Noche especial

De regreso a casa, una chica travesti nos alcanza y nos pide ayuda. Perdón, pero unos hombres me acaban de robar. Me pueden ayudar para el taxi.

Javier le pregunta a dónde va, te llevamos le dice. Cuando ella acepta, el me pregunta.

La chica es guapa, por decir algo. Tiene una falda azul oscura bastante corta, una tanga morada que sobresale, cintura descubierta, con una blusa blanca que no permite disimular el relleno del brasier rosado que carga. Unos zapatos de tacón lindos y pintura extrema en la cara. Delgada, femenina, exagerada en sus ademanes y gestos para mi gusto y llamativa. Cualquier hombre la ve.

Sube adelante, le digo. Javier le pregunta por dónde. Ella se instala y nos relata la odisea de esa noche. Se relaja un poco y comenzamos a platicar de varias cosas.

Al principio desconfía de tanta cortesía de nuestra parte, cómo una pareja que llegó a la zona 1 para divertirse, regresa a casa sobria.

Pasamos por una gasolinera y a Javier se le ocurre comprar café. Mi novio le toma confianza a la chica. Estaciona el auto lejos de la gente que toma ahí. Nosotros salimos del carro y veo su rostro más cercano. Sus ojos me cautivan. Su cuerpo me da envidia.

Ella se da cuenta de mi curiosidad. No tenga miedo, dice, no como. Naaa, le contesto. En que me intriga cómo puedes esconder tus bolas en esa tanga. Ella se sonríe. Son trucos de chica, me dice, pero no me enseña nada. Eres picará. Curiosa, le corrijo.

Javier regresa con café y se une a la conversación. Platicamos de muchas cosas sin percatarnos del tiempo. Nos relaja el café. Nos cuenta cosas, quizás como gesto de agradecimiento por el rescate. Los tres entramos en confianza.

Un policía llega y nos dice que ya no podemos estar ahí tomando. Le enseñamos el café, pero igual nos dice que tenemos que salir.

Me da morbo y le pregunto cómo le va trabajado de puta. Y se molesta. No soy una prostituta, me soy sexo servidora. Pero gano bien, pero en el salón que tengo, agrega. Tengo clientes que son fijos y me pagan bien. No sé si se refiere a su salón o al otro oficio.

Sabes qué, le digo. Para que no regreses a casa sin dinero, te contrato para que nos enseñes algo.

Javier me mira extrañado por mi propuesta. Mindy – Sofía también se extraña, pero pregunta si tiene que hacerlo con los dos, será doble el cobro. No le digo, yo no. Yo tampoco, responde Javier de inmediato, pero intrigado por mi curiosidad.

Solo quiero que nos la enseñes. Tu verga, le dice Javier.  Si aquí en el carro. No aquí no, dice ella. Me da miedo que el policía regrese y la gente que anda ahí.

Está bien, pero dónde, pregunta Javier, vamos a un motel, pienso. Cómo creen, dice Mindy Sofía, van a pagar más en el hotel que en mí.  Entonces vamos a tu casa le digo. Vivo en un hotel de paso, dice ella.

Llegamos a la casa de Javier. Entre confundida y un poco arrepentida. Pero igual, tengo curiosidad. Javier le ha tomado mucha confianza. Se tutean con soltura y ella, le coquetea bastante. Es un puto mi novio, pienso, pero luego digo, no puede ser, es un hombre. No pasa nada.

Entonces se arremolina y se baja su tanga, y entre sus piernas surge un pene delgado y feo. A simple vista se ve que no tiene nada, pero poco a poco sale a flote. Es bastante más grande que el normal.

Me gustas más de mujer, le dice Javier. A mi ni así, le digo, sin ofender. Claro niña, a mi tampoco me gustan las pusas, dice algo molesta. Ahora quiero verla erecta, porque se te para, le pregunta Javier.

Javier, porque le quieres ver el pene erecto, le pregunto. Discutimos un poco. Ella sabe que me estoy poniendo celosa y lo aprovecha. Ay, tranquila nena que tu hombre también es curioso. En la diversidad está el gusto, agrega.

Mindy Sofía se la estira toda y en pocos minutos tiene una erección. Y si, su pene es grande. No es enorme, pero si tiene un porte de respeto. Guay dice Javier. Yo pongo cara de enojo, Mindy Sofía sabe que ha captado la atención de Javier. Es una desgracia y no puedo dejar de hacer la comparación. Es un pene grande.

Ahora quiero ver el tuyo, le dice ella a Javier. Yo me quedo muda, esperando un no, pero mi chico, decidido, le enseña la suya. Puedo darte una mamada, dice, si no te importa, me pregunta. Claro que me importa le contesto, bastante molesta. Como crees, le increpo a Javier, cuando este quiere suavizar las cosas y acepta.

Pero, qué tiene de malo insiste él, acaso no hemos hablado de esto antes, agrega. Ni mierda, como crees, le digo más enojada que otra cosa.

A Javier le excita el asunto y le pregunta si tiene preservativo. Aquí tengo uno, dice ella contenta.

Yo me enfado y les digo que tenemos que irnos. Nos vamos, llévame a casa. En el camino ambos se van masturbando. Yo me refugio en el asiento trasero, no quiero observar nada. Las manos de Mindy Sofía son expertas y hacen terminar a Javier muy rápido. Pero el se aferra al pene tratando de aprender las formas y los secretos de esa noche. Eso me descompone.

Al llegar a mi casa, veo que Javier tiene las manos llenas de semen. Doy un portazo y me bajo. Que egoístas sos, me dice Javier. ¿Egoísta? hueco de mierda, le contesto.  Y ahora que, vas a dejar que te la meta en el culo, le increpo. Mindy Sodía se regodea de su éxito. A ti también de la puedo meter, nena.

Qué triste, pienso. Lo perdí.

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