La utopía del buen gobierno

11263921_954453917928784_6972716066178717289_nEdelberto Torres-Rivas

La raíz de la crisis guatemalteca está instalada en lo político. En la situación actual, ella es la manera como la sociedad, que es en esencia el conjunto de las relaciones interpersonales, va produciendo en la gente la pérdida de las certezas naturales, de la confianza interpersonal, de las conductas predecibles, del respeto a las normas y valores públicos. El deterioro viene de lejos pero como sucede siempre, se acelera cuando la gente empieza a tomar conciencia de lo que ocurre y reacciona positivamente. La crisis es la extrema debilidad institucional del Estado, su retirada a una autoridad menor. “Esto es lo que está sucediendo en Guatemala”.

En la historia de las crisis de las comunidades humanas lo que más se aprecia es que el gobierno se ejercite, o dicho sumariamente, ¡que se gobierne! La crisis es desorden. En condiciones normales, al ciudadano común no le preocupa tanto la libertad como su seguridad. El sentido común le dice que solo se respeta la autoridad si finalmente el que manda, ejerce su mandato. A partir del 12 de abril, cuando se denunció la corrupción de la SAT y de altos funcionarios del Ejecutivo, se dejó de creer en esa autoridad. Cuando nos enteramos de que en el Poder Judicial hay jueces y magistrados que cometen prevaricato en beneficio de los corruptos, no podemos ya confiar en ellos. Hay un rápido deterioro del tejido social público, como lo dijimos líneas arriba.

En el transcurso de la vida social la convivencia se había vuelto insoportable con la sensación de estar siempre al borde del desastre, de que el mañana será peor. Pero lo que parece una fatalidad puede convertirse en lo contrario. En el desarrollo social, la lucha popular contra la corrupción produjo el acto de protesta del sábado 25 de abril. Un formidable acto de masas espontáneo en su convocatoria que atrajo más de 30 mil personas. Los efectos directos de esta manifestación de fuerza en el escenario político obligaron a la renuncia de Roxana Baldetti y al desmantelamiento de la Vicepresidencia. El ánimo político de los guatemaltecos ha empezado a cambiar. Apenas se está en el inicio de un proceso distinto que debería llevarnos a tener un buen gobierno.

Estamos viviendo una crisis política de recomposición en el inicio de un proceso electoral. Estas elecciones forman parte del pasado que terminó el 25 de abril. Los candidatos y la legalidad de esta elección son cuestionables y el procedimiento no es democrático. ¡¿Por qué seguimos sin saber el origen de los fondos que con descaro se gastan en mítines, pancartas y otros elementos de campaña los candidatos presidenciales?! ¿Por qué no se cancela a los partidos que seguramente superaron ya el techo del financiamiento con su campaña anticipada?

No estamos seguros que de aquí pueda surgir un Estado democrático capaz de cumplir con los Acuerdos de Paz, que termine para siempre con la muerte de niños por desnutrición, que haga justicia en la lucha por el acceso a la tierra, que aplique políticas sociales en favor de la educación, la salud, el agua y la seguridad; que combata la impunidad, el racismo y sobre todo la corrupción en todas sus modalidades. El buen gobierno es ahora posible.

Podemos actuar con serenidad y optimismo, imaginando que el futuro llegó. Hace mucho tiempo que no veíamos una salida. Ahora estamos construyendo una opción posible, efectiva. La magnitud del pasado era la ceguera para ver las incertezas, el pesimismo. Ahora estamos contentos porque podemos imaginar una sociedad mejor y donde podremos construir un “Buen Gobierno”. Esto apenas está comenzando.

San Pedro Las Huertas
Tomado de ElPeriódico

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