Por puro placer.

No se como explicar, pero comencé a salir con un hombre obeso. Y claro, a mis amigas les gustaba pensar que lo hacía por dinero.

Frente a mi nunca nadie se atrevió a cuestionarme. Pero sabía que atrás hablaban mal.

Una prima, muy cercana y confidente me pregunto un día, y tienes sexo.

Su pregunta me causó sorpresa. Y mi respuesta se lo causo a ella. Claro, y vieras que rico me lo hace, le conteste.

Entonces por el puro morbo de saber, comenzó a preguntar. Y yo a contestar cada una de sus dudas.

La primera vez me costó, le dije. Sabes que no puedo estar abajo, porque literalmente me aplasta. Sabes también que su enorme panza le impide tener muchos movimientos.

Pero eso se compensa, le dije porque dura más del doble de lo que estaba acostumbrada, le solté.

Y no era mentira. Los hombres obesos duran más, siempre y cuando no sufran de disfunción eréctil o eyaculación precoz. Según mi ginecóloga, la obesidad produce estradiol, una hormona sexual femenina que inhibe la eyaculación masculina. Entonces la clave era encontrar una postura adecuada para lograr más placer.

Su pene no es grande. Y me encanta hacerle el sexo oral. Y mejor si el me lo hace a mí. Sabes como lo hacemos, le digo con morbo. Haces el 69, exclamo. Bueno, eso no. Pero si me subo sobre su rostro y entonces me miro al espejo y veo el poder que mi frágil cuerpo tiene sobre aquel enorme hombre.

Y si, me vengo en su cara, literalmente.

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