Una historia de amistad

Al final del bachillerato me hice novia de Javier. En ese tiempo era el chico más guapo del colegio, pero también el más tímido. Su madre me adoraba, mientras su padre me desnudaba a cada instante con sus miradas lascivas y sus comentarios sexistas salidos de tono.

Después de cinco años de novios nos dejamos de mutuo acuerdo. Fue doloroso para mi romper con la relación, pero era lo mejor para ambos. En poco tiempo se convirtió en adicto y consumidor compulsivo de drogas. Él se daba cuenta del asunto y me dijo que me dejaba por mi bien.

Un día se escapo del internado en dónde estaba llevando su recuperación y me pidió ayuda, no quería regresar ahí, era el infierno, me dijo, pero quiero salir de esto de otra forma, y seguro que debe haber otra forma, dijo muy convencido. Así que lo tuve escondido en mi casa por espacio de tres meses.

En ese lapso de tiempo pasaron cosas que me cambiaron la vida. Algunas no muy agradables, otras muy dulces, pero una que me abrió la vida al ponerle adrenalina a mi existencia y emoción a tanta desventura. Aquí se las relato.

Javier me pidió droga, el problema que no soportaba el período de abstinencia. En mi casa, mi padre no sabía qué pasaba. Mi madre al principio sospecho y después me apoyo. Mis amigos, dos en especial, también me apoyaron. Así un día decidí conseguir un proveedor para tener en casa y evitar que Javier se me fuera.

Me puse averiguar cómo podía comprar la droga. No me pregunten quién o por qué ahí, lo cierto es que les hable a dos de mis mejores amigos que me acompañaran a comprar droga a tal sitio. Antes había consumido con Javier, a veces le pedía, pues me gustaba la sensación que me provocaba cuando teníamos relaciones, pero nunca me enganche al asunto, pero ser la compradora nunca me había pasado.

El momento que tome decisión de ir, sin saber en donde acabaría el día, andaba en falda. No era una mini falda como las que siempre ando, pero falda al final.

No era un lugar lúgubre, insano y peligroso como pensé al principio. Es más, era una casa ubicada en un barrio residencial, que cualquier vecino despistado nunca se entera de que en realidad en ese sitio existe un putero para gente de alto ingreso.

Era una casa de esquina, grande de tres niveles, estaba unida a otro lote que utilizaban como parqueo. Tiene un lindo jardín, con grama verde y lleno de flores y plantas, al final una pequeña pero bonita piscina, con sillas y mesas de metal y algunas otras comunidades.

No pensé que iba a resultar tan complicado, pero cómo preguntar si ahí venden drogas.  Era obvio que era un putero, pero ¿venta de drogas?.

En la entrada el portero no nos dejo entrar. Tu a qué vienes, me dijo directamente. Ellos pueden ingresar, tu puedes esperar en el carro, agrego. No, yo tengo que entrar dije. Una señora, ya mayor, gordita pero bien arreglada y con clase llego. Qué quieres mi niña, deseas estar con una de mis chicas, pregunto.

Quiero comprar coca, dije con voz entrecortada. Aquí no vendemos eso, ceretes, dijo maldiciendo la señora sin clase alguna. Con voz entrecortada le comenté que un chavo, en tal dirección, nos había indicado que ahí vendían. Quién les dijo eso, pregunto. Y le explique.

Entonces abrió la puerta y nos dejó entrar. En una sala amplia había chicas semi desnudas esperando clientes. En otros cuartos había hombres tomando y platicando con alguna chica para acordar el pago. A lo largo de un bello corredor salían chicas, todas muy jóvenes y guapas.

Siéntese ahí, nos dijo un mesero. Varios de los hombres que estaban me miraba extrañados, algunos preguntaban si daba servicio, otros mandaban a preguntar si me podía invitar un trago.  Era un rollo algo extraño. Las mismas chicas también sentía algo de curiosidad y alguna que otra de envidia. Lo sentí así.

