Mis noches nevadas en Vilna

La tarde gris anunciaba el viento de noviembre. La depresión me consumía internamente. Mis hormonas estaban alborotadas y no fallaban. Un amigo me recomendó salir, consíguete un novio, me dijo, como si eso me sacará del marasmo en que andaba.

Después de una relación fallida, llevaba dos años sin ganas de conocer a alguien. Me dedicaba al trabajo, a vivir pausadamente y a sentir compasión por los demás, sin poner atención a mis emociones. Los días grises, se amotinaban con los períodos menstruales, haciendo una conjugación perfecta que me hacia sentir mal.

Esa tarde deseaba salir corriendo del trabajo, pero el tráfico en la ciudad estaba desquiciado, como de costumbre. Así que no llegaría lejos y la locura sería peor.

En eso mi jefe me llamó. Pensé en irme, decirle que no, que mi horario había terminado, pero de mala gana me levante del escritorio y camine por el pasillo hasta llegar a su puerta.

Hablaba por teléfono, cosas que no entendía y tampoco me interesaban. Siéntate, me dijo y colgó de inmediato. Gracias, estoy bien así, respondí majaderamente. El se sirvió una bebida y me ofreció café que también rechace.

Entonces fue al grano, quiero que te marches a la conferencia mundial de redes de comunicación, dijo escuetamente. Cuando mencionó la palabra marchar, de inmediato mis alarmas se encendieron, pero cuando completo la oración, no sabía a qué se refería. Oh¡ exclame, es en serio?, pregunte.

Ya más calmadamente, dijo, hay una conferencia mundial del sector en Lituania, y quiero que vayas. Ya hice los arreglos para eso. Luego pasas a Estocolmo, para una semana de capacitación en la sede central de la compañía, agrego. Mañana puedes hacer los arreglos con la agencia de viajes y te deseo lo mejor.

Me quede inmóvil, hasta que me dijo que me fuera, que tenía mucho trabajo. No dije nada y salí de esa oficina corriendo. Me refugié en casa y le conté a mi mejor amiga, que iba de viaje, que no sabía el porqué, pero trataría de disfrutar el asunto. Algunas me alentaron.

El itinerario que la agencia de viaje me envió era así Guatemala – Madrid; Madrid Lituania. El regreso Estocolmo, Paris, México, Guatemala. Solicité adelantar tres días la fecha de la salida y otros tres el regreso, para aprovechar unos días de vacaciones y conocer ese país.

Salí de Guatemala el jueves por la noche. Hicimos escala en El Salvador y llegamos alrededor del medio día del viernes a Madrid. En Madrid la suerte comenzó a cambiar. En el norte de Europa había una tormenta de nieve inusual para las fechas, pero con el cambio climático ya nada es inusual.

El vuelo se canceló y la empresa nos ubicó en un hotel cercano al aeropuerto. Ahí conocí a una pareja de lituanos que regresaban a casa provenientes de Argentina.

El nombre del chico era Ugné, que según supe después significa fuego. Ella se llamaba Danuta, un regalo de Dios. Ugné es un hombre blanco, extremadamente blanco, con tonos rosados por el sol y pelo negro, delgado, alto para nuestro medio y no es rubio, pero con unos ojos azules intensos y una barba recién salida con un tono castaño que contrasta con todo y le otorga una lindura diferente que me maravillo desde el principio. En serio, me cautivo desde que lo vi.

Ella era mas guapa aún. Su pelo castaño natural, constataba con la blancura de su rostro y sus ojos verdes profundos. Sus labios delgados y su maravillosa dentadura, hacían un entorno de fabula su sonrisa, muy genuina y sensible. Además, era super agradable, nada que ver con la gente de por allá, fría, tosca, seria.

Con ambos se puede tener una conversación larga y tendida, es decir, no son personas extrovertidas, pero tampoco son cerradas, atienden cosas inteligentes y son apasionados en lo que les gusta. Estaban viviendo juntos desde hace tres años, ella es una empleada bancaria y él un diseñador gráfico que toman vacaciones juntos y viajan a lugares exóticos.

El chico tenía una voz tan distinta, suave y al mismo tiempo dulce, ella en cambio era directa y con personalidad, me pareció la dominadora en la relación y él más que complaciente, alcahuete. La amistad surgió de inmediato y esa noche en Madrid, platicamos de mil cosas hasta la madrugada, esperando que nos confirmaran el vuelo a Vilna, la capital de ese país.

