Un chico con suerte

Comenzaba la etapa que identifica Arjona en su canción: una señora de cuatro décadas. El apenas cumplía los 19 años. Lo conocí en Sumpango, una tarde cuando con una amiga tomábamos una cerveza observando los barriletes de noviembre. Me sedujo de tal manera que termine aceptando salir con un fin de semana. Mi amiga me alentó para asombro mío. Es bueno que le des a tu matrimonio unas dosis de adrenalina de vez en cuando, dijo. Y después de eso, el sexo se convirtió en una necesidad de mi parte y de forma obsesiva lo buscaba, para que cumplirá el papel de amante furtivo que yo le había asignado. Cada encuentro era más intenso que el otro. Te voy a quitar las ganas de una vez por todas, me decía, con sarcasmo, pero lograba todo lo contrario, que yo estuviera dispuesta a tirar por la borda mi matrimonio con tal de no perder los orgasmos más fuertes que jamás alguien me había generado.

Una tarde, metió su dedo en mi ano. Al principio me dijo que le gustaba verme tendida, de espaldas, desnuda abriendo las piernas y subiendo las nalgas para que me penetrará o bien para que me besará mi vagina por atrás. Era una de las cosas que más me gustaban. Así que esa tarde me puse así para complacerlo y complacerme, pero él, después de besarme en todos lados, me dio  la sensación que ya no se enfoco en mi vagina sino poso su boca en mi ano y la sensación fue igual de agradable. Sentía su lengua mojar todo alrededor de esas dos partes y eso me relajo por completo. Ante mi reacción, introdujo su dedo en mi ano y comenzó a moverlo con rapidez. El otro estaba justo en mi clítoris y ambos movimientos me provocaron un orgasmo increíble. El se dio cuenta del grado de excitación que me había provocado y de las ganas que tenía que siguiera. Pero una vez que alcance el cimax saco su dedo y metió su pene, así de sencillo. Y nunca cambie de postura, ni dije nada, al contrario me puse más flojita y cooperando que nunca. Ese tipo logro con suma facilidad algo que pase rechazando muchos años con mi marido. Y al terminar se sintió realizado. Te quite la virginidad, exclamo.

 

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