Con el dedo medio levantado

Jorge Mario Salazar
Una seña procaz o coloquial según sean las circunstancias. En las películas las vemos utilizadas por los protagonistas de manera simpática y mordaz, mientras que en los antagonistas la misma señal adquiere un matiz vulgar y amenazante. El dedo medio levantado es una seña obscena cuyo significado se ha extendido a la sociedad internacional como parte de un lenguaje universal impuesto por la invasión ideológica del capitalismo en su incontenible expansión.

Esta simple expresión del lenguaje cotidiano sustituyó la conocida vieja expresión guatemalteca conocida como ojitos de cangrejo, misma que hiciera célebre al vicepresidente Jafeth Cabrera mostrando su puño con el dedo pulgar entre el dedoíndice y el medio, durante un acto público, lo que fue interpretado por la prensa nacional como un acto deleznable y vulgar mientras que el vice lo celebraba como una tradición universitaria.

Este viaje al lenguaje de la procacidad solo es un ejemplo para explicar la manera silenciosa en que nuestra ideología, el sistema de ideas sobre el cual se dirigen nuestras acciones y procesos de vida de manera inconsciente se van convirtiendo en una diferente de la cual creemos ser parte. Por eso hemos asistido a una serie de reclamos y críticas de intelectuales y otras personas que se creen inmunes a esta alienación, con respecto a la” Thanksgivenday”, celebrada por muchas personas en Guatemala.

Celebramos la idea que muchos guatemaltecos que viven en el extranjero elaboren el fiambre del día de los muertos y lo vemos con asombro y simpatía. Pues reconocemos que los lazos de la identidad nacional perduren en nuestros compatriotas, a pesar de las dificultades que supone un mercado limitado y extremadamente caro para conseguir los ingredientes para el platillo emblemático de una buena parte de los connacionales, como lo pueden ser los frijoles negros volteados, la tortilla de maíz nishtamalizado, el tamal, el pache o cualquier otro plato irritante como el chile chiltepe. Celebrar en el extranjero con un platillo que convoque a la mesa a nuestros hermanos y amigos debe ser tradicional, alegre, distintivo y fabuloso.

Para nosotros sí. Para los otros no. Sin embargo, somos doctos en el proceso electoral estadounidense, reclamamos con ardor el triunfo de nuestro candidato favorito, analizamos como se da el proceso de instalación de la nueva administración y tenemos elaboradas teorías de cómo se comportará el presidente electo allá. Seguimos cuidadosamente la agenda deportiva del coloso del norte: las ligas mayores del béisbol, el campeonato de fútbol americano, el básquet, Tenis, Atletismo, boxeo y cualquier guanaquería.

No menciono la agenda cultural y artística porque no podría enumerar la cantidad de eventos estadounidenses que llenan nuestra agenda propia y nuestra cadena de preocupaciones y angustias. Tampoco menciono las actividades cívicas y tradiciones de “allá” que permean el ir y venir del comercio de alimentos y postres que determinan los ciclos productivos de ciertas regiones de nuestro país, que se convierten en temas más importantes que la misma realidad nacional, por demás decepcionante y paupérrima.

Muchas de las personas que critican la celebración de los extranjeros de sus propias tradiciones en Guatemala, tal vez pierden de vista o no han percibido el fenómeno psicosocial de la expansión de los poderes del capitalismo, en el cual, el primer paso es la conquista ideológica. Llenar el espacio de lo cotidiano en el pensamiento de la ciudadanía es parte de la dominación planificada y construida por los intelectuales del imperialismo. Incluso, las protestas al sistema que se dan en muchos medios, tienen el propósito de poner en el ambiente aquello que critican sin sustento y sin argumentos que interesen en el pensamiento del ciudadano común.

Somos el eco vacío de las luchas antiimperialistas. Cada vez más distantes de las luchas sociales que se han vuelto más locales y altamente conservadoras. Cada vez más contradictorios entre los de “izquierda” que son igualmente conservadores y maniqueístas, la otra parte de la historia única que compiten por la liberación- dominación sólo que sin argumentos convincentes o sin ellos decididamente. El pasado nos atrapa y no imaginamos la forma de derrotar ese pensamiento adquirido e impuesto por nuestra sociedad. Hacemos resistencia pero no tenemos iniciativa proactiva contra esa dominación. Al igual que en la escala de quienes tienen y quienes no tienen, la brecha se amplía y profundiza en el mundo, la brecha entre las vanguardias intelectuales y las militancias de los movimientos de resistencia se amplían y profundizan. Perdimos el ritmo (iba a escribir: perdimos el timing).

El proceso de acumulación capitalista será su propia destrucción y la destrucción del mundo conocido. Los pobres somos quienes pagamos ese costo. Lo sabemos por la incapacidad que ha mostrado el neoliberalismo de cumplir sus promesas de mejorar la vida de los humanos y corregir las distorsiones de los mercados imperfectos, cosas que no logró a pesar de las consecuencias conocidas sobre el medio ambiente. Aun así no podemos determinar cuándo se producirá su hundimiento definitivo, pero se intuye que los procesos de victoria del ultraconservadurismo en diferentes partes del mundo: Jimmy, Brexit, Trump, el NO colombiano y otras muchas, son señales de profundización de esa decadencia y de ese principio del fin (paradójicamente); mientras tanto, cada vez más, a las iniciativas imperialistas no les hacemos ojitos de cangrejo pero les levantamos el dedo medio.

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