La señora de malas pulgas le dijo a una chica que nos atendiera. Iba casi desnuda, con los senos casi de fuera y su calzoncito de tirita atrás que resaltaba de una falta corta. Sus zapatos eran algo pasados de moda, pero su cuerpo no estaba bien cuidado y no la hacía tan atractiva con al resto de chicas.

Sin embargo, tenía un rostro muy bonito, con ojos cafés, pelo corto y tez blanca. Su rosto era una mezcla de joven en proceso de aventarse. No dudo que unos años antes había sido una mujer bonita. Aún lo era, pero la vida dejaba en ella su paso.

Me llevó al fondo de la casa. Era un cuarto de cosas viejas, después de la piscina. Iba mascando clicle y no dejaba de mirarme. Tuvieron suerte, me dijo, si hubieras venido más tarde, ya con más hombres aquí, hubieras tenido que dar el culito, me dijo al oído, en forma de chiste, para romper el hielo, no sé, pero me pareció algo confianzuda y me dio confianza.

Eres una niña rica, me pregunto. Sin que contestará algo, se respondió, si se nota que eres una niña fina. Y me comenzó a tratar de preciosa. Durante el trayecto, me preguntaba muchas cosas, qué haces aquí, eres adicta, por qué consumes, te gusta coger. En fin, a ninguna de sus preguntas le di respuesta.

Durante el camino me agarro la mano, no se por qué, pero eso reafirmo mi confianza en ella. Tal vez lo hizo para evitar que no me apartará del camino, no sé muy bien, pero deje que todo fluyera. Estaba nerviosa, más bien ahuevada, pero en el fondo me gustaba lo que vivía. Al fondo la señora nos miraba, atrás se quedaron mis amigos, todo pasaba tan rápido, pero sentía que iba en cámara lenta.

Pasamos por un cuarto en donde había unas chicas arreglándose para salir a buscar clientes, era unas ocho y todas me miraba de pies a cabeza descifrando que putas hacia ahí. Un gay salió a nuestro encuentro y coqueteo, también con mucha familiaridad. Pero me pareció un tipo horrible. Sabes, preciosa, me dijo, las compras de hacen por la parte de afuera, ahí existen un jalador que te la da, no tienes que entrar al negocio, pues se ve mal, te recomiendo que no lo hagas de nuevo, me advirtió. La próxima vez, mejor avísame.

Al entrar al cuarto me pregunto cuánto dinero tenía. No sé, entonces pregunte cuánto cuesta. Es la primera vez que compras, me pregunto. Se notaba, estaba sudando y no respondía con certeza. Bueno, te saldrá caro, me dijo, te puedo dar un coctel de varias sustancias, pastillas, coca, hierba, si quieres o de una sola. Pero antes quiero ver cuanto dinero tienes.

Saque un rollo de billetes de 100, 50 y 20 quetzales, quizás iban Q800, o más, pero de inmediato me los arrebato. Hizo un conteo rápido y separo los billetes, unos los metió en un lado de sus pechos y los otros los mantuvo en su mano, hasta que los metió en una bolsa que de nylon que cargaba y los puso sobre una mesa.

De una bolsa negra de basura, dentro de un hoyo, saco varias bolsitas pequeñas con polvo blanco, otras de hierba y unas de pastillas de distintos colores. Pensé que me daría todo, pero seleccionó 15 pastillas, 5 bolsitas las metió en otra bolsa y me las dio. Gracias, le dije. Es todo, le pregunte.

Aún no, me dijo, falta que me pagues el resto. Yo le dije que ya tenemos más dinero. No me has dicho nada, me contesto. Se acerco a mí y me comenzó a tocar. No necesitas dinero para pagarme, dijo refiriéndose a mí, nuevamente como preciosa. Relájate, murmuro, mientras sentía su respiración muy cerca de mí.

