Mi hermana es la culpable

A Jhonny lo conocí gracias a mi hermana. Eran compañeros en la Universidad. El es de Belice, tiene una beca de intercambio y estudia arquitectura.

Cuando llego a casa, y me extendió la mano para saludarme, sentí una extraña y agradable sensación al verme atrapada por una mano negra, de inmediato salte con entusiasmo para darle un beso en la mejilla.

En la noche le pregunte a mi hermana por él, y le dije que me había gustado mucho. Ella solo se sonrió y dijo que él no andaba con nadie. Pero antes me pregunto por qué. Solo porque es negro, dijo antes que yo respondiera.

No he tenido un negro entre mis piernas, le dije, para justificarme. Y ambas reímos.

Días después le dije a mi hermana que lo llevara a la fiesta en casa de Luis, un amigo de la cuadra. Ahí cada quién estaba con su grupo de amigos, y jugábamos con las miradas, nos rozábamos los tiempos y así transcurrió la noche.

Le conté a mi hermana y ella me confesó que le había dicho que yo quería con él. Por eso te mira tanto, dijo ella.

Pasaron los días y volvimos a coincidir en otra fiesta, las navidades estaban siendo generosas conmigo, pensé. Ahí escuchando a Pearl Jam, le dije que me gustaba. El tomaba una cuba libre y se sorprendió de mi soltura.

Después de un tiempo nos estábamos quedando solo en la sala, y nuestras pieles ya se habían reconocido. Me volvía loca el color de su piel y justo cuando me iba a besar llego mi hermana para decirme que nos teníamos que ir.

Caminamos a casa, el nos acompaño. Ya tomados de la mano, le dije a mi hermana que subiría luego, me quedaría en la sala un rato.

Ya en confianza me quité los tacones, mis pies estaban sumamente cansados y le pregunte si no le importaba que lo hiciera. Al contrario dijo, y me dio un masaje que me abrió el apetito sexual.

Cuando sus manos negras estaban sobre mis pies pálidos, sentí que estaba disfrutando una fantasía sexual, de esas con las que sueñas cientos de noches. Pero estaba en la sala de mi casa, con mis pies en sus manos. Lo mire…me acerque lentamente y lo bese…

Mis labios explotaron al entrar en contacto con los suyos. Su lengua exploró todos mis rincones, y mientras eso pasaba me acerqué y lo abracé. Mi pecho y el suyo se fundieron y yo presioné sobre él mis razones, mis ganas, mis fuerzas.

El me acaricio el cabello de forma tierna. Y retomamos el beso apasionado de antes.

Mis manos acariciaban todo su cuerpo, mis palpitaciones se aceleraban, besaba tan rico que estaba húmeda de placer. Entonces sus manos comenzaron a tocar mis pechos. Me aparte y mire sus ojos brillantes y oscuros.

Baje la mirada y vi que su virilidad estaba firme. Sonreí pícaramente y entonces le dije que tenía que marcharse, que mis padres llegarían pronto. El no lo podía creer, pero se fue.

Por la mañana mi hermana llego al cuarto para preguntarme qué había pasado. Nada, le dije, no paso nada. Pero no me creyó.

Después de unos días me llamo. Me invitaba a cenar. Acepte. Luego me llevo a su casa, un apartamento que rentaba en la zona 2 y compartía con otra chica y un chavo. Estando en la sala, me levante y me senté sobre él. Sus manos mulatas me despojaron de mi blusa y mi sostén de forma brusca, de prisa para que no me fuera arrepentir.

Me gustó ver como acariciaba mis pechos blancos. Como mis pezones se ponían erectos, y mi piel combinaba perfectamente con los tonos de sus labios rojos y su piel negra fusionando mis pechos. Estaba excitada.

Queríamos estar más cómodos así que fuimos al cuarto, y os desnudamos sin prisa, observando cada quién el cuerpo ajeno y estaba contemplando el color de piel. Fueron unos instantes mágicos que solo provoco una mayor excitación.

El arrullaba mis pecas, yo palpaba su negrura, el me besaba el cuello y mis carnes se veían más blancas a su lado y el reflejo de la luz  hacia el ambiente perfecto. Era pasión al claroscuro.

Hasta que llegue a su miembro y entonces la sorprendida fui yo. No era enorme, como decían de los negros, pero si era grueso y estaba circuncidado, lo que al verlo era similar a un hongo gigante, con una cabeza enorme y un tronco grueso y enano.

Lo toque con mis dos manos y no lo podía creer, además de ser el primer pene negro que tenía entre mis manos, era el primero de esa forma. Un porte peculiar, distinto a lo que había visto antes. Eso me cohibió un poco, pero la curiosidad seguía intacta.

El no podía esperar más y otra vez, en forma brusca me dio vuelta y me tumbo sobre la cama. Mis manos quedaron aprisionadas por mi cuerpo y mi cara cayó sobre la almohada. Entonces su cuerpo atlético y fuerte se poso sobre mi débil cuerpo pálido y de una embestida me penetro.

Su pene negro, grueso y ancho desgarro toda mi vagina y me dolió hasta el alma. Esa primera vez no fue placentero del todo. Perdí mi verdadera virginidad con aquel tipo y lo pude disfrutar, hasta que encontramos las posturas y las formas que todo encajara a la perfección.

Mi hermana siempre quiere saber todos los detalles. Más ahora que será tía.

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