Relájate

Nunca sabes cómo terminará la noche. Hasta que las cosas que tienen que pasar, pasan. Resulta que la primera vez que tuve sexo anal, iba algo ebria. Salimos a bailar con los amigos, pero esa noche, me pase de copas. De regreso a casa, Javier se ofreció a llevarme. Habíamos estado coqueteando toda la noche y pensé, que más da, si pasa algo, pues que pasé.

Antes de llegar nos besamos en la gasolinera, a donde habíamos pasado por café. Eso fue el inicio de todo lo demás.

En el carro me pregunto si lo había hecho alguna vez por detrás. No cómo crees, le conteste. En ese punto, su mano estaba en mi vagina y me había puesto bastante excitada. Así que, rumbo a casa, pasamos por el primer motel que encontramos.

Yo subí super excitada. Javier me inspiraba confianza, además siempre me gustó mucho, pero nunca antes se había dado nada entre nosotros. Ahora, le abría las puertas de par en par.

Entonces se enfocó en hacerlo por atrás. Se notaba que no era su primera vez, que era lo que más le gustaba y que sabía perfectamente cómo lograr su objetivo. Al principio costó mucho que me penetrará. El lubricante se estaba agotando y yo estaba impaciente, pero con perseverancia todo funciono.

Me dijo que me relajara. Quizás el alcohol ayudo, pero cuando me relaje funcionó.

El miedo de terminar con alguna enfermedad, rasgada o algo por el estilo siempre estuvo presente, sin embargo, me gusto. Así que salimos nuevamente y lo hicimos muchas veces más.

Ahora siempre que tengo la oportunidad pasa y es una experiencia distinta y cada quién tiene su técnica. Especialmente cuando me estimulan la vagina y el ano al mismo tiempo y me penetran con fuerza sin dejar de tocarme el clítoris, lo cual, para mí, es realmente gratificante.

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