Preciosa, relájate, volvió a insistir, aún me debes. Yo estaba para morirme, pero extrañamente sentía una rica sensación al tener esas manos ásperas y sucias hurgando entre mi entrepierna. Su rosto sudoroso se posó sobre mi rostro, en serio cuando te digo que eres preciosa no miento, dijo.

Le dije que no quería. Pero desoyó todo ruego y de inmediato se dio cuenta que estaba excitada. Saco sus dedos de mi vagina y se los metió a la boca, como diciendo estas húmeda, claro que lo quieres.

No supe qué hacer, pero era cierto que estaba excitada. Me molestaba su mascado de chicle y su aliento a tabaco, pero sus labios rojos, marcados por el labial estaba besándome el cuello y mi respiración comenzaba a acelerarse. Y sus manos, tan agiles me había bajado la tanga que ya estaba en el suelo y mis piernas estaban abiertas esperando ser tocada.

Esta parte de la historia, denota que esa situación me abrió a una experiencia distinta, llena de adrenalina, que sin querer disfrute. Ella era una prostituta, por tal razón tenía una habilidad muy desarrollada para provocar excitación en un corto tiempo. Sin necesidad de tantas cosas, logró seducirme con poco y toco donde debía tocar y me excito, me hizo desearla.

Mientras eso sucedida la señora entro y le ordeno que se apurara, que ya iban a llegar otros clientes. Entonces me dio un beso. Su lengua entro como un bólido en mi boca y su aliento me invadió por completo y ese aliento de licor y tabaco se convirtió en menta cuando su clicle quedo entre mis labios.

Justo ahí me di cuenta que ya no tenía mi tanga, mis pechos estaban entre sus manos y mis pezones se encontraban duros por las ricas chupadas que ella me proporcionaba. Entonces tomo mis manos y se los llevo a su parte. Vamos, dijo, tócame. Te va gustar. No puse resistencia, pero era obvio que no tenía la habilidad que ella tenía.

Creo que me toco el culo, metió sus dedos en mi vagina muchas veces y aún así, sentía que estaba en una nube sintiendo extrañas sensaciones que me agradaban de tal manera que tome impulso y la bese. Fue una iniciativa inconsulta con mi mente, sino me dejé llevar por la pasión y ella correspondió de tal manera que me sentí realizada.

De nuevo llego la señora entro y le ordeno que me deja ir, así se calmó un poco y dejo de manosearme, pero me seguía diciendo preciosa. Hiciste bien las cuentas, le pregunto la señora y esta respondió que sí. Le dio la mitad del dinero y le dijo cuanta cantidad me había dado. Ella tomo el dinero y me hizo enseñarle el producto.

Bueno, ya terminaron, pregunto, que si quieres más tiempo tienes que pagar, me advirtió. Ya no tenía nada de dinero, pero si lo hubiera tenido capaz que los pago. Déjame un rato, dijo la chica, ahora salimos. Esa se dio la vuelta y salió de aquel cuarto. Pensé que seguiría manoseándome, pero fue todo lo contrario.

Bueno dijo, quítate los tenis, que me gustaron. Pero como me voy a ir descalza, le dije. Llévate estas, dijo refiriéndose a unas chanclas, feas y sucias, porque me quedare con tus tenis.

Antes de salir, tomo mi teléfono y me ordeno quitar la clave. Pensé que también se quería quedárselo, pero en cambio escribió su nombre y su teléfono. Llámame, cuando quieras más, no tienes por que venir aquí, yo te la puedo llevar algún sitio más seguro me susurro. Yo sonreí y entonces me dio un beso, claro preciosa, que me has cautivado mucho.

Salimos ilesos y con mucha adrenalina en el cuerpo. En fin, luego de un mes llamé a la chica y nos juntamos, después de repasar todo lo vivido nos hicimos amigas y comencé a comprarle drogas para mi ex. Con el tiempo propuso dos cosas, la primera que trabajará de puta, ella me conseguiría los clientes y la segunda que cogiera con ella. Solo acepte una de sus propuestas. La amistad aún continua, mi ex se recuperó y ahora salimos juntos.

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