Una relación que termina mal

Tenía una relación estable según yo. Pensé que todo era normal, pero en realidad era rutina.

Una noche regreso tarde a casa. Era la primera vez que so pasaba.

Estaba esperándolo con la cena, pero falto. Enojada me fui a la habitación a ver televisión y así me quedé dormida. Nunca llamó, ni contesto el teléfono. Me preocupe. Pero después me mando un mensaje. Estoy trabajando y eso me puso peor.

Serían las tres de la mañana, quizás, cuando escuche los ruidos del portón. Subió al cuarto tratando de no hacer ruido. Pero no lo logró.

Cuando estaba sentado desvistiéndose, me deslicé al borde de la cama y abrí las piernas para incitarlo, para atraerlo, pero nada.

Dijo que era tarde, que tenía sueño, que durmiéramos.

No tenía olor a licor, solo a sexo, tenía esos aromas que te impregnan el cuerpo cuando has pecado.

De inmediato, en mi mente desfilaron las escenas más grotescas de mi marido teniendo sexo con otra.

Resignada me eche a dormir. Y fue la última vez que llegó tarde.

Más bien, nunca más volvió a llegar a casa

Te gusta? Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *