Mi padre, mia amiga y mi amante

Salí de casa a eso de las dos de la tarde. El sol estaba fuerte y el calor era insoportable. Mi padre aún de vacaciones, miraba la tele en sala con una expresión ausente. Al verme, me preguntó con desgano a dónde iba. Pude responder con la verdad, “voy a casa de mi amante a coger toda la tarde” que lo mismo daría, pero en cambio dije que iba a casa de una amiga.

Llegue temprano, pero Esteban me había dado llave del apartamento, así que entre de inmediato. És dueño de una empresa grande, y para las fiestas de navidad tenía que atender el negocio directamente. Así que lo esperaría.

Es casado y lo conocí por su hija mayor, quien es mi amiga, pero no sabe que su papá mantiene relaciones conmigo. Ese apartamento es de su hermano, que tiene una beca en Estados Unidos y él se lo cuida. Se mantiene vacío todo el tiempo.

Es un sitio elegante, con todas las comunidades que uno se puede imaginar para gente con dinero. Me sentía a gusto en ese sitio, más que cuando se va a los moteles.

Algunas de mis amigas que sabían de ese romance, pensaba que lo hacía por el dinero, que me portaba mal con nuestra amiga, pero lo hacía, porque quería, por ganas de coger. Simplemente porque me sedujo de tal manera que acepte y me gusto.

Al entrar había tres cajas sobre la mesa con una nota que decía, revisa las cajas y escoge lo que más te guste. En todas había ropa interior sexy. Reconozco que al tipo no le faltaba imaginación y era por lo que me había atraído desde el primer momento.

En la primera caja había ropa blanca, de niña, muy bonita, con encajes y bastante sexy. Sencilla, común, pero a tono con la ocasión. Al final había otra nota, donde decía “para la niña, que quiere que su papi la mime”. Eso de jugar roles que remarcan las diferencias de edad me produjo una extraña sensación de rechazo, no había por qué imaginar tal cosa, si esa diferencia era real. Así que la deje, así como estaba.

En la segunda caja toda la ropa era roja y negro. Una tanga transparente y un hilo negro detrás, resaltaba de los corpiños y las medias rojas, zapatos negros con tacón estilizado y un sostén con una abertura para los senos.  También había una nota que decía para “la caperucita roja, que desea que el lobo se la coma”.

Me había gustado el mensaje, que mostraba en realidad el juego que llevábamos. Así que estaba decidido, usaría esa caja para esperarlo. Sin embargo, también tenía curiosidad por revisar la última caja. Así que comencé abriéndola.

Era un mameluco brillante, de cuero negro. Había látigos, esposas y un vibrador grande negro, con un tubo de lubricante. Además, una serie de juguetes eróticos que no podía descifrar muy bien cómo se utilizaban, ni para qué servían. Eso me abrió el morbo y decidí que era una forma muy peculiar para aprender. Así que deseche las cosas de la caja dos y me decidía por esta. La nota me resulto más que obvia, me llamaba la dominadora, lo cual era justo el rol que hubiera aceptado, pues al ver la película “las sombras de grey” no me había gustado eso de ser dominada.

Sin embargo, pensé en darle más emoción al asunto y decidí utilizar prendas escogidas de las tres cajas. De la primera me quede con el boddy blanco, que denotaba pureza e ingenuidad. De la segunda caja seleccioné los zapatos, que desde que los vi, me encantaron y decidí que también me los quedaría. Y de la última todo lo demás.

Vistiéndome estaba cuando recibí un mensaje en mi teléfono. Cuando estés lista dime, solo así llegaré. De inmediato le conteste. Y en menos de 15 minutos estaba ahí.

Cuando entró me miro con ojos maravillados y comenzamos a jugar su juego. No había necesidad de guiarme, asumí mi rol y comprobé que le gustaba.

Con bastante confianza en lo que hacía, parecía una experta dominatriz. Su cuerpo quedo desnudo de inmediato y su pene con una erección que jamás había sentido, así de dura y sostenida.

Después de un ritual sadomasoquista, bastante light, pues no era mi intensión lastimar a nadie, sentí que era hora de gozarme ese miembro que latía con cada caricia y golpe que le daba, así que me monté sobre él, con zapatos y todo.

Mi cuerpo encajo sobre aquel hombre tirado en la cama y mis nalgas aprisionaron con fuerza su miembro. Poco a poco se fue introduciendo en mi vagina hasta que llego al fondo. Entonces de forma lenta me fui moviendo, hasta encontrar el punto exacto del placer compartido, al mismo tiempo que le ordenaba que me tocara con fuerza mis pechos y me empujará las nalgas para que estas se distendieran y pudiera entrar ese vibrador negro con lubricante que me había regalado.

Sus ojos se cerraron y me di cuenta que no podría continuar. Debes esperarme, le dije. Yo por mi parte estaba disfrutando una doble penetración y lo que eso implica. Me tomo un tiempo acostumbrarme, disfrutar y sentir toda la gama de sensaciones que el cuerpo procesaba ante semejante situación. Y vista su expresión, ya no tenía más tiempo para alcanzar el orgasmo.

Entonces mi vagina se comprimió, no sé ni porque, ni tampoco fue algo que se me ocurrió de improviso, simplemente paso. Mis movimientos fueron más lentos, hasta quedar completamente inerte sobre su cuerpo y esperar que él tomará aliento y me esperara.

En ese instante también mi cuerpo se relajó y dejo expuestas todas mis vulnerabilidades y a cualquier roce, la sensación de placer se fue incrementando. Sus manos abriendo mis glúteos con fuerza y con la menor inclinación el falo ingresando en mi ano de forma fácil, me daba un doble placer, hasta que su pene comenzó a moverse dentro de mí de forma suave y rápida al mismo tiempo y mi respiración comenzó hacerse más complicada.

Como cosa que nunca nos había pasado, ambos logramos el orgasmo al mismo tiempo. Y por la intensidad yo derramé sobre esa cama todo el líquido que pude, gritando el placer contenido durante todo ese tiempo. Fue algo sensacional.

Él se quedó dormido de inmediato. Me despoje de todas las prendas, desnuda me acurruque sobre su cuerpo y me quede con escalofríos por un largo tiempo. Le di un beso tierno en señal de agradecimiento, pero aun así no respondía.

Ya era tarde, me di una ducha y salí de aquel apartamento con una de las cajas conteniendo la tanga negra, los zapatos y el vibrador. Le deje un mensaje diciendo que me había parecido maravilloso todo lo que habíamos vivido, y como recuerdo me llevaba esas cosas.

Después de esa tarde, nada volvió a ser igual. Cuando utilice los zapatos, su hija, mi amiga me comento que tenía unos iguales, que su papa le había regalado. Y eso me hizo sentir mal.

 

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