Al otro día nos confirmaron el vuelo por la tarde, así que nuestra conversación continuó, ahora en las calles de Madrid, aprovechando las horas antes del vuelo.

 

En el trayecto continuamos juntos. Los tres en una misma fila, hablando de muchas cosas, de los lugares que podía visitar en Vilna, antes del congreso, yo contándoles sobre mi país.

Es un país Báltico, me dice Ugné, que tiene una rica herencia de varias culturas, y situaciones políticas vividas a lo largo del último siglo, refiriéndose a su paso por la URSS. Según me cuentan hay hasta 115 comunidades de minorías étnicas identificadas en el censo de Lituania. Desde polacos, rusos, bielorrusos, hasta tártaros.

El Aeropuerto Vilna está situado en las afueras de la ciudad, conectado a través de transporte público con el centro histórico en 15 minutos. Ese día el frio era constante y la amenaza de nieve era rutina, según ellos.

Cuando llegamos me invitaron a su casa. Vamos, dijo ella, vamos a dejar tus cosas al hotel y luego a casa a tomar algo y te enseñamos la ciudad. Dije que no, que prefería registrarme en el hotel, que quería descansar, pero solo deseaba dormir. Ellos me llevaron, me dejaron en recepción y prometieron llegar al otro día.

El frio es intenso en esta parte del mundo, así que la noche fue poca para las ganas de dormir. Antes de las 9, el teléfono sonó. Eran mis nuevos amigos, me esperaban en el lobby del hotel. A pesar del frío salimos a caminar, a conocer, a conocernos.

La calle Pilies es una de las principales arterias del casco antiguo. Conecta la Plaza de la Catedral y la Plaza del Ayuntamiento. Llena de tiendas, bares y lugares para comer algo.

Vilna es una ciudad pequeña, con un casco antiguo declarado Patrimonio de la Humanidad. Es una zona preciosa, llena de edificios bien conservados, con iglesias estilo barroco, callejuelas estrechas, pequeñas cafeterías y bares muy animados para resguardarse del frio.

Nos metimos a unos de los bares de la calle y ahí nos encontramos con todo tipo de personas. La chica me cuenta que fueron parte de la URSS y en aquel tiempo todo el mundo hablaba ruso, pero ahora ya no. Pero andar con lituanos te salva de algunas discriminaciones. En todos los bares opera el control estricto de personas, pues hay lugares en donde expresamente esta prohibido el ingreso de extranjeros.

Ugné nos avisa que va al baño y nos quedamos con Danuta platicando en ese lugar y ahí sucede una cosa que cambio todo. Ella me pregunta directamente si me gusta su esposo.

Su pregunta me desconcierta, no se qué responder, tampoco se a qué viene el asunto. No digo nada, doy un trago a la cerveza, volteo a ver a todos lados, esperando que regrese Ugné y me siento incomoda, mi color cambio, así como mi estado de ánimo. Qué, le digo, vagamente respondo que no, pero la respuesta no le satisface.

Me di cuenta, me dice, que observas a Ugné con bastante obsesión, con ojos de gusto, y quiero saber si te gusta, recalca.

En serio, le digo, como crees, en qué piensas, no para nada, le digo, pero sin convencer a nadie.

Claro que me gusta, me gustó desde el primer momento que lo vi, pero no se lo puedo decir, no creo que sea conveniente, ni oportuno. Pero ella se ha dado cuenta y me siento mal, me entra un sentimiento de culpa y remordimiento fatal.

Ella me toma la mano con dulzura y me dice que no tenga pena, que no me está reclamando, al contrario, solo quiere saber. No pasa nada, me dice, tu tranquila, que se te nota, agrega. En serio, le vuelvo a decir que no, pero le agrego “no es lo que tu crees”. Ella sonríe. Me he delatado.

Al final, Ugné regresa y entonces la tensión es más que evidente. Ella le toma de la mano, le da un beso y nos dice. Sabes, le gustas mucho, y estaba pensando si vamos a casa y tienen una relación.

No es cierto, le digo con vehemencia, antes que ella diga algo más y Ugné reaccione.

En ese instante no estoy segura si ellos hablaron antes, si todo estaba calculado, pero lo cierto es que el hizo gestos de no saber de qué hablaba su mujer.

