La fiesta del orgasmo como problema ontológico

Por Crosby Girón

En días recientes me ha tocado encontrarme con diversidad de expresiones relacionadas con el cuerpo en tanto fuente de placer. Cuerpos que van y vienen, saturados de etiquetas con determinadas cargas identitarias fuertes. Algunas resultan aberrantes, sobre todo aquellas que exudan opresión, pero luego están las problemáticas, las que una vez naturalizadas, parecen haberse cerrado para siempre. Me gustaría desentorchar, o al menos intentarlo, un par de hilos en torno a esta caleidoscópica madeja.

Primera problematización: El pene puede ser un clítoris muy “grande” o el clítoris un pene muy “pequeño”. El clítoris puede ser un órgano muy “complejo” y el pene muy “simple”. Las reducciones nos alejan de la hermandad. La complejidad de lo que subyace es lo que interesa, es decir, la costra social que emerge desde los lenguajes, muchas veces estereotipados y esquemáticos. Segunda problematización: Hoy pareciera que asistimos a una clitorización de ciertas formas políticas, y a una despeneificación como única forma/fuente, contra la opresión. Aquí se olvida el paraguas bajo el que se resguarda la dialéctica realidad.

Cuestiones ineludibles para que este texto no se preste a equívocos: efectivamente la vida en general debe ser entendida como una problematización ontológica atravesada por operaciones de poder que, muchas veces, como dice Judith Butler, se expresan desde ciertos marcos epistemológicos políticamente saturados. Así, se puede afirmar que lo que tenemos entre manos, o lo que se puede ver que está en lo profundo, es el tema de una nueva ontología corporal.

Una pregunta clave en ese sentido es, entonces ¿qué significa ser un cuerpo? ¿Se puede hablar de régimen de verdad cuando se rastrean imágenes subterráneas de la destrucción? ¿Cuáles podrían ser las implicaciones de preguntar abiertamente si el paradigma liberal no es otra cosa que un acto performativo de la ley o una relación con la ley? ¿Quién es el soberano que decide la producción de la fuerza de ley, entendida como una estructura organizativa/administrativa?

El proceso de valorización capitalista nos media desde exigencias de sociabilidad en las que por supuesto, dejan frente a nosotros planteamientos irresueltos como el significado de la vulnerabilidad, dañabilidad, interdependencia, exposición, deseo y como telón de fondo, el trabajo. ¿Por qué? Precisamente porque si se piensan como reivindicaciones del lenguaje y de pertenencia cultural, en ellas radica la persistencia y prosperidad del cuerpo. He aquí uno de los elementos centrales del problema.

Volvamos a terrenos de mayor humedad, de mayor elasticidad, a las oscuridades pantanosas de la modernidad líquida: la floral putrefacción de la carne viva. Si la libido es un campo al cual no nos es permitido acceder sin mediaciones ¿cómo transformar esas mediaciones para eximirlas de opresión? ¿cuál es la dinámica y la ética gramatical de un nuevo hombre, de una nueva mujer?

A simple vista las definiciones biológicas, como aparentes ejes materiales de la cuestión, podrían parecernos acertadas: pero hay que decirlo, la mayoría de las veces son problemáticas, porque dejan por fuera elementos de primer orden. A partir de ellas se puede observar que hay una visión desde el Estado absolutista y la ideología liberal en que se hace un esfuerzo por sostener una sociedad disciplinaria y que parecen absorber casi cualquier planteamiento emancipatorio, lo cual, a mi entender, es un grave riesgo.

Las preguntas que me quedan se relacionan con un punto de partida, quizá el único punto de partida posible: el yo, precisamente porque es el yo el que construye al otro, lo otro, la insondable otredad. Sí, una otredad que desde la escritura en tanto expresión, politiza, y que muchas veces surgen desde lenguajes aparentemente de luchas o de resistencias. Efectivamente, aún queda por preguntarse sobre esas posibilidades emancipatorias que surgen desde idearios liberales, pensando la palabra en su sentido clásico. Estamos en la ruta, acaso, de un nuevo camino cuyas piedras apenas empiezan a ocasionarnos tropiezos. Allí tropezarán, aquella mujer organizada que lucha hombro a hombro con el hombre que vale la pena, no por una semiología unívoca, sino por sus posibilidades complementarias.