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Acerca de los hombres malos

hombresmaosEdelberto Torres-Rivas / Claudia V. López

Los datos de una conducta masculina perversa, que revela una relación anormal con las mujeres han sido ya investigados desde varios países. ¿Por qué el varón es una amenaza permanente con sus próximos más queridos? La respuesta es múltiple; por ejemplo, la irresponsabilidad, la falta de respeto con los compromisos que se adquieren en el seno de la vida en familia, la conducta violenta, el machismo y las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres.

En Guatemala, en 2011, el 21.5 por ciento de las jefas de hogar eran mujeres solas; lo son por razones casi siempre inherentes al hombre: quien huyó al enterarse que la mujer estaba embarazada, por infidelidad, porque perdió el trabajo, por dificultades judiciales, etcétera. Por causa de la separación o del divorcio aparece el síndrome de los hijos abandonados y “no reconocidos” por estos hombres que huyen y no se hacen responsables. En 2012 según Renap, se registraron 5 mil 247 divorcios pero según el OJ ingresaron 8 mil 788 juicios orales por alimentos en primera instancia. De ellos, un porcentaje ínfimo cumplirá con la sentencia y cuando lo hace, es después de un juicio de familia que ha costado para la madre, humillaciones, tiempo y dinero. La fuga del hombre revela la peor forma de cobardía, la cobardía moral, ignorar a los hijos. La madre sola, en la mayoría de casos, saca sus hijos adelante.

 

 

Las investigaciones realizadas en este decenio señalan a los hombres (esposos, convivientes, exconvivientes u otros parientes) como los mayores responsables de la violencia en el hogar; esta puede ser verbal, sicológica, física, o sexual, o violencia que reúne a todas y a las que se suman dos rasgos graduales, ella tiene elementos de crueldad y se presenta como una práctica reiterada. El cuadro habitual es “el viernes o sábado de noche, el hombre borracho, con aire de matón, grosero, que llega y golpea repetidamente a los hijos y a la mujer”; la golpiza del fin de semana tiene variados niveles y puede ocurrir, además, en otras horas y/o en varios días. La mayoría de las mujeres víctimas reciben violencia física y psicológica, pero hay quienes reportan también violencia sexual y patrimonial; el 40 por ciento está de entre los 20 y los 30 años de edad, y son en general –pero no exclusivamente– amas de casa. Las secuelas son devastadoras, clínicamente pero también emocional y socialmente. Mientras los hombres ni se inmutan.

 

 

Hoy día, la opacidad de la vida íntima va pasando y aumentan el control social colectivo, la facilidad de las denuncias, la visibilidad del crimen, y por eso se dice que la práctica del delito aumenta, es posible pero el clima de terror en el hogar no disminuye. Una expresión repugnante del machismo y del colapso del orden moral público es la violación sexual colectiva, que en Guatemala se multiplicó durante el conflicto armado. El Ejército-paramilitares-Policía trató a las mujeres como botín de guerra; en las comunidades donde llegaban violaban a las sobrevivientes después de masacrar a los hombres, mientras que en otras, las mujeres eran violadas antes de ser asesinadas. La violación fue una función contrainsurgente al humillar, dañar y destruir emocionalmente a las mujeres consideradas enemigas –o trofeo simbólico de la victoria. Y la historia continúa: en 2012, Inacif evaluó 3 mil 573 casos de violencia sexual en mujeres de todo el país, el GAM estimó para ese año una tasa de 30 víctimas de violencia sexual por cada 100 mil habitantes. Pero sin duda son mucho más las que no se denuncian, según se dice, debido al sentido de culpabilidad y vergüenza que esta agresión tiene en la sociedad. La violación es el crimen sexual más frecuente, en el que aparece el hombre agrediendo a la sociedad, es impune y casi siempre multireincidente.

 

 

El femicidio, de creciente frecuencia en estas fechas es el asesinato de mujeres con las que el hombre convive o convivió mal, y a la que asesina, en su condición de macho recio, por la relación patriarcal y dominante que la cultura machista produce. Según el Sector de Mujeres solo hasta octubre de 2013 se registraron 251 denuncias por femicidio, pero 41 mil 034 de diferentes denuncias de otras formas de violencia contra la mujer en la PNC y el MP.

 

Esta es una investigación delicada porque no todos los hombres son malos, pero sí un porcentaje muy alto, mayor a lo que ocurre en sociedades de similar desarrollo social. Y además, porque junto al número de maldades se aparea la diabólica calidad de las mismas; son pues varios los delitos y las conductas abyectas monopolizadas por el varón: el odio a la mujer, la misoginia. ¿De qué sectores sociales salen estos tipos? En Chile, por ejemplo, se dice que son varones que pertenecen a sectores populares de la clase media baja, urbana. En Guatemala, hacen falta los datos, sin embargo no habría ninguna razón por la cual no podría ser atribuida la responsabilidad también, a varones de otras clases sociales. Este síndrome criminal masculino revela una sociedad donde se desplomaron los recursos de la socialización moral, la guerra que estimuló graves rasgos de anomia colectiva, y el machismo como la sicología degradada del patriarca, que alimenta la animadversión frente a la mujer. En Guatemala abunda el “macho alfa” (con virilidad exacerbada), resultado de un poder patriarcal que se despliega con base en la tradicional concepción de la superioridad del hombre sobre la mujer. Un último dato: para muestra un botón, la mujer guatemalteca tiene que pedir permiso a su macho para salir de casa, en un 51.5 por ciento en el área urbana y 75.6 por ciento en el rural; y permiso para administrar dinero de la casa en un 40.4 por ciento y 62.7 por ciento respectivamente. Hay más detalles que matizan estas conductas entre jóvenes, urbanos y rurales, sin educación, pero en ningún caso se eliminan. Esta columna es para reflexionar acerca de la maldad masculina, esa que no se puede ocultar aunque se calle.

 

 

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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