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Guatemala, a los 15 años de la firma de la paz

Autor: Jairo Alarcón Rodas

La guerra en Guatemala no comenzó en los años 60, ni terminó con la firma de los acuerdos de la paz en 1996. Las condiciones que originaron el conflicto, se gestaron mucho antes de que la los grupos guerrilleros y el ejército de Guatemala dispararan la primera bala. La guerra reciente en el país dio inicio con el reparto y la encomienda, con la llegada de los españoles, durante la conquista de estos territorios. Latifundios quedaron en manos de criollos, haciendo de éste un país de explotación y desigualdades territoriales.

Tal despojo se agudizó en el período llamado, Época Independiente, familias aristocráticas fueron premiadas por gobernantes de turno, recibiendo títulos de tierras que originalmente, los pueblos nativos, utilizaban como medio de subsistencia. Paradójicamente la tierra se convirtió en el medio de esclavitud de la población indígena, al convertirse estos en jornaleros. Con ello, se dio inicio a la historia de, miseria, inequidad y violencia en el país. En Guatemala, 0.4 % de la población posee el 75% de la tierra productiva.

La lucha armada enfrentó directamente a dos sectores, uno que defendía el sistema imperante y otro, que pretendía cambiar las condiciones establecidas. Ahora, 15 años después de la firma de los acuerdos de paz, el aparato ideológico del sistema, los medios de comunicación, quiere hacer creer que el enfrentamiento continúa siendo entre ideologías, se olvidan que la lucha fue en contra de realidades, de injusticias cometidas y del apetito desmedido de una clase que niega aceptar, que su existencia, depende del bienestar de la sociedad.

Regularmente los países que hacen de la guerra una industria, poseen las armas más letales y sofisticadas para el exterminio. Los ejércitos mejor dotados bélicamente, no necesariamente pelean por causas justas. Los imperios, los invasores, conquistaron, avasallaron sin piedad atendiendo a siniestros intereses, a interese sectarios, cuyo denominador común es la riqueza. De ahí que, muchas veces los vencedores, no son ejércitos justos, a los que les tenga que rendir tributo y agradecimiento. Lastimosamente la historia la escriben y difunden los vencedores ya que tienen a su disposición toda una maquinaria de medios de desinformación, que convenientemente maquilla los hechos para convertirlos en la historia oficial.

La paz no significa el cese del conflicto armado, aunque es condición necesaria para que eso suceda. La paz es un estado, en donde las circunstancias que causaron la lucha, entre los sectores en pugna, desaparecen. El cese al fuego, puede determinar, visiblemente que, un sector quebrante la resistencia del adversario, lo someta y reduzca a sus designios, erigiéndose en ganador, como ha ocurrido en tantas guerras en el mundo. Lo cual no significa el fin de la guerra, pues, sí las condiciones que originaron el conflicto, persisten, la paz no es posible.

A todo esto, ¿qué intereses defendía el ejército de Guatemala, durante el conflicto armado? Indudablemente, no los del pueblo, más bien los de los empresarios y terratenientes del país y desde luego, los suyos propios, su estatus de privilegios. Siendo todo ejército el brazo represivo del Estado, que le permite a éste, tener vigencia, sus acciones las efectúan de conformidad con los intereses del sistema. De ahí que, a la clase explotadora y sectores dominantes, les corresponde un ejército a su medida. En consecuencia el ejército de Guatemala es uno más de la larga lista de instituciones represivas que han teñido de sangre a sus respectivos países.

Esa historia oficial exalta la represión de regímenes como los de Stalin, Mao Tse Tung, Jo Chi Minh, Fidel Castro, el extinto, Kim Jong-il, presidente de Corea del Norte, el presidente de irán, Mahmoud Ahmadinejad. Y convenientemente ocultan o dicen poco, sobre gobiernos tiránicos como los de Francisco Franco, Theodoro Roosevelt, Richard Nixon, Augusto Pinochet, Romeo Lucas García, en Guatemala y más recientemente George Bush. La idea no es si esos gobiernos han sido tiránicos, despóticos y sanguinarios, más bien, cómo se ha manejado la información por los medios de comunicación en beneficio del sistema mundial imperante.

En la actualidad se escucha, a través de diversos medios, decir a, algunos militares y columnistas que la paz y libertad que ahora gozan los guatemaltecos, se debe a la lucha frontal que tuvo el ejército de Guatemala, en contra del terrorismo guerrillero. A qué paz y libertad se refieren, o es acaso que viven en otro país, se encuentran quizás en otra frecuencia, o quieren, amparados por los medios de comunicación, seguir confundiendo a la opinión pública. Guatemala es un país violento, donde la paz y libertad lejos está de ser una realidad.

El problema persiste y se agudiza con las secuelas no resueltas del conflicto. Por ello, hablar sobre la firma de la paz se hace difícil si no se contemplan aspectos ocultos del conflicto armado que tendrían que ser visibilizados y ser resueltos. El origen del enfrentamiento armado fue motivado por la voracidad sin límite de la oligarquía agroexportadora y empresaria del país. La explotación en la costa sur, la miseria en el altiplano y norte de Guatemala, así como salarios de miseria pagados por dueños de empresas y fabricas de la capital, motivaron la insurrección. Al igual que diversos países del continente, Guatemala sufrió los embates de una oligarquía explotadora, que no midió las consecuencias de su voracidad.

El conflicto armado en Guatemala invisibilizó a ese sector explotador, a los dueños del país, que fueron los verdaderos causantes del conflicto. En el escenario aparecen únicamente los distintos grupos guerrilleros y el ejército como únicos actores del conflicto. Ocultan, convenientemente los medios de comunicación, que el ejército de Guatemala constituyó un ente al servicio de los sectores dominantes. En la actualidad, militares afirman que ellos sólo cumplieron con las leyes del país, defendiendo la institucionalidad, manteniendo el orden. De qué institucionalidad hablan si en ese tiempo se vivieron los momentos más oscuros de nuestra reciente historia. Pretenden ocultar que, en esos tiempos, el Estado de Guatemala, era una finca dirigida por 14 familias, una nación vergonzosa donde los fraudes, la corrupción campeaban por doquier.

Ahora, a quince años de la firma de los acuerdos de paz, las 14 familias se denominan G8, grupo selecto que toma las decisiones del país. Las condiciones no han cambiado, el estado de guerra persiste y con este la violencia y miseria para muchos guatemaltecos.

 

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PublicoGT es una publicación del Consejo de Investigaciones en Desarrollo, una entidad de investigación que desarrolla proyectos de comunicación social y análisis sociopolítico.

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