Seguimos siendo amigos

Después de romper con Javier, pase por una depresión que costo superar. En esa etapa de mi vida, tenía muchas cosas en mente, pero no volver a tener una relación era la principal.

Lo sentimental dejo de ser el centro de mi universo. Pero siempre tuve en claro que no quería tener ninguna aventura esporádica, ni mucho menos ser agarre de alguien así por así.

Con el tiempo, dejé atrás esos miedos y fui superando el dolor que me dejo atrás Javier. Comencé a ser más abierta y a salir de nuevo. Las amistades ayudaron con eso. Pero aún así no me sentía dispuesta a entregarme a alguien más.

Con el tiempo, supere eso también. Pero para mí era difícil mantener una relación sin el compromiso directo y sincero de que la cuestión sería seria y formal. Eso se convirtió en una barrera que alejaba a los hombres. Y no los culpo, en serio, mis condiciones eras draconianas.

Un día conocí a Pedro. Un chico bien, cautivador, inteligente y guapo. Como buena conversadora, pasaba tiempo con él, hablando de muchas cosas. Esa amistad al poco tiempo se transformó en algo extraño. Me pidió que fuéramos novios, pero lo rechace.

Igual seguimos siendo buenos amigos, pero, en una ocasión nos besamos. Un beso apasionado que me despertó muchas sensaciones. Pero igual seguimos siendo amigos.

Después de eso comenzamos a salir más, de noche, a fiestas, convivios y cosas que hacen los novios, pero igual seguíamos siendo solo amigos, pero ahí nos comportábamos como novios. Los besos se hicieron más recurrentes. Pero nunca pasamos a más.

Una tarde me propuso tener relaciones. Estábamos solos en su apartamento y consideró que era la ocasión perfecta para que eso sucediera. Todo iba bien, hasta que me quedé desnuda y me vi al espejo, entonces me arrepentí. No puedo, le dije, apresurada buscando mis prendas esparcidas por aquel cuarto. No quiero, dije tajante, cuando el insistió. Después de eso seguimos siendo amigos.

Después de una salida a la Antigua, de regreso a la ciudad, le dije que quería pasar al siguiente motel que encontrará. Estoy convencida, le dije, hazme caso. Se sonrió y me hizo caso.

Estaba super nerviosa. Entramos al motel y todo estaba lleno, una luz en el único garage abierto decia que está en limpieza. Después de esperar casi media hora en el carro, para que terminaran la limpieza del cuarto, le dije que mejor nos fuéramos, afortunadamente ahí no me hizo caso.

Ya adentro, me dijo que me relajara. No pienses en nada, dijo en tono conciliador. Entonces comenzó a orientar mis movimientos, como si fuera el jefe y yo su empleada. Ahora, dijo túmbate de espaldas. Abandona esos pensamientos y atiende a tus propias sensaciones.

Sentí sus manos en mi espalda y como estas comenzaron a despojarme la ropa. El solo contacto con él, hizo que mis tensiones se fueran. Necesitas de calor humano, me susurro en el oído y mi piel se erizo. Sus caricias me hicieron sentir viva y deseada.

Siente mi cuerpo, dijo después, cuando ya desnudo se posó sobre el mío. Sus labios en mi nuca me provocaron todo tipo de reacciones. Me gusta tu aroma, dijo. Me gustas como hueles.

Entonces mis manos fueron al encuentro de su cuerpo y sentí sus músculos tensos. Suavemente me tomo de las caderas y me dio la vuelta. Se acostó a mi lado de un costado ofreciéndome su pecho. Mis labios sintieron la necesidad de besar sus pezones y mi mano bajo apresurada buscando su pene, mientras el se poso

sobre mi boca y me dio un beso tierno. Después de esto, dijo, seguiremos siendo buenos amigos.

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