Sin apuros

Me desperté en el regazo de Esteban. Cuando alce la vista, me tope con una radiante sonrisa, quién miraba mi cuerpo desnudo, todo embelesado. Entonces, como instinto, me estreché más a su cuerpo y jale la sabana.

El me abrazó y me besó la cabellera, como queriendo recobrar el impulso de la noche anterior. Yo le conteste con un buenos días. Hola, dijo con ternura. Has dormido bien, pregunto. Si claro, respondí. Contigo me gusta dormir, exprese entre risas cómplices.

El sol se había puesto. El día lucia maravilloso.

Se introdujo entre las sabanas blancas y comenzó a besar mi cuerpo con mucha más ternura que la noche anterior. De inmediato sentí su pene erecto que rosaba mi cuerpo. Entonces jadié un  poco, cuando sus dedos humedecieron mi cuerpo. Su rostro estaba radiante y eufórico me termino de inmediato.

Se quedo sobre mi cuerpo por varios minutos. Yo sentía como aquel pene hermoso y grande se encogía dentro de mí. Una rica sensación de poder y arte. Espere unos minutos más, porque esa sensación era rica. En un instante comencé a besarlo y me mis caderas comenzaron aprisionar aquel rico miembro que indefenso quería salirse.

No fue difícil, su cuerpo reacciona de inmediato y así tuvimos otro mañanero más placentero. Ahora yo por encima de su cuerpo. Qué más se le puede pedir a la vida, susurro.

Esto, le conteste en el baño, cuando le pedí que continuará. Será dijo incrédulo, pensando que su rendimiento no daba para tanto en tan poco tiempo. Pero con los estímulos adecuados, volvió a tener una nueva erección.

Antes de marcharme, me dio un beso y me propuso una relación seria.

No hay porque apresurarse, le conteste. Con lo que hay es suficiente.

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