Su pequeño defecto

Esa parsimonia me incomodaba. Un hombre así no sirve para nada, decía mi abuela. Pero su forma de ser era así porque intentaba ejercer control en situaciones de urgencia, antes de mostrar su incompetencia. En esos momentos sentía cierta autoridad sobre mí. Yo lo dejaba pasar, no me importaba, con tal que se pusiera cómodo y lo disfrutáramos los dos.

No se daba cuenta que cuando yo quería que me complaciera, mis mañas eran mis aliadas y su magia era irrelevante. Entonces se escabullía y se dejaba hacer. Así me disfrutaba su cuerpo y me posaba en aquellas partes en las cuales yo encontraba el mayor placer posible.

No me podía agarrar del pelo, lo sabía y se enojaba cuando se lo impedía. Pero si me podía comer con sus labios toda mi humanidad. A él le gustaba. Se fijaba cuando mi boca se tragaba su pequeño pene. En esos momentos, se sentía tan indefenso, pero no le molestaba para nada.

Así duramos algún tiempo, con su idea perversa de inferioridad por tener un pene ofensivamente pequeño, y yo disfrutando las diversos formas para encontrar en esa pequeña protuberancia, el mayor placer posible, cuando se podía.

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