Todo queda en familia

La historia comenzó cuando mi madre estudiaba el bachillerato. Ahí conoció a un chavo guapo que la enamoró, y dicho amor perduró en el tiempo. Según mi madre las cosas terminaron mal, puesto que el tipo era un mujeriego y eso le causo un gran sufrimiento. Mi tía me cuenta que el fue el primer hombre en su vida. Mi padre, creo yo, fue el otro.

No estoy segura pero el tipo también estaba por mi tía. Ella perjura que nunca le hizo caso, menos al saber que su hermana era su novia. En aquel tiempo mi tía era una chica bastante extrovertida, con un cuerpo envidiable, más joven que mi madre y mucho más bonita. No me extrañaría que tuvieran algo, pero mi madre acepto su palabra.

Lo cierto que ambas le perdieron la pista por más de 15 años. Mi madre se caso y de ese hecho nací yo. Mi tía enviudo joven, con dos hijos y se dedico a trabajar. Aun cuando clandestinamente tenía sus amantes, nunca quiso formalizar con nadie y tampoco dar de qué hablar.

Con eso del Facebook, mi tía contacto de nuevo con el tipo. Ella recibió una invitación de amistad y pronto conversaron. Una cosa llevo a la otra y en menos de un mes estaban saliendo. Según mi tía, se hicieron novios. Desde el principio le dejo claro que no quería ser un agarre más.

Ellos se juntaban para tener sexo. Nada más. O bien ella llegaba a su casa, o bien él a la de ella o se iban a un motel. Después, cada quién andaba por separado. No salían, no compartían con nadie, no había más interacción que la cama. Y de plano el sexo debió ser tan bueno que mi tía con todos los perjuicios que anda, nunca rompió el contacto y aceptó lo único que el tipo le podía dar. En una ocasión la escuche decir que la dejaba tan satisfecha que no pensaba en otra cosa que en volver a estar con él.

Ella reconoció que se había enamorado. Entonces le confesó a mi mami que salía con el amor de su vida. Al principio mi mamá no daba crédito, pero poco a poco fue aceptado la situación. Ella argumentaba que no quería que su hermana sufriera como le paso a ella.

Mi tía había sido toda la vida muy coqueta y aún conservaba esos deseos carnales que en su juventud la hicieron una chica muy popular. Ahora reprimida por su condición, se aventuraba a destapar un romance que a todas luces estaba llena de pasión y deseos carnal. Pero aun así en casa nos alegramos por ella y su felicidad.

A pesar de los años, mi tía se mantenía bien. Un cuerpo envidiable y una actitud también envidiable. Seguro que, en la cama, satisfacía a cualquiera. Una razón más para mantener vivo ese vinculo por más de tres años.

Pero la promesa de presentarnos al novio nunca se cumplió. Mi madre comenzó a meterle conflicto en la cabeza, para que lo dejará. Ese de plano tiene otras, mientras vos, pensando que te es fiel, le decía. Yo ya lo conozco, es un puto, agregaba. Y ella se fue mentalizando. Celosa y posesiva como era, cada vez le era más difícil mantener la relación en esos términos. Estoy siendo usada, solo para coger, repetía una y mil veces. Pero cuando lo miraba, no podía decir que no. Sus besos era miel en su cuerpo y terminaba haciendo lo que toda mujer hace cuando esta enamorada, dejando apartado su orgullo y sintiendo el clímax que el tipo le provoca.

Así pasó un año más o menos. En ese lapsus mi madre retomo el contacto con el tipo por medio del Facebook. Ella le preguntaba sobre sus intensiones sobre su hermana. El nunca se comprometió con nada. Pero ellos seguían teniendo sexo. Sus hijos nunca se enteraron de nada. Mi tía no soportaba esa situación y mi madre ya no dijo nada, pues el tipo tenía un poder sobre las dos y todo retomo a la normalidad sexual en que inicialmente se dio entre ellos.

Todo se complico una tarde en la playa de Monterrico, estando mi tía, mi mami y mi hermana y yo, viendo el atardecer, me preguntaron si tenía novio. A los 23 años, según mi tía ya tenía que tener uno, por lo menos. Yo había estado posteando en Facebook algunas cositas que delataba que estaba un poco enamorada. Así que aproveche la oportunidad para confesar que salía con alguien.

Mi madre sospechaba que tenía novio. A veces no llegaba a dormir, o pedía permiso para salir los fines de semana. Era parte de la rutina que llevaba, y como sabía que, a pesar de mi edad, era bastante centrada y responsable, nunca me reprimió por algo, más bien se alegraba que comenzara a tener novio.

El problema se dio cuando se enteraron que el tipo con quién andaba era el mismo que ellas adoraban. Yo no lo sabía, hasta ese momento. Había escuchado hablar tanto de él, pero nunca hice la relación. Mi madre cayo en una depresión enorme. Mi tía me dejo de hablar un tiempo. Cada una a su manera sufría por mí. El primer problema, la diferencia de edad, me llevaba 29 años y eso significa muchas cosas dijo enojada mi madre. Te está usando. Después, las cuestiones y conveniencias sociales. Y luego la fama del tipo, mujeriego empedernido, con mi niña virgen.

Yo lo conocí en la universidad. Era mi profesor y me pareció un tipo inteligente y guapo. Después del curso comencé a frecuentarlo, pidiendo ayuda y así lo conquisté. Fui yo quién lo sonsaqué. Pero después, el se encargo de abrir mi mente y mi cuerpo. Mi tía sabía que el sexo con él no era nada convencional. Sabía perfectamente lo depravado que podía llegar a ser, las cosas que le gustaban y sobre todo, las cosas que hacían que cualquier mujer llegara al clímax más sublime con él. Mi mami me pensaba en plan de niña buena, carente de deseos.

Mi cuerpo era un oasis de éxtasis cuando estaba en la cama con él. Desde alcanzar múltiples orgasmos, logrando posturas inimaginables con mi cuerpo, hasta lograr aceptar las cosas más inverosímiles que jamás me hubiera imaginado que pudiera ser, para complacer sexualmente a mi pareja, y eso incluyo orgias y tríos con otras chicas. Así era mi vida con él. Mi madre y mi tía aún no asimilan el asunto y me pidieron enérgicamente que lo deje de ver. Pero no saben que no lo haré, por nada del mundo. Yo también lo amo.

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