Sin saldo en el cajero

Los negros me apasionan, pero nunca he estado con alguien así. Y eso me frustra.

Un día decidí encontrar una romance a la antigua a través de las redes sociales y recibí una invitación de un tipo negro, según sus fotos. Así que de inmediato me vino el morbo y las ganas de saber qué podría pasar.

La primera vez que quede con él para conocernos, se parecía mucho a las fotos, alto, atlético, mucha pinta y con más años de los que decía tener. Pero eso era lo de menos. Siempre pensé en el tamaño y las cualidades de estar en la cama con él.

Hablamos un buen rato, me contó que estaba en casa de una prima, que buscaba trabajo y que a veces ayudaba en un sito del centro histórico en la cocina. Siempre estoy en la sexta y el parque central, me dijo, ya sabes ahora donde encontrarme.

Nos despedimos después de dos horas y media de platica. Yo quedé complacida con él al grado que pagué todo lo que consumió.

Así que a los 10 minutos después de despedirnos le mandé un mensaje para saber cómo la había pasado conmigo.

Me responde con unos iconos, celebrando nuestro encuentro.

Entonces dudo en enviar otro mensaje, pero lo pienso unos instantes y le pongo si le había parecido atractiva y que si quería ir a mi apartamento.

Al chico no le pareció normal que fuera tan ofrecía o no soy tan atractiva para él, una de dos, pero envió un pulgar en señal de aprobación y no me volvió a contestar. Pensé que tal vez era bastante tímido, o qué quizás tenía una relación y esos mensajes no estaban bien.

El tiempo paso y la cosa se olvidó. Hasta que una noche unas amigas me invitaron al centro histórico para tomar unas cervezas. En el bar en donde estamos, la gente hace cola para entrar al baño, así que salí a buscar un local menos frecuentado y en eso me lo encuentro.

En ese momento nuestras miradas se sostienen fijamente. Sonreí de inmediato y le dije un hola.

El se hizo el loco, me dio un hola cómo preguntándome y tú quien eres. Me pareció raro.

Así que no supe que mas decir, cuando llego una chica y le dijo que no perdiera más el tiempo. Pensé que estaba trabajando en aquel sitio, como me había dicho. Así que le comenté que estaba enfrente, que me gustaría que llegará, lo invitaba a tomar una cerveza.

Al cabo de unas horas llego. Acepto mi invitación, se sentó a mi lado y comenzó a pedir, no una, sino varias cervezas.

Al cabo de unos instantes llego de nuevo la chica y le volvió a insistir que no perdiera el tiempo.

Me dijo adiós y se levantó. Antes que saliera lo alcance y le pregunte si era su novia. Él se extrañó, y me preguntó quién. La chica que viene siempre que hablamos le dije.

El se sonrió y me dijo, nena no te das cuenta, soy puto. Cobro por coger.

Me quedé choqueada. No sabía que contestar.

Bueno, cuanto cobras, le dije. Se me quedo viendo y me dio un precio. Estaba bien, le dije. Saque el dinero y se lo entregue. La chica llego de nuevo y él le dio el dinero.

Lo tome del brazo y lo lleve adentro. Cuanto tiempo tenemos, le dije. Por lo que pagas, hasta media noche, me respondió. Entonces eres mío. Pero no quiero coger contigo. Quiero que nos conozcamos, le dije.

Al cabo de la medio noche la chica volvió a llegar y quería llevárselo.

Estuvimos cuatro horas y tuve que ir al cajero para pagar toda la cuenta. A qué horas sales del trabajo, le dije. El se sonrió de nuevo. Ahora estoy libre, me dijo. Entonces vámonos al apartamento, respondí.

Igual te voy a cobrar 400 por todo, me contesto. Qué es todo. Incluye todo, sexo oral, penetración, sexo anal y poses. Y también si quieres seguir hablando, por le desvelo son 100 más.

Estaba bien, le dije. Caminamos tomados de la mano en busca de un cajero. Me sentí a gusto a su lado, pero todos los que trabajan en la zona me miraban mal. Qué cogida la que le va meter el negro a esa güera, dijo un que comía tortillas con chorizo en la banqueta.

Y si, pensé, porqué no. Antes de llegar al cajero nos besamos. Fue algo que surgió de él, creo que muy espontaneo. Al entrar en la caseta, para sacar dinero, puso el pasador y metio su mano entre mis piernas y dejo ver mi excitación. Sus besos y sus manos no estaban quietas, fue entonces cuando un ruido del cajero con la transacción incompleta nos alerto a ambos que algo andaba mal.

El cajero dijo que me había excedido del límite de retiro y él no accedió ir fiado, y se marchó buscando otra opción de trabajo.

 

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