Poniendo en duda su masculinidad

Vos sos muy directa, me dijo. Cállate, le conteste.
Un par de segundos después su masculinidad estaba descubierta.
Así que de inmediato empezó a recibir mis labios, con entera sumisión. El pobre no se lo podía creer. Yo improvisaba, a pesar de ser una novata en felación, lo hacía bien.
Cada vez se ponía más duro y yo me sentía más mojada que nunca.
Vaya sorpresa la que me dio, cuando en poco tiempo su semen comenzó a escurrir por mis labios. Al fin y al cabo, su masculinidad no duro mucho.

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