Los juegos olímpicos “Son una empresa nacional”

Eso aseguran los funcionarios y organizadores, pero lo cierto es que la indiferencia predomina. El Jubileo de la Reina tapa la proximidad de la cita deportiva. “Los consideramos una ventana de Gran Bretaña al mundo.”

Por Pablo Vignone

Desde Londres

A cuatro meses del inicio de los Juegos Olímpicos, a los londinenses no se les mueve un pelo. En una ciudad cosmopolita como ésta, la llegada de 205 delegaciones olímpicas parece apenas una variación deportiva de una realidad cotidiana. En las calles no hay señales ni euforia; apenas algunos pálidos carteles en el subte y una curiosa escultura en Trafalgar Square, en pleno centro, que con el logo a cuestas lleva la cuenta regresiva para el inicio de los Juegos.

“No hay ni siquiera banderas de los Juegos en las calles porque la ciudad se prepara primero para el Jubileo”, cuenta Stuart Ross, del organismo que controla el transporte de la ciudad. Del 2 al 4 de junio, la capital británica celebrará el 60º aniversario de la entronización en el poder de la reina, coronada en 1952, y recién una vez que se acallen esos festejos, un mes y medio antes de la ceremonia inaugural de los Juegos, empezará el despliegue oficial.

¿Cambiará entonces el humor? “Todo dependerá de la actuación de los deportistas locales”, especula Andrew Mitchell, funcionario del director para los Juegos del Foreign Office, la cancillería británica. “El objetivo es mantener el cuarto puesto en el medallero”, asegura. En Beijing 2008, los ingleses sumaron 19 medallas de oro, por detrás de China (51), Estados Unidos (36) y Rusia (23), y por encima de Alemania (16) y las 14 de Australia (Argentina sumó dos y quedó 34º).

La frialdad reinante en el anticipo de los Juegos intenta ser contrarrestada con algunas cifras que pintan impactantes: 35 escenarios deportivos, con 500 mil asientos en total, más de 9 millones de tickets vendidos (y otros 2 millones para los Juegos Paralímpicos), alrededor de 4700 millones de telespectadores en todo el planeta. Hay 200 mil contratados para organizar los Juegos, con otros 70 mil voluntarios para el desarrollo de las competencias, y se calcula que 15 millones de personas (3 millones más que lo habitual) viajarán diariamente en el eficiente sistema de subterráneos (del cual el gobierno local subsidia el 40 por ciento) y los legendarios ómnibus de dos pisos.

“Los Juegos fueron una oportunidad para tomar una parte de Londres, una de las zonas más carenciadas del país, y regenerarla –señala Andreas Christophorou, de la compañía que se hará cargo del Parque Olímpico a partir de septiembre, en su oficina de West Ham, con una panorámica del parque en el ventanal–. Cuando empezamos con el proyecto, el gobierno era laborista, el alcalde de Londres también; ahora, el gobierno es conservador, lo mismo que el alcalde, pero respecto a los JJ.OO. no cambió nada”, rescata.

“Organizar estos Juegos representa el esfuerzo logístico más grande que ha hecho este país en tiempos de paz”, apunta por su parte Mitchell en el Salón Churchill de la cancillería. “Lo consideramos una ventana de Gran Bretaña al mundo.”

–¿Coincide en que hay poco entusiasmo en Londres con respecto a la realización de los Juegos?

–Los londinenses no están viviendo los Juegos y no lo harán hasta tres o cuatro semanas antes de su inicio, cuando las delegaciones comiencen a arribar y el deporte tome temperatura. Pero déjeme decirle que existe el sentimiento de que la organización de estos JJ.OO. es una empresa de toda la nación.

–¿Eso tiene un costado político?

–Hay un aspecto político, claro, pero no hay uso político de los Juegos: el Comité Olímpico Internacional lo excluye por completo. Pero los JJ.OO. sirven para mostrarle al mundo lo que somos hoy. Fue muy difícil para nosotros ganar la nominación en tiempos de expansión económica y realizar los Juegos en tiempos de crisis. Aun así hemos creado el parque verde más grande del Reino Unido en el último siglo.

–Con cerca de 13.500 efectivos militares custodiando, ¿la seguridad de los Juegos podría ser excesiva?

–Nosotros creemos que tiene que haber un balance entre la seguridad de la gente que va a disfrutar los JJ.OO. y esa misma alegría que sentirán. Nadie puede sentirse muy cómodo y disfrutar si la seguridad es muy rígida.

–¿Usted cree que con los JJ.OO. puede verse favorecida la imagen del Reino Unido en el extranjero, donde en ocasiones se expresan sentimientos antibritánicos, como en la Argentina?

–Mire, no nos toca a nosotros decidir eso. Queremos organizar los mejores Juegos posibles; después, que los demás decidan sobre la imagen que dejamos.

Un rato antes, Paul Fairclough, del British Council, había sido más directo. “Los Juegos –le dijo a Página/12– son para nosotros la más grande oportunidad diplomática para realzar las percepciones que se tienen del Reino Unido. Ese es el objetivo de los Juegos.”

Tomado de Página 12

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