Patojo bonito

De inmediato le digo que no. El insiste y me pide una explicación. No quiero tener una relación contigo, por la edad, aclaro. O sea, que te gusto, pregunta. Me sonrió. Claro, tonto, pero he tenido malas experiencias con eso, le digo. Soy mayor, ya tengo DPI, aclara. Pero yo soy 10 mayor. Y qué, me dice. Ya sabes el dicho, que quién se acuestan con niños, amanece……. Ahhh me interrumpe. Ok, entonces propone, tengamos sexo. Qué innovador, eres. En fin así se nos da la plática y términos en el cine. Nos llevamos bien, me dice. Merezco un beso. Uno?, creo que más, replico. Ya sabes, cuando quieras me llamas. Serás mi recurso de última instancia, prometo. Uy, ya es algo. Nos conocemos desde hace un año, y en una fiesta tuvimos nuestro momento de gloria, quedamos como amigos y ahora me propone una relación más “profunda”. No sé que es, pero el tipo tiene agallas. Es bastante maduro para la edad que tiene. Y también guapo, no entiendo porque anda tras de mí, pero me sube la autoestima.

 

Una tarde, hablando por el chat, me propone salir. Veladamente habla de sexo. Yo le sigo la corriente y acepto salir. Pasa al trabajo y resulta que ese día tengo mucho estrés acumulado, también ganas de portarme mal. Vamos a una actividad cultural y hay vino. Esa extraña combinación abre mi apetito sexual.

 

Me lleva a casa. Lo molesto, porqué tan temprano. Acaso tienes otro compromiso, pregunto. Dice que no. Pero no se le ocurre otra cosa. Quizás podamos ir a la Antigua, agrega. Yo tengo ganas de más vino, declaro abiertamente mis intensiones. Pero el tiempo, el tráfico y la distancia no permiten tomar rumbo a la Antigua. Lo invito a casa. Tengo uvas, queso y vino, le digo.

 

El vino abre toda posibilidad de tener una noche de pasión desbordante. Entre plática y copa, me toma la mano y me besa. Sus labios son muy ricos. Quiero decirle que no pare, que se está portando bastante tímido, lo cual me decepciona. Pero me contengo. El va lento. Sus dedos comienzan a explorar mi cuerpo y pronto me tiene desnuda, en mi sala, muy excitada. Pregunto si tiene condones. Me responde que no. Me decepciona un poco. Vamos al cuarto, le digo. Ahí tengo unos. Todo marcha bien, hasta que se sonríe y me pide que no me vaya a enamorar. Que estúpido pienso. Y aclara, será solo sexo, lo nuestro, para que no te incomode. Así la actividad sexual se va diluyendo poco a poco hasta que me provoca un pequeño orgasmo, algo es algo, pienso. Se marcha feliz y me quedo complacida. El otro día, paso tirada en la cama comiendo pesto con pan francés y jamón, pero ya sin vino.

 

Así pasan los días sin tener noticias del chico, lo cual me provoca cierta confusión. Será que no le guste. Que no lleno sus expectativas en la cama. Pero por otro lado, me pareció estupendo que no insistiera de inmediato, que eso hubiera matado el poco encanto que me provoco. Ahora tengo curiosidad. Hablamos un par de veces por el chat, pero nadie toco el tema. Hasta una noche, que me llamo ya de madrugada. Su llamada me asusto. Estoy afuera, me dice. Afuera donde, pregunto, afuera de tu casa. Puedo entrar. Le dejo pasar, pensando que algo le ha sucedido. Anda borracho. Quiere coger. Pero le digo que no, vamos a dormir, le digo lo dejo ahí, enojado, me doy la vuelta y sigo durmiendo. Por la mañana se encuentra con pena y vergüenza. Báñate y te invito a desayunar. Su madre comienza a llamarle al teléfono, para saber porqué no llego a dormir. No digo, ni hago nada. Es su problema, pienso. Me lleva al trabajo. Durante el trayecto no hablamos de nada. Bueno, me explica que se paso de tragos anoche y quería verme. Platicar conmigo. Me conmueve. Y después otra ausencia.

 

Por casualidad nos encontramos en el concierto del Buki. Y tú, aquí, le pregunto. Anda con su madre, su hermana y unos amigos. Me presenta como una amiga. Quedamos para tomar café. El fin de semana siguiente le llamo para recordar la cita. Me gusta su disponibilidad. Llega al trabajo y nos vamos de copas. Sabes, digo antes de despedirnos, te enseñaré algunos trucos para que me hagas sentir mejor en la cama, si estás dispuesto.

 

Así comenzamos a tener una mayor vinculación. Vamos a fiestas juntos, hasta decidimos ir a Pana, un fin de semana. Ahí me drogo con un pito de mariguana y estropeo la noche. Convivimos abiertamente, entre la cama, la fiesta y la pasión. Me gusta su forma de ser, bastante despreocupado, no deja de ser un millenias.  En la cama, con el tiempo adquiere más experiencia y seguridad, lo que me despierta más pasión y sobre todo, más orgasmos. Lo disfruto a cada momento. Ahora su madre sabe que cuando no llega a dormir, está conmigo, cogiendo. Ya no tiene que pedir permiso para llegar al trabajo, más bien espero que en esas tardes en donde tengo el deseo a flor de piel, se aparezca y me lleve a coger en el carro a la orilla de cualquier camino.

