Conferencia de Addis Abeba consagra la privatización del Desarrollo

dfeLa Declaración final socava algunos de los acuerdos alcanzados en las dos conferencias de financiación anteriores (Monterrey y Doha) y resulta totalmente inadecuada para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, incorporados en la Agenda post 2015.

Algunas de las conclusiones más preocupantes son:
Caminamos hacia la privatización del desarrollo

Los donantes tradicionales evitan cada vez más su responsabilidad en la financiación del desarrollo, poniendo el énfasis en la cooperación Sur-Sur, la movilización de recursos propios y el sector privado.
No se ha conseguido un aumento de los fondos necesarios para acabar con la pobreza, a pesar de que los países donantes se han vuelto a comprometer con la aportación del 0,7% de la Renta Nacional Bruta para financiar el Desarrollo. Un compromiso que ya se alcanzó allá por 1970, pero que en 2015 solo 5 países de todo el mundo han cumplido, lo que lleva a pensar que esta declaración de intenciones sin un calendario claro de ejecución es poco más que palabras vacías.

Sin avances hacia una reforma fiscal global

No ha prosperado la propuesta de crear un organismo fiscal mundial que hubiese dado voz y voto a los países en desarrollo en un tema clave para aumentar sus recursos nacionales. Esto es una barrera importante para el objetivo de crear un sistema fiscal global que acabe con el fraude y la evasión fiscal, que perjudican especialmente a los países empobrecidos.
No se llevarán a cabo las reformas en los sistemas fiscales que permitan aumentar los medios disponibles para la financiación del desarrollo.

Se debilita el mandato de Naciones Unidas para abordar los problemas sistémicos

No se ha conseguido acordar la ruta necesaria para abordar una reforma profunda del sistema financiero internacional que tenga como eje los derechos humanos y el desarrollo de los países.

El modelo que ha confirmado esta Conferencia, que estará vigente hasta 2030, nos aboca a un incremento de las desigualdades Norte-Sur que las ONG y las sociedades civiles de los países en desarrollo llevan décadas combatiendo. Un modelo que es cualquier cosa menos sostenible.
Por otra parte, la intervención del representante del Gobierno español trató de ocultar los recortes que ha sufrido la Ayuda Oficial al Desarrollo en nuestro país en los últimos años, con una caída sin precedentes del 70%. Un dato que no se corresponde con los compromisos en la disminución de la desigualdad y el enfoque de derechos humanos de los que presumió el secretario general de Cooperación.

Revista Economía Crítica