Siendo mala

Dos años y medio de trabajar juntos y nunca se había dado nada entre nosotros por una simple razón, él es casado y yo tenía novio.

No se como paso, pero justo en los días que mi relación había terminado, el comenzó a insinuarse y coquetear conmigo. Y me sentí alagada.

La empresa, como todos los años, hace una fiesta en su aniversario. Forma parte de las actividades normales. Este año me dijo que quería bailar conmigo. Y así paso.

Después de un par de tragos, el baile y las ganas de estar con alguien, me comencé a propasar. Le pedí que me besará. Así fue como todo comenzó.

Quizás era el alcohol, pero estaba totalmente desinhibida. Cuando bailamos, me sobajeo toda. Tampoco me importo. Y después, me llevo al baño y me dio una mamada de chiche espectacular.

Y tú, qué te pasa, me dijo mi amiga. Qué me pasa de qué, le conteste. Te andas exhibiendo con un hombre casado, dijo antes de darse la vuelta y marchase.

Ante tanta hostilidad José me propuso ir a su casa, lo cual me pareció extraño. Y tu mujer, no está ahí, le dije sin problemas. No, anda de viaje, me contesto. Pero insistí. Seguro, mejor vamos a un motel, estaremos más tranquilos, le dije. Pero dijo que no.

Sabía que era tacaño, pero no a los extremos de ahorrarse lo del motel, exponiéndose de esa manera, pensé, pero me daba igual.

En el camino, me comenzó a tocar. Sabía exactamente en donde tocar y la forma. Era como si tuviéramos años de tener relaciones.

Recostó el asiento del auto, abrí las piernas y entonces su mano fue directo a mi vagina que estaba más que mojada. Yo observaba como los autos nos pasaban, como nos quedábamos un tiempo más después de que el semáforo se pusiera verde.

En ese momento yo gemía. Y sus manos me tocaban con total descaro, al grado que estaba ya casi lista para generar mi primer orgasmo de la noche.

Cuando llegamos a su casa, abrió el garaje desde el auto y lo cerro automáticamente. Cuando entramos a la sala, me dio vuelta y jalo mi tanga para penetrarme. No me dio tiempo a nada. El orgasmo estaba a la vuelta.

Y llegó. Más pronto de lo que esperaba. Mientras José estaba eufórico. Disfrutando mi culito. Como el decía. Yo susurraba lo bien que me lo hacía.

Luego me introdujo al dormitorio principal. Aquí es donde te coges a tu mujer, le pregunte. Algo innecesario, algo perturbador, algo que no iba con el momento. Pero él no se inmuto. Su pene seguía erecto y me penetro con furia, quizás como consecuencia de mis palabras.

Eso fue rápido, se vino en unos instantes. Era parte del ritual, sacudió su pene sobre mi blusa y se dio la vuelta en la cama.

Entonces me desnude. Quería continuar, pero me freno. No te desnudes, me dijo. Debemos irnos.

Ya¡ dije algo contrariada.

Me levante para asearme y cuando regrese, estaba sacudiendo las sábanas y poniendo orden en el cuarto.

Estaba apurado en borrar cualquier rastro de mi presencia.

No lo vamos hacer de nuevo, le pregunte.

No hay tiempo, dijo lacónicamente.

Pero aun es…. No. Te dije que ya no. Mi esposa regresa temprano, contesto al ver mi cara de perplejidad.

Pero aún no aclara, hay tiempo, dije. Debes irte, ahora, me dijo en un tono imperativo muy desagradable. De esos arrebatos que uno tiene cuando se termina todo y desea que la otra persona desaparezca.

Que poca consideración hay en lo hombres pensé. Así que me vestí de inmediato.

Con hombres como este, es que uno termina despechada y abandonando toda consideración. Las relaciones casuales también tienen reglas. Y si tienes compromiso, asegúrate de que esos compromisos no interfieran en las cosas que pretendes hacer.

En fin, no puse mas peros al asunto. Le di un beso confirmando que estaba lista. Me senté en la sala, mientras el terminaba de arreglar todo. Cuando todo estaba listo, le dije que tenía que ir al baño. El insistió que fuera al baño de visitas, pero yo le dije que tenía que orinar y me cole de nuevo al dormitorio. Ahí en al baño había un bote de ropa sucia, de él y de ella. Ropa que seguro iba a llevar a la lavadora de inmediato, con el toque que solo las mujeres saben, cuando lavan, estaba todo separado, aromatizado y con evidencias que era ella la que se encargaba de esas cosas mundanas.

Me quite tanga, le di un beso con mis labios untados de labial y se lo deje como recuerdo, con un condón que llevaba entre la bolsa. Hay que dejar evidencia de mi presencia, pensé, pero sin mala fe.

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