 

Mis amigas me preguntan si andamos juntos. Les digo que no. Tenemos acuerdos bien establecidos, les cuento. Así las cosas funcionan mejor. El sexo es lo que nos une, le digo a mi mejor amiga. Espero que solo sea eso, me replica. Se vería mal, que a estas alturas resultaras enamorado de un chico, me replica.

 

Un día decido celebrar su  fiesta de cumpleaños e invito a sus amigos. Es como nuestra presentación oficial, entre el grupo de amistades propias y de él mi casa se llena de gente. Mi casa, además de ser nuestro refugio de pasión, se convierte a partir de esa celebración, en el punto de encuentro de dos generaciones. Mis amigas contemporáneas y los chicos milenias. Nos emborrachamos juntos, y cuando ya solo quedan sus dos mejores amigos, entre mi ebriedad y mis ganas, me lo cojo ahí en la sala, en presencia de esos dos chicos. Es tu regalo nene, le digo. El se tira sobre el sillón de la sala hasta que se viene.- Los chicos me ven desnuda, dándole el regalo al amigo y todos lo celebran. Es una sana convivencia, pienso. Ellos se sientan y nos ven, luego nos despedimos y seguimos a solas hasta el amanecer. Qué locura. El se siente el rey del mundo. Lo cual me alegra.

 

Así pasa el tiempo. Hasta que un día las cosas comienza a cambiar. Nos vemos menos, ya no salimos, y siempre que hacemos el amor es por la madrugada, pero nunca los fines de semana. Lo peor de todo es que ya no es con la intensidad de antes. Uno de sus amigos, intenta explicarme ese cambio, pero no le pongo atención o no quiero saber realmente lo que pasa. Me sentía bien con lo que había y no quería cambiar nada.

 

Por estas fechas, invento un convivio navideño. Algo cursi el asunto, pero pienso que las fechas se prestan para promover este tipo de actividades. También espero que mi amiga se enganche algún chico. Antes que comiencen a llegar, le digo le comparto que tengo muchas ganas de emborracharme y hacer otra de mis locuras. Y le cuento del regalo que le di para su cumpleaños. Ella promete no irse temprano. Quiere ser parte de la fiesta.

 

Cuando dieron las 10 de la noche, todos los invitados estaban en casa, y las bebidas espirituosas fluían. Pero él no llegaba. Habrá pasado algo, pregunto. Le llamo pero no me contesta. Sus amigos evitan decirme nada. Antes de las once llega. Entra acompañado. Una linda chica rubia, delgada, que viste una minifalda negra y una blusa con la espalda descubierta, con lindo zapatos rojos de punta. Antes que pregunte, anuncia muy orgulloso que Sonia, es su novia. Mis amigas me miran con pena. Sus amigos, con morbo. No sé qué cara puse, pero todo el mundo sintió vergüenza ajena por mí.  Trate de mantener la compostura, pero con el paso de las horas el licor y los acontecimientos hacían su efecto más rápido. Así que comencé a tirar indirectas y hacer desplantes. Sus amigos se dan cuenta, él me encara y me repite las palabras que dije al principio, entre nosotros solo habrá sexo. Y tiene razón, pero después de tanto, no puedo asimilar de un solo esa situación. Y ya le dijiste a tu novia que vienes en las noche a coger conmigo, le digo en su cara. Porque si aún no lo sabe, ahora mismo se lo digo. En me toma del brazo y me advierte. Ni se te ocurra. Mi amiga interviene y calma la situación. Yo me deshago por dentro, quizás sean los celos, tal vez por la forma en que suceden las cosas, la sorpresa, no sé muy bien, pero estoy furiosa.

 

La chica es muy linda. No puedo competir con ella en belleza, y quizás en nada.

 

La fiesta termina pronto. El se marchan ante tanta hostilidad de mi parte. Yo me pongo a pensar que seguro pasaran por un motel y le hará todo lo que yo le enseñe. Les pido a todos que se marchen. Su amigo Javier, se queda. Habla conmigo. Yo abro una botella más y le sirvo un trago cargado. El intenta calmarme. Estoy calmada, maje, solo que no me puedo creer lo que ese pendejo me hizo. Javier me consuela y me acuesto con él, por despecho, claro está. Le hago el amor como alocada, pensando en las cosas que el otro le hace aquella niña. Y luego, lo echo de mi casa y me quedo sola, con tristeza y sin esperanza.

 

Con el tiempo trato de cerrar la herida y me pongo a pensar por qué me pongo en esa situación. Javier llega a visitarme con más frecuencia y cogemos casi siempre. Pero no me llena. Entonces, una noche, después de hacerlo lo mando a la mierda. Acepto la situación y me quedo sola.

 

Pasado más o menos mes y medio, me siento bien, tratando de retomar una normalidad que llevaba bien antes de todo este embrollo. Pero de nuevo se aparece en mi casa. Lo dejo entrar y me coge en la sala. Se queda esa noche, y la otra, y la otra. Hasta que me atrevo a preguntar por la novia. Qué paso con ella. Y me responde, que anda de viaje y regresa pronto. Se marcha como si nada. Sabedor que lo recibiré cualquier día que necesite sustituta.

 

Lo acepto porque me doy cuenta que al final, me enamore de aquel patojo bonito que me sedujo y me previno.

 

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