Lo cierto es que yo tampoco daba crédito a lo que pasaba y me puse mal, algo molesta, algo contrariada y confundida y para zanjar con todo le dije que me tenía que ir, quería regresar al hotel.

Pero no me dejaron, Ugné me dijo que no era para que me fuera, que no le hiciera caso a su mujer. Qué quizás las copas estaban haciendo la situación incómoda. Pero podríamos cambiar el tema.

Ahí estuvimos platicando de la vida, de las emociones y de las relaciones consensuadas. Pero sin darme cuente todo giraba alrededor de la propuesta inicial de Danuta. Al final, no pude decir que no. Si el me gusta. Si así es tu esposo me gusta, dije una y mil veces.

Pero no quiero acostarme con él, no voy a hacerlo, dije reiteradamente, quizás con poco convencimiento, quizás solo para justificar me aceptación, pero ya, todo estaba decidido, si se daba, estaba dispuesta, pensé en ese trayecto.

Entonces acepté, dije que sí, Ugné, tú me gustas, le dije mirándole a los ojos. Su mujer se sonrió, me dio un beso en la mejilla y me tranquilizó. Viste, no pasa nada. Vamos a casa y me tomo de la mano antes de pagar la cuenta, te gustará el vino que tenemos ahí, agrego Ugné.

En casa comimos queso, vino y algo de aceitunas. Un pan tieso propio del país con mantequilla riquísima. Las tensiones volvieron cuando ella me dio permiso para acostare con su marido. El dispuesto a todo, me tomo la mano y me beso, como preludio de mi complacencia. Todo sucedió, sin más palabras que los hechos.

El me comenzó a desvestir, ella, su esposa lo besaba y lo desnudaba al mismo tiempo. Lo vi, con mis propios ojos, vi su cuerpo desnudo a pocos centímetros del mío, y vi su belleza, su rostro de deseos y mis ganas por tenerlo.

Me beso suave y pausadamente. Sus manos frías, calentaban mis deseos. Sus dedos blancos tocaban mi cuerpo con sumo cuidado, despertando mi interés en sus habilidades. Sus labios estaban fríos, pero mi piel lo calentaba poco a poco.

Todo era perfecto, pero ahí estaba su esposa que gozaba viendo y viviendo aquella escena. Su esposo cogiendo con una extraña guatemalteca que habían conocido dos días antes.

Entonces qué más da, dije. Y comencé a buscar su pene. A tocarlo. Aún no estaba erecto. No tenía bellos, se tocaba fácil, era grande, pero sin ser enorme. Lo sentí bien, y entre mis manos se fue poniendo erecto. Lo jugué por largo tiempo, mientras el me besaba el cuerpo, chupaba mis pezones y metía sus dedos en mi vagina.

Su mujer nos veía. Tomaba fotos, se desnudaba al mismo tiempo y de vez en cuando llegaba para besarlo en la espalda, tocar su pene y verme de cerca con una sonrisa pícara de lo logramos.

Después de un largo reconocimiento mutuo de pie en aquella sala, nos dirigimos a la habitación. Una cama sencilla, angosta y bastante cómoda, ahí nos metidos los tres. El arriba, me subió las piernas a la altura de sus hombros deteniendo con sus manos las mismas, ella se recostó sobre un costado para ver y él con las piernas cruzadas, tomo entre sus manos su pene y me lo restregó en mi vagina varias veces, hasta que, con la humedad, se fue introduciendo poco a poco, hasta que lo dejo ir con fuerza para que de un plumazo lo tuviera dentro.

Una vez introducido su pene comenzó a moverse, primero lentamente, después con rapidez, su mujer nos miraba. A veces me besaba el cuello y el hombro, sus manos acariciaba mis pechos y yo me dedicaba a ver aquel hombre guapo como se abalanzaba sobre mi cuerpo, penetrando sus ganas en mi asombro.

Con el paso del tiempo, su ritmo se fue haciendo más cadencioso, con arranques de fortaleza, sus manos seguían deteniendo mis piernas al aire y su figura sobresalía entre los tres, pues nos miraba a las dos mujeres desnudas al filo de la cama, mientras el me penetraba con fuerza y determinación.

En un suspiro, sus movimientos rápidos produjeron un gemido seco y entonces sentí su pene estremecerse dentro de mi cuerpo para salir con el semen entre el preservativo con una cabeza grande y delirante. Fue una de esas escenas de película, pero ahora siendo yo la protagonista principal.

