La juventud y su futuro

Por Luis Mack
Son las 10 de la mañana y el Teatro Nacional está al tope de su capacidad. Veo mi alrededor, y reconozco a lo largo y ancho del recinto a muchos invitados de lujo, desde académicos, funcionarios de gobierno y de organismos internacionales, así como un nutrido grupo de periodistas que se concentran en fotografiar y entrevistar a las tres figuras políticas más importantes del país: el Presidente de la República, el Presidente del Congreso, y la Presidenta del Organismo Judicial.
¿Qué ocasión tan importante congregaba a tan selecto grupo de invitados? El informe de desarrollo humano 2011-2012, cuyo tema es la juventud guatemalteca. Guatemala. ¿Un país de oportunidades para la juventud?.
Desde el título del estudio uno puede imaginarse el contenido: la descripción de la incapacidad de la sociedad guatemalteca de garantizar un mínimo de oportunidad para que la juventud encuentre las mínimas condiciones para su desarrollo intelectual, social, económico y político; la decepción constante que condiciona a los habitantes de este país a ya no pensar en el futuro, ya que los golpes de la vida dejan duras lecciones.
Surge en mi mente la idea de una tierra mágica llena de incomparables bellezas y de gente amable y trabajadora, pero que por alguna maldición del destino, está condenada a reproducir la violencia, la injusticia, la pobreza y la marginación.
Demasiadas historias en este país desgarran el alma, como la de las personas honestas, soñadoras, con ganas de trabajar, que deben arriesgar su vida y su dignidad, para emprender un viaje hacia el norte, en busca de mejores oportunidades para ellos y sus familias. Lamentablemente, algunos de esos inquietos soñadores solo emprenden un viaje seguro hacia su muerte, o un futuro plagado de sinsabores y desvelos.
Conozco también el caso de una joven mujer que tiene un talento para el dibujo, para las manualidades y la expresión artística, pero que por falta de oportunidades y de apoyo, debe desperdiciar su talento en un trabajo de escritorio.
Me viene a la mente, igualmente, la historia de una colega deportista que en su mejor época, ponía su mejor empeño en su entrenamiento diario, ansiosa por demostrar su capacidad deportiva y a la espera de algún apoyo oficial para dedicarse de lleno a su preparación física. Pero tal reconocimiento nunca llegó: en este país, tales incentivos se le otorgan más fácilmente al amigo, al familiar o el aliado de los dirigentes deportivos, que a los jóvenes que sólo cuenta con su talento. “Quizás no tengo el apellido correcto”, me contó mi desconsolada amiga.
La preparación universitaria tampoco sirve para abrir oportunidades: el regreso a Guatemala con un título bajo el brazo no garantiza absolutamente nada. La mayor parte de los profesionales que regresan con especialidades y títulos de postgrado, tienen dificultad para poner en práctica sus conocimientos, ya que encuentran una realidad de subempleo, en la que ni la universidad, ni los centros de investigación, ni las instituciones públicas, son capaces de valorar y aprovechar sus aportes. «Seguro nací en el país equivocado» piensan muchos de estos jóvenes profesionales.
El informe por tanto, sólo traduce en números lo que todos los guatemaltecos ya sabemos: la realidad de exclusión sistemática que coloca a muchos jóvenes guatemaltecos, muy lejos de sus aspiraciones de vida. Y con cada sueño juvenil que se trunca, la sociedad paga un alto costo por no atender a su mayor tesoro.
¿El resultado?, Parafraseando una conocida canción de Franco de Vita, concluiríamos sin dudar:  «Te veo venir, subdesarrollo»

«Lo que siembras hoy será la cosecha del mañana«.

 Tomado del
Análisas Independientes de Guatemala
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