Cobardía y saña

Por Crosby Girón.

Sin duda son dos palabras duras. O simplemente dos palabras que dicen mucho de este país. En el caso de la cobardía alude a aquella actitud de no enfrentarse a las consecuencias. Una de sus acepciones sería “uno con cola” en alusión a la actitud de los perros que cuando sienten miedo meten la cola entre las patas.

En el caso de la saña se trata de una palabra que define aquella intensión rencorosa y cruel con que se intenta hacer daño. ¿Se puede ser cobarde y mostrar saña a la vez? Pienso que la respuesta bien se puede obtener dando un somero vistazo a los hechos ocurridos hace algunos años en estas tierras de maíz, con gente que buscaba un mundo no perfecto, pero sí mejor.

¿Cuál era el problema? Sencillamente que la cobardía hizo nido en el corazón de un puñado de paisanos que ante la incapacidad de transformarse y avanzar hacia el futuro prefirieron agazaparse en formas inhumanas de explotación y racismo para que sus riquezas –derivadas del histórico y flagrante despojo- siguieran intactas y en permanente crecimiento.

Y luego, con la ayuda de unos hijos de loba preñada de cerdo nacidos en Norteamérica; se cebaron violentamente contra una población pobre, indefensa y famélica. Nuestros padres no lucharon un día, encendidos en patrio ardimiento; fueron unos meros cobardes. Prefirieron doblar la cerviz y recibir el látigo y las migajas que caían de la mesa del amo.

No quisieron ofrecer mediante el Estado dos simples cosas: salud y educación. Tuvieron miedo, es decir fueron cobardes. Si hace 50 años se hubiera facilitado esas dos cosas masivamente a la población hoy la historia estaría escrita no con la sangre que se esparció en las montañas y en las ciudades como lluvia ociosa. Quizá y tan solo quizá seríamos una nación pujante y realmente soberana. Prefirieron decidir la muerte de los mejores cerebros, se decantaron cual rapaces por la violencia y las balas.

En estas fechas decembrinas, la mayoría se refugia en las importadas tradiciones, somatándose el pecho, cantando las plañideras melodías de la paradoja, con medio galón de alcohol corriendo por las venas. Contentos de si finquita y su casa nueva, soberbios por su carro del año, ansiosos por sumar un par de ceros a sus cuentas bancarias. ¡Sepulcros blanqueados!

Hace unas semanas hice un pequeño ejercicio con mucha gente preguntándoles ¿Quién es su prójimo? Nadie supo responder con propiedad, nadie sabe, por lo visto, quién es su prójimo. Se contentan con decir que “trabajan”, pero solo son un puñado de cobardes. ¿Existe saña y cobardía al mismo tiempo?

 

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