Sin un momento para el respiro

Antes de terminar, sonó el despertador. No lo podía creer. Deslice la pantalla del teléfono para que el ruido cesara. A concentrarme de nuevo. Luego el teléfono, una llamada de la oficina. Y luego la chica que hace la limpieza había llegado. El tiempo iba en mi contra. El chorro de agua fría de la ducha no podía con mi cuerpo que seguía caliente. Mis dedos estaban llenos de jabón y la espuma hacía que mis manos se resbalaran justo en mi sexo. No tuve más remedio que masturbarme de nuevo. Hasta que los gemidos asustaron a la chica de la limpieza que entro al cuarto de baño para comprobar que todo estaba bien.

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