Recordando

Me acuerdo  muy bien de ese episodio, pues determino mi relación con el sexo oral posteriormente.

Fue después de una fiesta, me regreso a casa y justo cuando estacionó frente a mi casa me dijo eso. Antes me dio un beso tierno y suave, casi sin deseos.

No se que paso, pues no andaba efusivo, ni nada por el estilo. Pensé al principio que era más bien un capricho. Ante mi sorpresa se bajó el pantalón y se saco el pene. Este no tenía erección y comenzó a jalarse el pellejo y con fuerza lo estiraba para lograr que se le parará.

Me dio risa su actitud, pero no le mostré interés alguno. En realidad, tenía sueño. Antes, en la fiesta le había propuesto salir de ahí e ir al motel a coger. Pero prefirió quedarse a tomar con sus amigos. Ahora era tarde para salir con eso.

Cuando me dijo chúpamela amor, lo sentí como un chiste de mal gusto. Qué es lo que me pides. En serio, le dije. No tengo ganas, más bien, me voy le dije, tengo sueño.

La cuestión fue que me jalo primero del brazo, espérate, dijo. Mira si tú tampoco tienes ganas le reclame. Fue entonces cuando, sin soltarme el brazo me insistió, vamos dale un chupón por lo menos.

Entonces comencé a masturbarlo. Con mi mano diestra lo jalaba sin pasión, solo para complacer esas pequeñas estupideces que tenía de vez en cuando. Pero no reaccionaba. Entonces me jalo con fuerza y presiono mi cabeza contra su pene. Unte saliva para darle la sensación que se las estaba chupando, pero el presionó más.

No tenía mucho espacio, el timón estaba al lado, su pene no tenía erección alguna y sus manos estaban sobre mis hombros presionando. En esa postura, nada era agradable. Lo iba hacer, ya total, lo había hecho otras veces, pero en otras circunstancias.

Quizás por el licor, las drogas o porque en realidad no lograba excitado, pero no tuvo erección en ese momento, yo lo frotaba, pero nada.

De pronto sentí un tufo repugnante y me dio nausea y como pude me quité la presión y me recompuse. Tan pronto como lo logré, mi madre encendió la luz de la calle y entonces me di cuenta que seguía sin lograr la erección.

Me dio risa, pero fue una excusa perfecta para salir del carro. Adiós bebe, te veo mañana, le dije. Después me preocupe. Será que mañana funcionará, me preguntaba repetidamente. Y ese olor, a qué fue.

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