El se levanto de inmediato, se quito el preservativo, se limpio con una toallita húmeda y de inmediato busco tabaco y se sentó al lado de una ventana para fumar. Su rostro inmaculado y su cuerpo desnudo, contorsionado al lado de la ventana, con el humo del cigarrillo contrastando con la nieve de la calle, generaron una postal que guarde durante mucho tiempo en mi mente.

Durante todo el proceso no pude concentrarme, no había logrado tener orgasmo alguno, miraba por la ventana la nieve caer, observaba cada parte de aquel cuarto, desconocido hasta hace unos instantes y repasaba cada paso que me había llegado ahí.

Danuta se dio cuenta que no me había provocado mucha pasión y quiso solucionar el asunto, cuando Ugné se levantó, ella me comenzó a besar. Me paso la pierna entre las mías y sus manos de inmediato llegaron a mi vagina y sus dedos se introdujeron en ella. Me tocaba fuerte y me besaba con obsesión, pero yo no estaba en nada, así que le dije que parará. Que no quería seguir, pero ella insistía, hasta que la avente y me levante.

Pero no me fui, me quedé ahí, desnuda, caminando por el cuarto en su piso de madera y sus ventanas abiertas al frio de la noche. Estaba buscando tabaco, sin darme cuenta que no fumaba. Encontrando la razón de estar ahí. Resistiendo, no me quería ir, quería permanecer desnuda, seguir cogiendo con Ugné, sentir tu cuerpo sobre el mío, lo deseaba más que nada en ese momento.

Danuta era intuitiva, se dio cuenta que en lugar de marcharme quería estar ahí. Ugné era débil, manipulado por su esposa, se sintió desplazado por los acontecimientos y su falta de destreza para hacerme gemir de placer. Pero aún así, me gustaba.

Entonces me recosté en la cama, al lado de Danuta y por primera vez pude comprobar que ella también era linda y deseable, pero que había sido la culpable que no lograra disfrutar el sexo con su esposo.

Sabes lo que pasa cuando te creas ciertas expectativas y la realidad resulta todo lo contrario, le pregunte a Danuta. Eso me paso, por eso no logré el orgasmo, les dije. Pensé que tendría relaciones con tu esposo, no contigo, reclame. Tu me dijiste que dabas tu autorización para eso, pero nunca hablaste de un trio, dije bastante molesta.

Los dos se vieron, Ugné pidió disculpas. Ella también, a su modo. Yo seguía molesta, reclamando. Entonces Danuta me dio sus razones y los tres nos relajamos. Fue un instante mágico en donde pasamos de tener tensión a entendernos. Una copa de vino y un beso de comprensión de Danuta nos relajaron.

Ok, dije, hagamos el trio. Qué más da, pensé.

Danuta se sonrió nuevamente y me dio un beso, algo que jamás antes había hecho y me gusto. Sus labios me generaron una sensación de alivio, me abrieron de nuevo el apetito, ya no centrado en Ugné, sino más bien en el placer, que esa pareja de esposos me podía provocar. Ahora ya no era él quien me tocaba, sino era su esposa que disfrutaba con mi cuerpo y me hacia disfrutar a mi también.

A los pocos minutos Ugné se incorporó y entonces mi cuerpo se convirtió en escenario de un festín, del cual nunca antes había vivido y ahora estaba disfrutando como nadie.

Y fue maravilloso. Ahora sí, logre tener más orgasmos en una sola sesión que antes en todo el noviazgo último. Danuta y Ugné me hicieron sentir maravillosamente bien. Y su pene, con esa enorme cabeza me hizo la noche, me penetro por atrás, mientras ella disfrutaba mi vagina como una descosida. Esa noche, el calor que generamos derritió todo el hielo posible. Y comencé a tener orgasmos múltiples con la sola penetración de aquel pene rojizo y largo. Fue algo maravilloso.

Ah, al congreso, fui a todas las sesiones, pero durante ese tiempo, solo regresé al hotel para cambiarme de ropa. Las noches las pase con mis nuevos amigos. Disfrutando del midus, una bebida local a base de miel.

Una semana de relaciones extremas no fue suficiente. Ahora los espero en mi casa, al lado de mi gente, con las mismas ganas de esa primera noche.

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