Mis y sus fantasías.

La primera experiencia que tuve con un disfraz sexual fue desastrosa. En lugar de provocar excitación, al tipo le dio risa.

Con el tiempo fui enfermera, colegiala, policía, ejecutiva, secretaria, stripper, ama de casa y bombera.

Con un novio que tuve, lo hicimos en el estacionamiento de Tikal futura, en la playa de Monterrico, en la piscina del Camino Real, en la cocina de mi madre, en un elevador y en la oficina de mi jefe. Era adicto a los sitios “peligrosos”.

Un tipo quizo asotarme. Dijo que era su fantasía y quería provar si en realidad le gustaba la dominación.

Ahí me di cuenta que vivía las fantasías sexuales de mis parejas. Aún cuando en algunos casos resultaron divertidas y aprendí lo que más me gustaba en la cama, lo cierto de todo es que nadie de todos estos hombres con quienes lo hice, me pregunto cuál era mi fantasía. Y nunca me complacieron en ese sentido.

Hasta que por fin llego un hombre a mi vida y lo lleno todo.

Ahora tenemos un juego completo de aceites, incienso de todos los sabores y olores y latex llamativos.

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