Rutina de amor

Nos hicimos novios el día de mi cumpleaños y siempre se vanagloriaba, que él era el mejor regalo que jamás alguien me haya dado en esa fecha.

Al principio todo fue color de rosa. Con 18 añitos me parecía la gloria. Mis padres lo adoraban y mientras mis amigas me envidiaban, debo confesar que el enamoramiento fue alucinante. Yo me sentía súper, que el chavo más guapo del colegio fuera mi novio, era algo inusual. No me lo creía.

Después mis endorfinas se fueron apagando y poco a poco, solo quedaban las ganas de una rutina que me apagaba interiormente. Qué falló. Lo explicó así.

La primera vez que hicimos el amor, fue difícil, tanto por mi inexperiencia, como por su falta de tacto y sincronía. Pero con el tiempo, las cosas fueron mejorando y nos convertimos en una pareja que disfrutaba mucho su sexualidad.

El hecho de experimentar mi sexualidad me permitió disfrutar su compañía. Y más cuando me unía un sentimiento muy fuerte.

Cuando entramos a la Universidad, nos distanciamos un poco. Yo fui a San Carlos y el a una privada. Al principio pensé que ahí terminaría todo. Ahí conocería alguien más bonita y yo quedaría en el aire. Pero fue todo lo contrario.

Y dejo de estudiar, se traslado a la San Carlos y de nuevo, comenzamos a vernos todos los días.

Durante casi año y medio, tuvimos sexo de forma ininterrumpida, ya sea por las tardes en mi casa, o por las noches en la suya, o en algún lugar de está ciudad. Lo cierto que nuestros cuerpos se encontraban a diario.

Lo extraño de todo fue que pocas veces alcance el orgasmo. No significa que no lo disfrutará, al contrario, me gustaba estar desnuda a su lado. Disfrutaba como una enana su cuerpo, era sensacional. Había días que pasaban las horas pensando en él, de forma extraña.

Debo reconocer que estaba super dotado. Con una destreza atlética que a veces se lo agradecía, pero a veces no, pues podía pasar horas montándome y tenía la misma vitalidad del inicio. Pero mi ritmo era distinto.

Al principio fue bonito, porque los dos nos descubrimos. Supe que cosas le excitaban, supe también que las cosquillas en los pies no eran su fuerte y supe que su pene podía tener varias erecciones, sin que disminuyera su apetito sexual y eso era de agradecer. Claro, eso lo descubrí después.

El por su parte, descubrió cada rincón de mi cuerpo. Le gustaba explorar entre todos los pliegues de mi piel y así encontró que al frotarme los dedos de los pies me generaba una excitación inmediata. No lo hacía frecuentemente, porque decía que a veces le daba cosa mis pies. Así que comencé a cuidarme más, pero muy pocas veces me complació.

La vez que me beso el ano, lo sentí tan natural y tan rico, que deje que todo fluyera, hasta que me penetro con dureza y no me quedo mas remedio que gritar del dolor. Y ya no lo volvió ni siquiera a intentar. Eso no se lo perdono.

Pero aparte de eso, sus besos eran una melancolía eterna que nunca me hubiera imaginado, lo cual me provocaba que pudiera estar pegado a sus labios hasta la eternidad, pero al final me dejaba un dejo de nostalgia, tristeza y rechazo profundo. Tantas cosas juntas.

Pero había algo que faltaba entre nosotros. Y al principio pensé que era yo, pero después, con el tiempo comprendí que ambos no hacíamos bien las cosas.

Y juro que lo intente de diversas formas y de su parte, también.

Pero, así como me excitaba con el solo hecho que me mirará los pies desnudos, y los tomará entre sus manos, así se esfumaban mis deseos. Y era difícil después retomar el ritmo y las ganas.

Después de media hora de besos y caricias, uno pensaría que todo iba a estar bien después, pero era todo lo contrario. Me daba sed, una horrible resequedad me invadía la garganta que no me dejaba disfrutar una mamada, por ejemplo.

Te pronto, mi vagina estaba super mojada cuando me tocaba los pechos y sus labios mordían con picardía mis pezones, que se ponía seca cuando él me intentaba penetrar y debíamos usar lubricantes, para no lastimarme.

Alucinaba cuando me metía mano en el carro y sentía la briza del viento dar en mi rostro excitada completamente, sintiendo que la gente, en otros autos o en la camioneta observaba cómo sus dedos entraban con fuerza en mi vagina, pero cuando llevábamos a la cama, las ganas simplemente me abandonaban.

Me sentía muy a gusto con masturbarlo. También cuando me pedía que le diera sexo oral y se venia en mi boca. Era algo que me gustaba y lo hacia por gusto, pero cuando el intentaba devolverme el favor, simplemente no funcionaba para mí, ni para él.

Sabía que se esforzaba, duraba media hora a un ritmo infernal, pero yo no lograba tener el anhelado orgasmo. Fingía muchas veces, pues ya no podía soportar esa fuerza penetrando una y mil veces sin que tuviera ningún efecto en mi cuerpo.

Y entonces comencé a preocuparme y a culparme.  Busque ayuda, pero no funcionaba. Probamos miles de cosas, jugamos cientos de roles, vestimentas, fetiches, juguetes y hasta la realización de un trio. Todo lo disfrute, pero el orgasmo se resistía.

Y entonces me di cuenta que el amor era otra cosa que el deseo. Y el deseo se me fue apagando, justo cuando él estaba en la cumbre de enamoramiento y encontraba en mi todo lo que necesitaba.

Entonces la rutina me invadió. Y el tedio en la relación se apoderó por completo de la cama. Y el sexo ya no fue lo que había sido, o lo que pretendió ser. Y cuando me propuso el matrimonio, me sentí tan mal, que estuve deprimida casi un año, retrasando los cosas, hasta encontrar la forma de decir que no.

Pero un día, con el retraso en mi menstruación, que me hizo reflexionar y mandar todo a la mierda.

No dejamos unos meses, pero luego regresamos. Y de nuevo insistiendo en casarse. Seguimos teniendo sexo, pero ya no a diario, pero nada fue igual. Y dejó de importarme como pareja.

Entonces comencé a salir con mis amigas, a despegarme de él. Mi madre estaba preocupada. Cómo vas a dejar una relación así, me dijo, encarándome por mi desfachatez, según sus palabras.

Pero no le hice caso. José, mi novio acepto de mala gana que yo tomará distancia, y según él me dio mi espacio, mi tiempo y dejo que saliera con amigas a divertirme. Según él, me tendría controlada.

Hasta que una noche encontré a un tipo sin pretensiones de nada que me llevo a las estrellas dos o tres veces en tan poco tiempo y desde esa fecha, estoy consciente que el placer requiere de trucos y de compatibilidades.

No tenemos sexo a diario, a veces nos miramos una o dos veces al mes, por espacio de una o dos horas, pero con tiempo suficiente para descubrir que soy multiorgásmica. Que orino siempre que termino y que a veces no hace falta penetrarme, solo con tocarme logro el orgasmo más sonoro que jamás alguien me haya provocado. Y esto feliz, muy feliz.

A pesar que seguimos siendo novios, por sus insistencias, pero yo ya me siento soltera. Por eso puse en mi Facebook, libre en una relación complicada que no se termina aún.

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