Prefiero calidad que cantidad

Como todo en la vida, la experiencia viene con los años. El placer es una de esas maravillas que descubres con el tiempo, a través de un proceso lento de aprendizaje. A mí por ejemplo, cuando alguien me produce frenesí, me dejo llevar. Disfruto el momento, valoró la cantidad sobre la cantidad.

Eso viene a cuento a propósito de una plática de amigas, en donde descubrimos que disfrutar el sexo en grandes cantidades no siempre es apetecible, sino disfrutas cada bocado de cualquier relación.

Al contar mi experiencia dije que con el tiempo me convertí en transgresora. El deseo estaba ligado al juego erótico compartido, y la satisfacción me la otorgaba aquel hombre que al final, con su mirada me hacía cómplice de su felicidad.

Para reforzar mi argumento conté aquella experiencia que aún vivo con intensidad.

Esa tarde la lluvia había convertido la ciudad en un mar de angustia. Esa persona que compartía visiones y sueños conmigo, me confesó su creencia en la buena relación.

No habían pasado más de 30 minutos de aquella charla, cuando entramos a su apartamento dispuestos a descubrir sus palabras en hechos reales y concretos.

Desde el principio mi piel lo advirtió.

Sus dedos flotaban sobre mi cuerpo erizado. Mi mente está transportada a otra galaxia. Todo está intensificado. Así que cuando por fin me penetro, el grito de placer nos estremeció junto. Jale su cabella cuando al cabo de unos minutos llegue al orgasmo más rico que hasta ese momento había tenido.

El placer continuo en estado puro, se manifestó en su mirada y en sus palabras.

Fue un solo instante, que significó toda una eternidad para mí.

 

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