y el impacto que tiene lo que hace para los demás.

No obstante, el sistema hace cómplice a la educación tradicional para fomentar la pasividad en los estudiantes, fortaleciendo el poder hacer en función de los intereses de los empleadores. Aprender a pensar, a cuestionar, a ser sujetos críticos y devolver aquello que los antiguos griegos habían visualizado como esencial en los seres humanos, examinar lo que se ha visto, deberá ser la función de una auténtica formación educativa que libere de la ignorancia y convierta a los seres humanos en auténticos transformadores de la realidad.

Facebook Comments Box
Comparte, si te gusto