Todos los hombres son la misma……

Mi amiga Helen estaba furiosa, y no es para menos. Se enteró de la peor forma, que su marido la engañaba. Cuando llegue, me recibió con esa frase y en lágrimas. Tenía todo el derecho. Descargar su ira contra todos, es una forma para desahogarse. En esos casos el silencio y la solidaridad es el mejor remedio. Sin embargo, pensé, que los justos pagan por todos los pecadores. Al final, Sofía dijo: no todos los hombres son así, hay unos que son peores. Una matización innecesaria, pero útil que me hizo recordar algunos tipos malos conmigo.

El primero que se me vino a la mente fue el mentado Guayito. Apenas tenía 21 años y estaba locamente enamorada de él. Con cuatro años de noviazgo, mi ilusión era casarme. Cuando me lo pidió, la felicidad me duro pocos meses. Con todo montado para la boda civil, incluyendo las invitaciones entregadas, se presentó a mi puerta una chica que me contó la historia, que horas después me confirmo “el maldito hijo de puta de Guayito”. El iba a convertirse en padre.

Al final termine agradeciendo el gesto de la chica. El sentimiento por esa persona desapareció y me quedo una depresión que duro tiempo y esfuerzo superar.  En el transcurso me enrolle con cualquier tipo de individuos, solo por las ganas de sufrir. Así conocí al negro Jonás. Un mulato mujeriego y amante de la buena vida, que me abrió a la sexualidad, como nadie en ese momento.

Siempre me pregunté cómo me pude enrollar con un tipo vividor y mentiroso, si yo los odiaba. Y la respuesta es simple, me rescato sexualmente, y me abrió el mundo de los placeres. Si el primero, evito que mi juventud se desperdiciara en un matrimonio que no iba a resultar, el segundo me abrió la mente y el cuerpo para liberarme y disfrutar del sexo, como una loca primeriza.

El supo, al poco tiempo de acostarme con él, lo que me provocaba. Se enteró a través de un amigo, que supo por medio de una amiga, a quién le había contado, que el negro me provocaba los orgasmos más ricos que hasta ese momento alguien me había generado. Así que, durante un tiempo, sabiendo eso, se aprovechó de mi dependencia al placer. Entonces me saco todo lo que pudo, hasta el grado que trabajaba para saciar su consumo a las drogas y a su vida bohemia. Hasta que un día me canso y lo mande mil veces a la mierda.

Después de eso se apareció Ricardo, el Richi, como a él le gustaba que le dijeran. El era un tipo de padres ricos y gusto pobres. Un ego centrista en toda regla. Pero mi defecto de enrollarme con chicos guapos me traiciono. Consumía droga como un descocido y me enredo en sus aventuras, lo que nunca acepté del negro Jonás, lo hice con Richi. Pero aquí no la tenía que pagar. Perdí un año en la Universidad y afortunadamente terminamos por una enfermedad venérea que Richi tuvo y que me culpaba a mí de tal hecho. Maldito bastardo, siempre me engaño.

Pero si de hablar mal de los hombres se trata, nadie le gana a Daniel. Un lumpen en toda regla. Lo conocí cuando compra la droga para Richi. Me engatuso, como diría mi abuela. Su fama de maleante era real. Arrogante como él solo, despreciaba al mundo del Richi, del cual provenía, lo cual me gustaba, pues conmigo se portaba bien. Lo único bueno que hizo, en toda su vida, creo yo, fue alejarme de la droga y de Richi. Soy el dealer de todos esos mierdas, me dijo en una ocasión y no quiero que te metas la mierda que vendo. Eso y otras actitudes me salvaron de ser devorados por los depredadores.

El problema era su inseguridad, que afectaba mi relación y mi libertad. Un hombre celoso como nadie, que golpeo a varios de mis amigos, solo por ser mis amigos. Antes que las cosas se pusieran mas complicadas lo deje. Afortunadamente cayo preso y eso evito que me siguiera acosando. A veces lo iba a ver a prisión y bueno, casi siempre me anotan como visita conyugal. No saldrá en 25 años.

Pero siendo justas, tengo que reconocer que no todos han sido malos conmigo. Al contrario. La mayoría de novios han sido esplendidos. Mi marido, por ejemplo, es un tipazo. La persona más importante en mi vida actualmente y a quién amo de forma incondicional. Me quiere y acepta como soy. Me satisface como nadie y me hace muy feliz. No tengo quejas de él.

En fin, volviendo al tema, en ese momento secunde a mi amiga y afirme tajantemente que todos los hombres son la misma mierda. Sin embargo, después de reflexionar, llegue a la conclusión que de todo hay en la viña del señor, por fortuna. El problema de Helen es que su marido no estaba con otra, más bien estaba con otro, donde el hacia el papel de otra. Esa mentira si es fatal en una relación. O te usan para aparentar lo que no eres, o no lo abordas abiertamente, fingiendo una vida que no te hace feliz, pero terminas de desgraciar la vida de la otra persona por puro miedo escénico o estupidez egoísta y eso si es ser pura mierda. ¿No creen?

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